MICHEL SERRES, filósofo: «Lo virtual es la misma carne del hombre»


Diario Le Monde, París, lunes 18 de junio de 2001.
Las nuevas tecnologías son demasiado antiguas en sus objetivos y demasiado novedosas en sus realizaciones. Tal como ocurrió con la escritura y la imprenta, ellas afectarán la mayor parte de las prácticas sociales.
«Numerosos filósofos denuncian los peligros del desarrollo de lo virtual a través de Internet y de las técnicas numéricas. Estigmatizan la pérdida de contacto con lo real y la alteración de las relaciones sociales. ¿Cuál es su reacción ante tales crítica? ».
Tomemos el caso de Madame Bovary quien se aburre en Normandía mientras su marido está ocupado visitando pacientes en el campo. La mayor parte del tiempo ella hace el amor más en la imaginación que en la realidad. Es completamente virtual. Madame Bovary es la novela de lo virtual. Yo también estoy en lo virtual cuando leo Madame Bovary o cualquier otro libro. Entonces, si bien la palabra “virtual” fue creada por las nuevas tecnologías, nació con Aristóteles. La modernidad del término es sólo aparente.
“Todas las palabras latinas en “or” han dado lugar a palabras francesas en “eur”: horreur (horror), honneur (honor)... ¡ Con excepción de una ! ¿Cuál? La palabra amor. De Amor viene amour. ¿Por qué? Parece que fue inventada por los trovadores de lengua occitana cuando partían a las cruzadas. Se trataba entonces de cantar a las princesas lejanas. Es como si el amor hubiera sido inventado por y para lo virtual. Bussy-Rabutin dijo: “La ausencia es al amor lo que el viento es al fuego, ella apaga el pequeño y enciende el grande”. Desde que somos hombres somos animales de lo virtual. Mientras estoy hablando, una parte de mis pensamientos se refiere a lo que debo hacer enseguida, otra parte a mis cursos de Stanford, otra se recuerda de mi último viaje a Suráfrica... Todas nuestras tecnologías son frecuentemente de lo virtual.
¿Qué características distinguen lo virtual “nuevo” de ese virtual tradicional?
¡Casi ninguna! Se dirá que los jóvenes están a toda hora en lo virtual y que van a languidecer... No obstante, todos en nuestra generación nos enamoramos alguna vez de estrellas de cine que tan solo abrazábamos en imágenes. Lo virtual es la misma carne del hombre. Una vaca no está en lo virtual. Está comiendo en su cuadrado de hierba...
Por el contrario, desde el siglo VI antes de Cristo, cada vez que un geómetra dibujaba un círculo o un triángulo en el suelo, agregaba lo siguiente. “¡Cuidado, esta figura no está allí, no se trata de eso, esa no es la real o verdadera !
¿Dónde está entonces la real?
No se sabe. Incluso se inventó en la época un firmamento de ideas enteramente virtual. El mundo de las matemáticas es real, pero es real con un estatuto preciso; un estatuto de ausencia.
-Así que todo esto no le parece nada nuevo…
Por supuesto. Se pueden distinguir aquellos argumentos “en contra” extremadamente clásicos (de los cuales no nos damos cuenta hasta qué punto son viejos y repetitivos), de unos argumentos rarísimos que efectivamente son muy modernos.
Entre las críticas más recalcitrantes, encontramos por ejemplo la cantidad enorme de información que no podremos digerir. A este respecto, siempre me gusta citar la siguiente frase de Leibniz:

“Esta horrible cantidad de libros impresos que todos los días llega a mi mesa, seguramente me conducirá a la barbarie mas no a la cultura”. Leibniz decía esto en el siglo XVII refiriéndose a la imprenta y a las bibliotecas. Nadie ha leído toda la Biblioteca Nacional de París ni la del Congreso de Washington. Pero sí las ha leído el sujeto colectivo que llamamos “nosotros”; la humanidad. No existe un solo libro que no haya sido leído por alguien.
Convendría que quienes manipulan tales argumentos super-clásicos conocieran al menos un poco de historia, un poco de historia de las ciencias y las técnicas y un poco de filosofía. Ello los tranquilizaría inmediatamente. Dicho de otra manera, las nuevas tecnologías tienen dos características. Son demasiado antiguas en sus objetivos y alcances, y extraordinariamente nuevas en sus realizaciones.

