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De la ética de Spinoza


PROPOSICIÓN XXXIV

El alma no está sujeta a los afectos comprendidos dentro de las pasiones sino mientras dura el cuerpo.

Demostración: Una imaginación es una idea por medio de la cual el alma considera alguna cosa como presente (ver su Definición en el Escolio de la Proposición 17 de la Parte II), idea que revela más la actual constitución del cuerpo humano que la naturaleza de la cosa exterior (por el Corolario 2 de la Proposición 16 de la Parte II). Un afecto es, pues, una imaginación (por la Definición general de los afectos), en cuanto que revela la constitución actual del cuerpo; y, de esta suerte (por la Proposición 21 de esta Parte) el alma no está sujeta a los afectos comprendidos dentro de las pasiones sino mientras dura el cuerpo.

Corolario: De aquí se sigue que ningún amor es eterno, salvo el amor intelectual.

Escolio: Si nos fijamos en la común opinión de los hombres, veremos que tienen consciencia, ciertamente, de la eternidad de su alma, pero la confunden con la duración, y atribuyen eternidad a la imaginación o la memoria, por creer que éstas subsisten después de la muerte.

Ética de Bento, proposición LII



Si hemos visto un objeto junto con otros, o si imaginamos que no tiene nada que no sea común a otros muchos objetos, no lo consideraremos tanto tiempo como al que imaginamos que tiene algo singular. 

Demostración: Tan pronto como imaginamos un objeto que hemos visto junto con otros, nos acordamos también de esos otros (por la Proposición 18 de la Parte II; ver también su Escolio), y así, de la consideración de uno pasamos al punto a la consideración de otro. Y esta misma es la situación del objeto que imaginamos no tiene nada que no sea común a otros muchos, pues suponemos, al imaginarlo así, que no consideramos en él nada que no hayamos visto antes en los otros. Pero cuando suponemos que imaginamos en algún objeto algo singular que no hemos visto nunca antes, no decimos sino que el alma, mientras considera ese objeto, no tiene en sí ningún otro a cuya consideración pueda pasar en virtud de la consideración del primero, y así, es determinada a considerar éste solo. Luego, si hemos visto un objeto, etc. Q.E.D.

Escolio: Esta afección del alma, o sea, esta imaginación de una cosa singular, en cuanto se encuentra sola en el alma, se llama asombro, y si es provocado por un objeto que tememos, se llama consternación, pues el asombro ante un mal tiene al hombre suspenso de tal manera en su sola contemplación, que no es capaz de pensar en otras cosas con las que podría evitar ese mal. Si lo que nos asombra es la prudencia de un hombre, su industria o algo de este género, el asombro se llama entonces veneración, pues pensamos que, en virtud de eso que admiramos, ese hombre nos supera en mucho; por el contrario, se llama horror, si nos asombramos de la ira, la envidia, etc., de un hombre. Además, si admiramos la prudencia, industria, etc., de un hombre a quien amamos, por ello mismo nuestro amor será mayor (por la, Proposición 12 de esta Parte), y a este amor, unido al asombro o a la veneración, lo llamamos devoción. Y de esta misma manera podemos también concebir el odio, la esperanza, la seguridad y otros afectos unidos al asombro; y así podremos deducir muchos más afectos de los que suelen indicarse con los vocablos comúnmente admitidos. Lo que prueba que los nombres de los afectos han sido inventados más bien según su uso vulgar que según su cuidadoso conocimiento.
Al asombro se opone el desprecio, cuya causa es generalmente ésta: por el hecho de que vemos que alguien se asombra de una cosa, la ama, le tiene miedo, etc., o bien por el hecho de que una cosa parece a primera vista semejante a aquellas de que nos asombramos, que amamos o a que tenemos miedo (por la Proposición 15, con su Corolario, y la Proposición 27 de esta Parte), somos determinados a asombrarnos de esa cosa, a amarla, a tenerle miedo, etc. Pero si, en virtud de la presencia de la cosa misma, o a causa de una más cuidadosa consideración, nos vemos obligados a negar de ella todo lo que puede ser causa de asombro, amor, miedo, etc., entonces el alma queda determinada, por la mera presencia de la cosa, a pensar más bien en lo que no hay en el objeto que en lo que hay en él; siendo así que, muy al contrario, ante la presencia de un objeto suele normalmente pensarse, sobre todo, en lo que hay en él. Así como la devoción brota del asombro ante una cosa que amamos, la irrisión brota del desprecio por una cosa que odiamos o tememos, y el desdén surge del desprecio por la necedad, como la veneración del asombro ante la prudencia. Por último, podemos concebir, unidos al desprecio, el amor, la esperanza, la gloria y otros afectos, y, según eso, deducir a su vez otros afectos que tampoco solemos distinguir de los demás con vocablo alguno especial.

