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Hablar no es ver

 "hablar no es ver", son las versiones de la visión y de lo visible. Primera versión: veo a distancia, percibo a distancia, capto las cosas, los objetos a distancia; se sabe que yo no comienzo por captarlas en mi para proyectarlas. Capto la cosa ahí donde está. La psicología moderna nos lo enseña: capto la cosa a distancia, y después, nos dice Blanchot, hay otra visibilidad. Cuando la distancia nos capta. Soy captado por la distancia, lo que es lo contrario de captar la distancia. Es la fascinación. El arte o el sueño. ¿Qué le impide a Blanchot decir: e inversamente? no puede decirlo porque eso arruinaría el silencio. La aventura de lo visible no hace más que preparar la verdadera aventura que debe ser la de la palabra. Si bien él tiene la idea de un ejercicio superior de la visión solo lo es como un grado preparatorio al único ejercicio superior que es la palabra en tanto que habla de eso que solo puede ser hablado, es decir de eso que no puede hacer parte del silencio. La visión, en lugar de desarrollar libremente su ejercicio superior, será una confirmación para la palabra. Blanchot es, de cierta manera, cartesiano. También él solo piensa con una forma, también él, como Descartes, y es su única relación con Descartes, todo su pensamiento consiste en confrontar la determinación y lo indeterminado. No es cartesiano porque en él la relación de la indeterminación y de lo indeterminado es, de hecho, diferente de como pasa en Descartes. La determinación y lo indeterminado, en Blanchot -y es lo que lo obsesiona-, permanecen cara a cara, en una especie de enfrentamiento sin fin. La frase clave de Blanchot. Este tema se encuentra en el prefacio de Blanchot al absolutamente bello libro de Jaspers sobre Hölderlin. El texto de Blanchot es: "¿Cómo lo determinado puede sostener una relación verdadera con lo indeterminado?", aclarando una vez dicho esto, que lo determinado nunca reduce a lo indeterminado, mientras que en Descartes lo determinado no deja subsistir lo indeterminado. En Blanchot, no es así, lo determinado se sostiene en lo indeterminado de tal manera que subsiste lo indeterminado. Hay una especie de corto circuito de la determinación y de lo indeterminado, al punto que la determinación más radical sale de la indeterminación más pura. ¿En quién piensa? ¿Qué define un agua-fuerte de Goya?


 ¿Qué son los monstruos de Goya? Son la determinación en cuanto ella sale inmediatamente de un indeterminado que subsiste a través de ella. Es lo que Blanchot llama una relación verdadera de lo determinado con lo indeterminado. Una relación verdadera de tal manera que lo indeterminado subsiste a través de la determinación, y que la determinación sale inmediatamente de lo indeterminado. Se llamará un monstruo a la determinación que sale inmediatamente de un indeterminado que subsiste bajo la determinación.... Bueno tenemos la respuesta... Blanchot no puede decir: e inversamente, puede decir: hablar no es ver, no puede decir: ver no es hablar, pues él solo ha concebido una forma: la determinación, forma de la determinación... forma de la espontaneidad de la palabra, y la palabra esta relacionada con la determinación, entonces ver o bien se deslizará en lo indeterminado, o bien solo será una especie de estado preparatorio para el ejercicio de la palabra.

De la escritura


Escribir no es contar los recuerdos, los viajes, los amores y los lutos, los sueños y las fantasías propios. La literatura sigue el camino inverso, y se plantea únicamente descubriendo bajo las personas aparentes, la potencia de un impersonal que en modo alguno es una generalidad, sino una singularidad en su expresión más elevada: 

un hombre, 
una mujer, 
un animal, 
un vientre, 
un niño... 
Las dos primeras personas no sirven de condición para la enunciación literaria; la literatura sólo empieza cuando nace en nuestro interior una tercera persona que nos desposee del poder de decir Yo (lo «neutro» de Blanchot).


Devenir imperceptible: Blanchot

'El escritor pertenece a un lenguaje que nadie habla, que no se dirige a nadie, que no tiene centro, que no revela nada. Si escribir es entregarse a lo indeterminable, el escritor que acepta defender su esencia pierde el poder de decir YO'. 