Muchos políticos e intelectuales denuncian los riesgos de la brecha digital. ¿Cuál es su opinión al respecto?
Tomemos por caso la educación. Jamás se puede comparar la brecha que las nuevas tecnologías podrían crear con la que ya existe sin ellas. A pesar de que esta última precipita a los más pobres a la ignorancia absoluta, y educa con altísimos costos las élites de Stanford o Harvard. Comparada con esta segregación, la que pudiera generarse con lo digital vendría a ser una forma de justicia.
En efecto, la inversión que demandan las nuevas tecnologías no es nada si se la compara con la inversión que hicieron los pobres en la época en que adquirieron masivamente televisores. No veo pues de qué manera la llamada brecha digital podría agravar la inequidad que existe actualmente.
En cuanto al vínculo social, a menudo se habla del impacto global de las nuevas tecnologías para referirse a la posibilidad de comunicación que ofrecen entre personas situadas en cualquier lugar del planeta. Pero siempre se olvida que, por ejemplo, el teléfono celular ha multiplicado por diez la proximidad de los contactos. La mayoría de las madres de familia tienen un celular para saber donde están sus hijas cuando salen de la escuela... Ello multiplica la proximidad de los contactos. ¿Cuál es el costo de todo esto? Nada extraordinario; mientras que los costos de las antiguas tecnologías son extraordinarios.
En materia de brecha cultural se impone la misma comparación. La segregación existe incluso en los sistemas más antiguos. La televisión aportó más a los menos cultos que a los más cultos. Incluso quienes la critican son las personas mayormente cultas. Así mismo, el teléfono de tercera generación pondrá la cultura y los espectáculos al alcance de todos. Siempre es una cuestión de costos. Y el costo que demandan las nuevas tecnologías es insignificante en comparación con el costo de las antiguas.
¿Qué es lo que las nuevas tecnologías van a cambiar?
En gran parte, a toda la sociedad. Como ha ocurrido con toda nueva tecnología. Es un lugar común entre los historiadores decir que la aparición de la escritura afectó a la ciudad, al Estado, al derecho y probablemente al comercio. Gran parte de las prácticas sociales que heredamos surgieron de la escritura. Para no hablar del monoteísmo, la religión de lo escrito. Es más, cuando llegan el Renacimiento y la invención de la imprenta, se ven afectadas casi las mismas zonas de la sociedad: nuevas formas de democracia, nuevos derechos, nueva pedagogía. Son las prácticas sociales de este tipo las que me parece van a transformarse. Es más, ya están siendo transformadas.
¿Cuáles son los sectores más impactados en la actualidad?
En primer lugar, toda la ciencia. Desde la introducción del computador pasando por las técnicas experimentales o el acopio de datos, no hay una ciencia que no haya sido afectada de manera profunda... No son los saberes los que son transformados; es el sujeto de los saberes. Antes hablamos de sujeto colectivo. Por ejemplo, los laboratorios trabajan por correo electrónico y en tiempo real. Ya no tienen que esperar a que se realicen los coloquios, los encuentros, los viajes.
¿Qué papel desempeñan estas facilidades de intercambios en la creación de ese nuevo humanismo al cual usted se refiere frecuentemente?
Este es un proyecto que aprecio mucho y que he presentado sin éxito a los ministros. A diferencia de lo que piensan los pesimistas, mi proyecto afirma que el conjunto de las ciencias ha dado lugar a lo que yo llamo un gran discurso. Cada ciencia desemboca en este enorme discurso que se desarrolla de cierta manera como un río. Obviamente, el río existía antes; pero de manera fragmentada, menos unitaria, y sin que los saberes tuvieran esa especie de conciencia de pertenecer a este discurso, de constituir una base suya, de rectificarlo continuamente, de desarmarlo y re-construirlo. Este inmenso discurso que es globalmente cierto hoy por hoy, ya pertenece a la totalidad de la humanidad. Existe, disponemos de los instrumentos necesarios para transmitirlo y constituye actualmente el fundamento de nuestra cultura.
¿Qué otras ventajas le ve al tan criticado tiempo real?
La flexibilidad que aporta el tiempo real es tal que, como a mucho de mis amigos, me siento realmente escandalizado por los antiguos procesos, los cuales me parecen dinosaurios. Como ocurre cuando hay que desplazarse hasta un cajero. ¡Todavía hoy estamos allá!
Quienes critican deben darse cuenta sinceramente hasta qué punto son dinosaurios. Los jóvenes de 16 o 17 años disponen de celulares o de correo electrónico, y si desean verse en la noche y no lo acordaron previamente pueden organizar una cita de último momento con unos mensajes. Antes eran necesarios varios días para organizar la misma cita, escribirse, encargar a alguien de coordinarla... Así pues, el tiempo real convierte en dinosaurio al tiempo de antes. Esto es lo que va a pasar de un momento a otro con el trabajo, con la administración, con la política y con la enseñanza.
¿Puede calcular los plazos en que se harán efectivas tales transformaciones?
En los años 1960 los filósofos se escandalizaron cuando dije que Hermes remplazaría a Prometeo. Es decir, que la sociedad de la comunicación remplazaría a la sociedad de la producción. He tenido que esperar mucho tiempo, entre quince y veinte años, para que eso ocurra. En la época en que elaboré mi informe sobre la enseñanza a distancia, no pensaba que tales técnicas se desarrollarían tan rápidamente.
“Siempre se puede decir que aquello va a ocurrir pero jamás cuándo va a producirse. Si se equipa a cada francés con un teléfono de tercera generación, lo cual no es costoso en relación al PIB, cada francés, incluidos los niños de 11 años, podrá opinar en cada momento sobre cualquier tema. Es imposible que eso no cambie las cosas.
¿Está listo el ser humano para ese cambio?
No sé. Pero sí sé que el ojo, formado en la época de Lucy, con el tiempo llegó a convertirse en órgano apto para conducir un avión de reacción. ¿Cómo fue posible que un órgano adaptado para desplazarse en el bosque, según el punto de vista darwiniano, pudiera llegar a servir, por ejemplo, para conducir un carro con la sucesión de imágenes que le pasan por delante? Tan sólo en cincuenta años pasamos de desplazarnos a caballo o a pie, a movernos en automóvil. Y eso que únicamente utilizamos el 20 o 25% de las funciones de nuestro cerebro. Así pues, ¡despertémos!