De los agenciamientos

A partir de Spinoza, del que tenemos necesidad, se desarrollará una especie de plano de composición, de consistencia, que se definirá por la unidad de los materiales, o de cierta manera (y es la misma cosa), por la posición de univocidad. Es un pensamiento que no pasa ni por las formas, ni por los órganos, no por los organismos, una especie de pensamiento informal, y decir que el plano de consistencia se define por una unidad de los materiales nos remite también a un sistema de variables, a saber: las variables consisten, una vez dicho que eran los mismos materiales en todos los agenciamientos, las variables consisten en las posiciones y las conexiones. La variación de las posiciones y conexiones de los materiales que constituyen los agenciamientos llamados maquínicos, agenciamientos maquínicos de los que el punto común era que todos realizaban el plano de consistencia según tal o cual grado de potencia. Entonces tenemos un primer lazo muy marcado entre el plano de composición o de consistencia y los agenciamientos maquínicos que realizan ese plano de maneras muy diversas, según la posición y las conexiones de los materiales en cada agenciamiento. Y en fin, según cada agenciamiento, se realizan las circulaciones y las transformaciones de afectos, siendo un agenciamiento maquínico un lugar de paso, un lugar de transformación de afectos intensivos, esos afectos intensivos corresponden a los grados de potencia de cada agenciamiento maquínico. 

Proposición XXII


Ética demostrada según el orden geométrico
Baruch Spinoza

Tercera parte: Del origen y naturaleza de los afectos.


Proposición XXII


Si imaginamos que alguien afecta de alegría a la cosa que amamos, seremos afectados de amor hacia él. Si, por contra, imaginamos que la afecta de tristeza, seremos afectados de odio contra él. 

Demostración: Quien afecta de alegría o tristeza a la cosa que amamos, nos afecta también de alegría o tristeza, si imaginamos la cosa amada afectada de esa alegría o tristeza (por la Proposición anterior). Ahora bien: se supone que esa alegría o tristeza se da en nosotros acompañada por la idea de una causa exterior; por consiguiente (por el Escolio de la Proposición 13 de esta Parte), si imaginamos que alguien afecta de alegría o tristeza a la cosa que amamos, seremos afectados de amor u odio hacia él.

Escolio: La Proposición 21 nos explica qué es la conmiseración; podemos definirla como una tristeza surgida del daño de otro. Pero no sé con qué nombre debe llamarse la alegría que surge del bien de otro. Llamaremos aprobación al amor dada aquel que ha hecho bien a otro, y, por contra, indignación, al odio hacia aquel que ha hecho mala otro. Debe notarse, en fin, que sentimos conmiseración no sólo hacia la cosa que hemos amado (como hemos mostrado en la Proposición 21), sino también hacia aquella sobre la que no hemos proyectado con anterioridad afecto alguno, con tal que la juzguemos semejante a nosotros (como mostraré más adelante). Y, de esta suerte, aprobamos también al que ha hecho bien a un semejante, y nos indignamos contra el que le ha inferido un daño.

Laetitia


El término latino que utiliza Spinoza para referirse a la alegría –"Laetitia"– significa, en general, placer, deleite o contento producto de un alma exultante, pletórica de vida. El alma se alegra cuando la vida en ella se desparrama incontenible, se divierte. Originariamente, al parecer, pertenecía al lenguaje rústico designando la prosperidad, la riqueza de los dones naturales. Laetitia pabuli significa en Justino la abundancia de pastos, y Catón opone Ager laetus a Ager siccus. En Columella encontramos asociado este término al vigor, fertilidad y exhuberancia de la naturaleza: Laetitia trunci, por ejemplo, es el vigor, la fuerza del tronco. Hay como vemos una estrecha relación semántica entre Laetitia y Conatus: la fuerza que impulsa a algo a desarrollarse, a crecer, a alcanzar la plenitud de su ser es su Laetitia.