Maurice B

" Había captado el instante a partir del cual la luz, habiendo tropezado con un acontecimiento verdadero, iba a apresurarse hacia su fin. Ya llega, me dije, el fin viene, algo sucede, el fin comienza. Estaba embargado por la alegría. "


Acontecimiento


" Había captado el instante a partir del cual la luz, habiendo tropezado con un acontecimiento verdadero, iba a apresurarse hacia su fin. Ya llega, me dije, el fin viene, algo sucede, el fin comienza. Estaba embargado por la alegría. " Maurice Blanchot

Nietzsche y la escritura fragmentaria

Nietzsche se expresa todavía de otra manera: “El mundo, el infinito de la interpretación (el despliegue de una designación al infinito).”. 
De allí la obligación de interpretar. 
¿Pero quién, entonces, interpretará? ¿El hombre? 
¿Y qué clase de hombre? 
Nietzsche responde. No se tiene el derecho de preguntar: 
¿quién es entonces quien interpreta? 
El interpretar mismo, forma de la voluntad de poder, es lo que existe (no como ‘ser’ sino como ‘proceso’, como ‘devenir’) en cuanto pasión.


Maurice Blanchot (Francia, 1907-2003)

La locura de la luz


" Había captado el instante a partir del cual la luz, habiendo tropezado con un acontecimiento verdadero, iba a apresurarse hacia su fin. Ya llega, me dije, el fin viene, algo sucede, el fin comienza. Estaba embargado por la alegría. " 



Maurice Blanchot (Francia, 1907-2003)

De la atracción

La atracción es para Blanchot lo que, sin duda, es para Sade el deseo, para Nietzsche la fuerza, para Artaud la materialidad del pensamiento, para Bataille la trasgresión: la experiencia pura y más desnuda del afuera. Pero hay que entender bien lo que con esta palabra se está designando: la atracción, tal como la entiende Blanchot, no se apoya en ninguna seducción, no irrumpe ninguna soledad, no funda ninguna comunicación positiva. Ser atraído, no consiste en ser incitado por el atractivo del exterior, es más bien experimentar, en el vacío y la indigencia, la presencia del afuera, y, ligado a esta presencia, el hecho de que uno está irremediablemente fuera del afuera. Lejos de llamar a la interioridad a aproximarse a otra distinta, la atracción manifiesta imperiosamente que el afuera está ahí, abierto, sin intimidad, sin protección ni obstáculo (¿cómo podría tenerla, él que no tiene interioridad, sino que la despliega al infinito fuera de toda clausura?); pero que a esta abertura misma, no es posible acceder, pues el afuera no revela jamás su esencia; no puede ofrecerse como una presencia positiva -como una cosa iluminada desde el interior por la certidumbre de su propia existencia- sino únicamente como la ausencia que se retira lo más lejos posible de sí misma y se abisma en la señal que emite para que se avance hacia ella, como si fuera posible alcanzarla.

El pensamiento del afuera. (Michel Foucault)

Una presencia de lo Otro

Hegel edifica su sistema como un sólido y seguro puente que nos llevaría del solipsismo individualista a lo societal y comunitario: del Yo al Nosotros. Pero el puente, en tanto que puente, está suspendido en un abismo. Blanchot cree que lo humano se juega en ese precipicio, se juega a condición de afirmar —y no de anular, o reducir— esa fractura infinita. Los extremos no son el Ego y la Comunidad, sino, como se ha visto, el Yo — y lo Otro. Sin embargo, y he aquí otra sorpresa, lo Otro sigue siendo humano. “Sólo el hombre me es absolutamente extraño”, confiesa el dialogante. Lo desconocido no es lo que el hombre no es. No se encuentra en una especie de espacio exterior. Lo desconocido se revela en la —siempre ambigua— relación del hombre con el hombre.