Por otra parte, se olvida una de las grandes leyes de la tecnología a la cual llamo yo la inversión de la ciencia. ¿Qué es la ciencia? La ciencia es lo que el padre enseña al hijo. ¿Qué es la tecnología? Es lo que el hijo enseña a su papá. No conozco hoy por hoy un adulto más o menos acomodado, reaccionario o apegado a las tradiciones, a quien un hijo no le haya enseñado a utilizar una videograbadora. Ello anula por consiguiente el problema de la asimilación. ¿Cómo un niño de once años puede enseñarle el funcionamiento de un aparato supuestamente difícil de manejar a un adulto que ha salido de la Universidad? Hay que sacar conclusiones de lo anterior. La tecnología no es tan difícil como parece.
En términos de la evolución darwiniana, este fenómeno se llama la neotenia. Fue inventado por un biólogo holandés de comienzos de siglo, que decía que la evolución iba en el sentido de un rejuvenecimiento del embrión. El hombre no se parece a un chimpancé más viejo, sino a un embrión de chimpancé más joven”.
Entrevista de Michel Alberganti
Un tecnófilo optimista
Su voz pronuncia las erres como un cuentero del Sur-occidente. Michel Serres tiene una enorme destreza en el manejo de la voz. Nacido en 1930 en Agen, Serres conserva intacto el carácter apasionado que, en numerosos temas, lo pone al margen de las trayectorias usualmente recorridas por los filósofos franceses. De ahí que lo viéramos a comienzos del año pasado participando en una emisión de TV sobre comportamientos sexuales, al lado de Brigitte Lahaie, quien fuera actriz de películas pornográficas.
Apasionado por la educación, Michel Serres es autor de un informe sobre la enseñanza a distancia propuesto al gobierno en 1994. Aun no se ha cerrado la herida que le dejó la fría acogida de ese trabajo, particularmente por parte de la prensa que lo consideró utópico. Sin embargo, la sucesión de acontecimientos con el advenimiento de Internet, vendría a darle toda la razón.
Autor de unas treinta obras, Michel Serres se distingue por una trayectoria atípica que lo ha llevado de la Escuela Naval a la Academia francesa, a donde entró en 1991. Desde 1982, pasa una parte del año enseñando en la Universidad americana de Stanford.
Sin adherir por ello a la cultura americana, Michel Serres mantiene una opinión resueltamente optimista sobre el desarrollo de las nuevas tecnologías. Historiador de las ciencias y visionario, se distingue de muchos de sus colegas más conservadores porque inscribe las actuales transformaciones de la sociedad en la continuidad de la evolución del hombre.

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