Fuente: La Laetitia en Spinoza
Jesús Ezquerra Gómez 

El plano y los agenciamientos

A partir de Spinoza, del que tenemos necesidad, se desarrollará una especie de plano de composición, de consistencia, que se definirá por la unidad de los materiales, o de cierta manera (y es la misma cosa), por la posición de univocidad. Es un pensamiento que no pasa ni por las formas, ni por los órganos, no por los organismos, una especie de pensamiento informal, y decir que el plano de consistencia se define por una unidad de los materiales nos remite también a un sistema de variables, a saber: las variables consisten, una vez dicho que eran los mismos materiales en todos los agenciamientos, las variables consisten en las posiciones y las conexiones. La variación de las posiciones y conexiones de los materiales que constituyen los agenciamientos llamados maquínicos, agenciamientos maquínicos de los que el punto común era que todos realizaban el plano de consistencia según tal o cual grado de potencia. Entonces tenemos un primer lazo muy marcado entre el plano de composición o de consistencia y los agenciamientos maquínicos que realizan ese plano de maneras muy diversas, según la posición y las conexiones de los materiales en cada agenciamiento. Y en fin, según cada agenciamiento, se realizan las circulaciones y las transformaciones de afectos, siendo un agenciamiento maquínico un lugar de paso, un lugar de transformación de afectos intensivos, esos afectos intensivos corresponden a los grados de potencia de cada agenciamiento maquínico

De los afectos

Se definirá un animal o un hombre no por su forma, ni tampoco como un sujeto; se lo definirá por su capacidad de afectar y de ser afectado, es decir por los afectos de los que es capaz.

De las pasiones, de la imaginación.

Primer género de conocimiento: 
Es un nivel basado en nuestras percepciones. Conozco la cosa a través de mi cuerpo.
Lo que conozco lo se a través de mi cuerpo (Ej. La luna es chica como una pelota, porque la veo así). En este género solo tenemos ideas inadecuadas.
Nos damos cuenta que hay dos tipos de pasiones, hay pasiones que aumentan nuestra potencia de actuar (pasiones de alegría) y hay pasiones que disminuyen nuestra potencia de actuar (pasiones de tristeza).
Tanto una como la otra son pasiones, porque no poseo mi potencia de actuar, aún cuando ella aumenta, no la poseo. Esto es muy importante. Por eso esta-mos en el primer género de conocimiento.
• Pasiones tristes, son el efecto sobre mí del encuentro con cuerpos que no me convienen, que no se componen directamente con mi relación (corpus)
• Pasiones alegres, son el efecto sobre mí del encuentro con cuerpos que me convienen, que componen su relación con mi relación.
Las pasiones alegres están siempre en el primer género de conocimiento, pero solo de ellas puedo pasar al segundo género. Ya que son ellas las que me van a dar la ocasión de formar una noción común. Noción común a los dos cuerpos, el cuerpo que me afecta y mi cuerpo. Las pasiones tristes jamás pueden lograr esto, pues en esa relación no hay nada en común, ya que descompone mi cuerpo.


Pintura: 1920-Paul-klee. Small-rhythmic-landscape.

De las almas rotas

Las pasiones tristes acarrean pasividad y fomentan el gusto por la esclavitud.
El tirano se sirve de ellas para conservar su poder. Necesita ALMAS ROTAS, que se satisfagan obedeciéndole.

De los cuerpos

Imaginemos un mundo que estaría formado de partículas sobre un plano. Las partículas que atraviesan un plano. Esas partículas... por el momento, es como si yo contara una historia. Esas partículas se agrupan según movimientos, relaciones de movimiento y de reposo, o -lo que es lo mismo, relaciones de velocidades y lentitudes, están llamadas a pertenecer a un individuo -no digo un sujeto o una persona-, en la medida en que ellas permanecen bajo tales relaciones de velocidad o de lentitud o tales relaciones de movimiento y de reposo. Suponiendo que cambia la relación de movimiento y de reposo, ellas pasan a otro individuo. Este es el primer punto. Yo llamaría longitud de un cuerpo al conjunto de las partículas que le pertenecen bajo la relación de movimiento y de reposo, de velocidad y de lentitud que lo caracteriza. Si un individuo está caracterizado por una relación muy compleja de movimiento y de reposo que agrupa como siendo suyas una infinidad de partículas, decimos igualmente que, a esas relaciones, corresponden algo así como grados de potencia, de poderes. ¿Poderes de qué? Ese grado de potencia que corresponde a tal grado de velocidad y de lentitud, a tal grado de movimiento y de reposo, esos grados de potencia son, al pie de la letra, los poderes de ser afectado. Esta vez ya no se trata, como hace un momento, de relación de movimiento y de reposo entre partículas extensivas definiendo una longitud, se trata mucho más de partes intensivas: los afectos de los que alguien es capaz, en correlación con las partes que los componen según relaciones de velocidad y de lentitud. Entonces yo llamaría latitud de un cuerpo a ese poder de ser afectado. Notarán que no hago alusión a formas ni a sujetos. Un individuo no es ni una forma ni un sujeto, mientras que algo está individuado entonces se puede determinar una longitud y una latitud, estando la longitud definida por las relaciones de movimiento y de reposo, de velocidad y lentitud, que lo relacionan a esas partículas componentes, esas partes de partes, y de otra parte, solo tengo en cuenta latitudes, a saber los afectos que llenan el grado de potencia o el poder de ser afectado de los individuos precedentemente determinados en función de su longitud. Entonces, todo cuerpo tendría una longitud y una latitud. ¿Qué es esta historia? Eso nos conviene exactamente como el mundo que nos propone Spinoza. El ve el mundo así. Nos dice que, en efecto, cada cuerpo está compuesto al infinito por infinidades de partes que él llama los cuerpos más simples. ¿Qué hace que esos cuerpos más simples, que tal conjunto infinito pertenezca a tal individuo en vez de a tal otro? Él dice que esos cuerpos más simples, que esas partículas están siempre, en una cierta relación de movimiento y de reposo, de velocidades y lentitudes, y esa relación caracteriza a un individuo. Entonces un individuo no esta definido por su forma, sea una forma biológica, una forma esencial, sin importar el sentido de la palabra forma, un individuo está definido por una relación más o menos compuesta, es decir un conjunto de relaciones, hechas de movimientos y de reposo, de velocidades y lentitudes, bajo las cuales las infinidades de partes le pertenecen. En fin, cada individuo es un colectivo, cada individuo es una muta. 