La pasión de la pregunta.Blanchot y la filosofía
Sergio Espinosa Proa

Blanchot sobre Artaud

A los veintisiete años, Artaud envía algunos poemas a una revista. El director de ésta los rechaza con cortesía. Artaud trata entonces de explicar por qué tiene apego a esos poemas deficientes; y es que sufre de tal abandono de pensamiento, que no puede abandonar las formas, aunque sean insuficientes, conquistadas sobre esa inexistencia central. ¿Qué valen los poemas de esa manera obtenidos? Sigue luego un intercambio de cartas y, Jacques Rivière, el director de la revista, le propone de repente publicar las cartas escritas en relación con esos poemas impublicables (pero esta vez admitidos en parte, y que aparecerán como ejemplo y testimonios). Artaud acepta, con la condición de no manipular la realidad. Se trata de la célebre correspondencia con Jacques Rivière, un acontecimiento de gran importancia. ¿Se dio cuenta Jacques Rivière de esa anomalía? Poemas que considera insuficientes a indignos de ser publicados, dejan de serlo cuando son completados por el relato de la experiencia de su insuficiencia. Como si lo que les faltara, su defecto, se convirtiera en plenitud y acabamiento por la expresión abierta de esa falta y la profundización de su necesidad. Jacques Rivière se interesa, más que por la obra misma, por la experiencia de la obra, por el movimiento que conduce hasta ella, y por el rastro anónimo, oscuro que ella representa con torpeza. Más aún, el fracaso, que sin embargo no lo atrae tanto como atraería luego a quienes escriben y a quienes leen, se convierte en el signo sensible de un acontecimiento central del espíritu sobre el cual las explicaciones de Artaud arrojan una luz sorprendente. Nos encontramos, pues, en los comienzos de un fenómeno al cual parecen estar vinculadas la literatura y aun el arte: la existencia de un poema que no tenga por "sujeto" tácito o manifiesto su realización como poema, y el hecho de que el movimiento del cual proviene la obra sea aquello con vistas a lo cual la obra es a veces realizada y a veces sacrificada.

Devenir Blanchot

No soy dueño del lenguaje. Lo escucho sólo en su borrarse, borrándome en él, hacia ese límite silencioso al que espera ser reconducido para hablar, allí donde falla la presencia lo mismo que falla allí donde el deseo conduce.

Blanchot, del acontecimiento

Hacía tanto tiempo que nos preparábamos para celebrar el acontecimiento que, ahora que ocurría, no quedaba ya tiempo, de modo que aún no estábamos listos y que, a pesar de todo, no ocurría.

Willem de Kooning. Pink Angels

Blanchot: De la escritura.

En apariencia, la escritura tiene la vida como soporte, lo mismo que el pensamiento detentaría el tiempo como el proceso de su cumplimiento. «Escribir. — Más tarde. —Más tarde: lentamente, de acuerdo con la sencilla suavidad de lo interrumpido que no cuenta jamás con un futuro del tiempo como tampoco se plantea en el momento presente.» El poder esencial de desatender el hecho de que la escritura tiene la vida como soporte, ha sido facilitado y teóricamente justificado con el recurso de los libros. Los libros parecen estar ahí para preservar la escritura y para permitirle constituirse en un espacio propio, apartada y como hiato de toda vida. Escribir, al estar restringido a plantearse como expresión o afirmación de la vida, no ha contentado jamás ni a la escritura ni a la vida. Las categorías refinadas, las de la existencia, el juego del ser y del tiempo, brindadas a la cuestión de escribir, han podido servir para mantener «viva» dicha cuestión, pero sin hacernos ilusiones acerca de esa vida que se ha tomado prestada. La vida pone en tela de juicio la escritura que elude la vida o la reduce. Pero el litigio proviene de la escritura que deja a la vida la plenitud y a lo viviente, portador de vida, la presencia irrefutable, mientras que escribir puede muy bien proponerse como aquello que agotaría la vida a fin de inscribirse en el límite de la vida. Finalmente, la proposición deja lugar a esta otra, totalmente distinta: escribir no se escribe más que en el límite de la escritura, allí donde el libro, que no obstante está siempre allí, es la presión del fin (sin fin) de los libros.

Conversaciones, sobre Foucault y Blanchot.



– ¿No se dan en este punto ciertas semejanzas con Mauríce Blanchot, incluso una influencia de Blanchot?

– Foucault siempre reconoció que tenía una deuda con Blanchot. Podríamos decir que esta deuda se refiere a tres temas. El primero, “hablar no es ver”, esa diferencia que implica que, al decir lo que no puede verse, empujemos al lenguaje hasta su límite extremo, elevándolo hasta la potencia de lo indecible. En segundo lugar, la superioridad de la tercera persona –“él” [il ] o el neutro, el “se” [on]– sobre las dos primeras, el rechazo de toda personología lingüística. Y, para terminar, el tema del Afuera: la relación (o también la no–relación) con un Afuera más lejano que todo mundo exterior, y por ello mismo más próximo que todo mundo interior. No disminuye para nada la importancia de las convergencias de Foucault con Blanchot el hecho de comprender hasta qué punto Foucault procede a desarrollar autónomamente todos estos temas: la disyunción ver/hablar, que culmina con el libro sobre Raymond Roussel y el texto acerca de Magritte, implicará un nuevo estatuto de lo visible y de lo enunciable: toda la teoría del enunciado estará animada por ese “se habla”; las transformaciones de lo próximo y lo lejano en la línea del Afuera, como prueba a vida o muerte, van a producir actos de pensamiento propios de Foucault, el pliegue y el despliegue (muy diferentes, también, de Heidegger), y se encuentran en la base de los procesos de subjetivación.