Pintura: Paul  Klee. Parque de los ídolos.

Spinoza y nosotros, Toni Negri.



SPINOZA Y NOSOTROS
Antonio Negri
NUEVA VISIÓN (112 PÁGINAS) - $46

Tras la caída del “socialismo real”, el capitalismo buscó renovarse: hegemonía del trabajo cognitivo, dimensiones financieras, extensión imperial. Pero cada mutación está en crisis. ¿Puede el spinozismo ser hoy “alternativa” a una modernidad que no termina de extinguirse?

Cuerpo, Spinoza.

Longitud de un cuerpo: conjunto de relaciones de velocidad y de lentitud, de reposo y de movimiento entre partículas que lo componen, es decir entre elementos no formados.

Latitud de un cuerpo: es el conjunto de los afectos que satisfacen un cuerpo en cada momento, los estados intensivos de una fuerza anónima. Fuerza de existir, poder de afección.
Baruch  Spinoza (Ámsterdam 1632-La Haya 1677)  

Pintura: Jean Dubuffet, Paraje con 8 personas, 1982
Lo que buscaba, o incluso lo que buscábamos, junto a Félix, era una especie de dimensión verdaderamente inmanente del inconsciente. Ahora bien, por ejemplo, todo el psicoanálisis está lleno de elementos transcendentes: la ley, el padre, la madre, en fin, todo eso. Mientras que un campo de inmanencia, que permitiría definir el inconsciente, es el dominio... la vía en la que tal vez Spinoza pudo haberse adentrado más que ningún otro con anterioridad, tal vez Nietzsche pudo haberse adentrado más que ningún otro... No me parece que suponga tanta provocación, sino que Spinoza y Nietzsche forman en filosofía tal vez la mayor liberación del pensamiento, casi como si se tratara de un explosivo, vaya. Sí, y tal vez los conceptos más insólitos, porque sus problemas son problemas que en cierto modo eran problemas malditos, sí, que nadie se atrevía a plantear, en la época de Spinoza desde luego, pero también en la época de Nietzsche.

"Dime la capacidad de Afección que tienes,
 y te diré lo que eres"



De las afecciones y la potencia

Spinoza no dirá que las instituciones sociales nos suministran modelos, dirá que ellas nos llenan de afeccionesUna institución social es una máquina de afectos, llena vuestro poder de ser afectado.
“La potencia está necesariamente efectuada en función de los agenciamientos en los cuales entra el individuo.”
Según cada agenciamiento se producen circulaciones y transformaciones de afectosiendo un agenciamiento un lugar de paso, un lugar de transformación de afectos intensivos.                            
                                                                        Derrames.
Spinoza no veía categorías sino diferentes grados de potencia. A cada grado de potencia corresponde un cierto grado de ser afectado. Así, no te definirás por tu forma, por tus órganos, por tu organismo, por tu género o por tu especie. (...) Dime las afecciones de que eres capaz, y te diré quién eres.


                                   ¿De qué afectos eres capaz?
                                  Mil mesetas, Deleuze-Guattari
Se trata de mostrar que el cuerpo, supera el conocimiento que de él se tiene, y que el pensamiento supera , en la misma medida, la conciencia que se tiene de él.





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Mil mesetas

Bibliografía de Gilles Deleuze en castellano

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DELEUZE, Gilles, Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995) pre-textos 2007