De la atracción


La atracción es para Blanchot lo que, sin duda, es para Sade el deseo, para Nietzsche la fuerza, para Artaud la materialidad del pensamiento, para Bataille la trasgresión: la experiencia pura y más desnuda del afuera. Pero hay que entender bien lo que con esta palabra se está designando: la atracción, tal como la entiende Blanchot, no se apoya en ninguna seducción, no irrumpe ninguna soledad, no funda ninguna comunicación positiva. Ser atraído, no consiste en ser incitado por el atractivo del exterior, es más bien experimentar, en el vacío y la indigencia, la presencia del afuera, y, ligado a esta presencia, el hecho de que uno está irremediablemente fuera del afuera. Lejos de llamar a la interioridad a aproximarse a otra distinta, la atracción manifiesta imperiosamente que el afuera está ahí, abierto, sin intimidad, sin protección ni obstáculo (¿cómo podría tenerla, él que no tiene interioridad, sino que la despliega al infinito fuera de toda clausura?); pero que a esta abertura misma, no es posible acceder, pues el afuera no revela jamás su esencia; no puede ofrecerse como una presencia positiva -como una cosa iluminada desde el interior por la certidumbre de su propia existencia- sino únicamente como la ausencia que se retira lo más lejos posible de sí misma y se abisma en la señal que emite para que se avance hacia ella, como si fuera posible alcanzarla. Maravillosa simplicidad de la abertura, la atracción no tiene otra cosa que ofrecer más que el vacío que se abre indefinidamente bajo los pasos de aquel que es atraído, más que la indiferencia que le recibe como si él no estuviera allí, más que el mutismo demasiado insistente como para que se le resista, demasiado equívoco como para que se le pueda descifrar y darle una interpretación definitiva, -nada que ofrecer más que la seña de una mujer en la ventana, una puerta batiente, las sonrisas de un portero a la entrada de un lugar ilícito, una mirada abocada a la muerte.


El pensamiento del afuera. (Michel Foucault)

La pasión de la pregunta. Blanchot y la filosofía


Maurice Blanchot recuerda que todo comentario es un ejercicio tan necesario cuanto inútil. “Qué abundancia de explicaciones, qué locura de interpretaciones, qué furor de exégesis, sean éstas teológicas, filosóficas, sociológicas, políticas, autobiográficas, cuántas formas de análisis, alegórica, simbólica, estructural e incluso —todo ocurre— literal. Cuántas llaves: cada una de ellas sólo es utilizable por el que las ha forjado y sólo abre una puerta para cerrar otras. ¿A qué obedece ese delirio? ¿Por qué la lectura nunca se satisface con lo que lee y no deja de sustituirlo por otro texto, que a su vez provoca otro más?”. La interrupción de lo incesante es, ella misma, (lo) incesante. Cerrar, acabar, es siempre volver a comenzar. No hay juicio final. No hay última palabra. Lo dicho es ya, de siempre y para siempre, demasiado. Maurice Blanchot escribe en el círculo encantado de la escritura, en la circunferencia donde sin descanso se siguen los días y las noches; escribe para repetir el hechizo y así, con suerte, sin convicción, alcanzar a romperlo. Escribir en ese límite se convierte entonces en una “terrible responsabilidad”. Violencia discreta, violencia del repliegue ante la violencia del descubrimiento, ante la violencia del dominio. Escribe a dúo para hacer lugar a lo que no encuentra ningún lugar, a lo que está siempre fuera de lugar. Una escritura quebrada, quebrantada por la fatiga — pero una fatiga (y una indiferencia generosa. Un diálogo infinito: el diálogo (dialéctico) interrumpido por el (lo) infinito. Que los hombres hablen quiere decir: que (se) escuchan. Nada más fundamental: no hay otro “fondo”. Pero un fondo poroso e inestable. Un fondo en el que nada encuentra reposo (el fondo es, en el fondo, el reposo del todo). Ese fondo es una alternancia — una indecisión. Por eso el habla sólo habla desde la intermitencia. Maurice Blanchot no pide ni acuerdo ni refutación; no escribe para otros, tampoco para sí mismo. No busca, no encuentra. Habla en, por la intermitencia, da voz a la interrupción del habla. La interrupción que no rompe o suspende el diálogo, sino que lo vuelve más resuelto — y más arriesgado. Un diálogo que interrumpe la pertenencia al espacio común, a la ley única del discurso único, continuo, universal. Un silencio que irrumpe en aquello que no puede reconocerlo, una queja que nadie puede oír. Poner al dicho en entredicho, reconocer en todo decir un interdicto. Excepción lamentable, brecha abierta en el círculo. No la pausa que propicia la alternancia de los dialogantes, ni el silencio que hace hablar a las cosas. Maurice Blanchot quería la interrupción fría, la ruptura del círculo. Deseo de finitud: “Y en seguida ello había sucedido: el corazón que cesa de latir, la eterna pulsión hablante que se detiene”. Lo infinito: (es decir) el deseo.


Sergio Espinosa Proa
Maestría en Filosofía e Historia de las Ideas
Universidad Autónoma de Zacatecas
A Parte Rei. Revista de Filosofía 11

Un tal Maurice


Maurice Blanchot (Francia, 1907-2003)

Novelista, ensayista y crítico literario francés nacido en Eze, Alpes marítimos. Estudió Filosofía, Medicina y Psiquiatría y colaboró en los años treinta con la prensa nacionalista, para acabar adoptando luego posturas combatientes contra De Gaulle o a favor de la independencia de Argelia. Blanchot es el útimo de los grandes malditos ilustrados, en la estela de Bataille o Klossowski, creyó aún en el misterio inexplicable del arte. Su primera novela y la más conocida es Thomas el oscuro(1941), es autor además, entre otras obras, de Aminadab (1942), El Altísimo (1948), Sentencia de muerte (1948), La parte del fuego (1949), El espacio literario (1955), El libro que vendrá (1959), La conversación infinita (1969), La locura de la luz (1973) y El instante de mi muerte (1994). Fue un gran admirador de Kafka, de Musil, de Hesse y de Borges. En 1986 participó en una obra colectiva sobre Nelson Mandela. Para Blanchot escribir significaba entrar en la afirmación de la soledad en la que amenaza la fascinación. Jamás rehusó entregarse en sus obras al vértigo fatal que implica indagar a través de la escritura en la propia esencia humana.

Fuente: www.epdlp.com

Devenir Blanchot


La mayor diferencia que se da entre pasado y futuro es que el uno repetiría al otro sin la común medida de un presente: como si entre pasado y futuro reinase la ausencia de presente bajo la forma simplificada del olvido, ¿Qué es lo que retornará? Todo, salvo el presente, la posibilidad de una presencia.


• «Usted retornará.» — « Yo retomaré.» — « Usted no retornará.» — «Cuando habla de este modo, comprendo lo que eso quiere decir: estoy aquí . Y comprendo que si usted ha estado aquí es hace tanto tiempo, en un tiempo tan remoto que no ha habido nunca presente alguno que correspondiese a ello.» — «Pero estoy aquí, como ve.» — «Sí, dijo con seriedad, estoy aquí, a condición de olvidarlo, recordándolo una vez, olvidándolo otra, pero dejando que el recuerdo y el olvido se desplieguen, se cierren sin nadie que recuerde, que olvide.»

• Borrada antes de ser escrita. Quizás, se puede asumir la palabra huella como índice que indicaría, como si estuviese tachado, lo que, sin embargo, nunca fue trazado. Toda nuestra escritura —la de todos, si es que alguna vez ha sido escritura de todos— sería eso: el afán por lo que jamás fue escrito en (el) presente, sino en un pasado porvenir.



De: Maurice Blanchot El paso (no) más allá
Traducido por Cristina de Peretti
Ediciones Paidós, Barcelona, 1994
Título original: Le pas au–delà
Éditions Gallimard, París, 1973

Les romans et les récits de Maurice Blanchot


Colloque du 10 et 11 mars 2011 : « Les romans et les récits de Maurice Blanchot » organisé par Manola Antonioli (Collège International de Philosophie) et Alain Milon (Université de Paris Ouest).
Le colloque se propose de questionner cet univers narratif étrange et singulier, souvent trop peu connu et analysé, en privilégiant de façon non exclusive les axes de recherche suivants :
1. La différence entre les « romans » et les « récits ».
2. La présence du corps, de l'érotisme, du féminin.
3. Les noms propres.
4. Les espaces-temps des fictions.
5. La Loi et les lois.
6. Le témoignage.
7. L'usage des pronoms personnels (notamment l'alternance du « Je » et du « Il » ou « Elle », du « Tu » et du « Vous).
8. La mort.
9. La présence/absence de la voix narrative.
10. L'étrange et l'étranger.
11. Le jour et la nuit, la lumière et l'obscurité.
12. Le rôle de l'image dans la photo, la peinture et l'écriture.
13. Les modalités de l'écriture fragmentaire.

Informes:

Foucault/Blanchot


Foucault siempre reconoció que tenía una deuda con Blanchot. Podríamos decir que esta deuda se refiere a tres temas. El primero, “hablar no es ver”, esa diferencia que implica que, al decir lo que no puede verse, empujemos al lenguaje hasta su límite extremo, elevándolo hasta la potencia de lo indecible. En segundo lugar, la superioridad de la tercera persona –“él” [il ] o el neutro, el “se” [on]– sobre las dos primeras, el rechazo de toda personología lingüística. Y, para terminar, el tema del Afuera: la relación (o también la no–relación) con un Afuera más lejano que todo mundo exterior, y por ello mismo más próximo que todo mundo interior. No disminuye para nada la importancia de las convergencias de Foucault con Blanchot el hecho de comprender hasta qué punto Foucault procede a desarrollar autónomamente todos estos temas: la disyunción ver/hablar, que culmina con el libro sobre Raymond Roussel y el texto acerca de Magritte, implicará un nuevo estatuto de lo visible y de lo enunciable: toda la teoría del enunciado estará animada por ese “se habla”; las transformaciones de lo próximo y lo lejano en la línea del Afuera, como prueba a vida o muerte, van a producir actos de pensamiento propios de Foucault, el pliegue y el despliegue (muy diferentes, también, de Heidegger), y se encuentran en la base de los procesos de subjetivación.

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Bloques rizomáticos


Gilles y Félix


Mil mesetas

Bibliografía de Gilles Deleuze en castellano

DELEUZE, Gilles, Empirismo y Subjectividad (Madrid: Gedisa, 1981) tr. Hugo Acevedo. Prefacio de Oscar Masotta.
DELEUZE, Gilles, Nietzsche y la filosofia (Barcelona: Editorial Anagrama, 1971) tr. Carmen Artal.
DELEUZE, Gilles, La filosofía Crítica de Kant tr. Francisco Monge, en Deleuze, Spinoza, Kant, Nietzsche (Barcelona: Editorial Labor, 1974).
DELEUZE, Gilles, El Bergsonismo (Madrid: Ediciones Catédra, 1987) tr. Luis Ferrero Carracedo.
DELEUZE, Gilles, Presentacion de Sacher-Masoch (Madrid: Taurus, 1973) tr. A.M. García Martínez.
DELEUZE, Gilles, Diferencia y repetición (Gijón: Júcar Universidad, 1988) tr. Alberto Cardín. Introducción de Miguel Morey. Introducción traducida como "Repetición y Diferencia: Introducción" tr.F. Monge en Cuadernos Anagrama 1972.
DELEUZE, Gilles, Spinoza y el problema de la expresión (Barcelona: Muchnik Editores, 1975) tr. Horst Vogel.
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DELEUZE, Gilles, Spinoza, tr. Francisco Monge en Deleuze, Spinoza, Kant, Nietzsche (Barcelona: Editorial Labor, 1974).
DELEUZE, Gilles, Proust y los signos (Barcelona: Anagrama, 1972) tr. Francisco Monge.
DELEUZE, Gilles, in Foucault, "Theatrum Philosophicum," tr. F. Monge, in Cuadernos Anagrama 1972, p.41.
DELEUZE, Gilles, El Antiedipo (Barcelona: Barral, 1973) tr. Francisco Monge. Nueva edición en Ediciones Paidós S.A., Barcelona.
DELEUZE, Gilles, "Tres problemas de grupo" en Guattari, Psicoanálisis y transversalidad tr. Fernando Hugo Azcurra (México: Siglo XXI, 1976) pp.9-21.
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DELEUZE, Gilles, "Capitalismo y esquizofrenia" en Laura Forti, La oltra locura (Barcelona: Tusquets, 1976), pp.55-71.
DELEUZE, Gilles, Kafka: Por una literatura menor (Mexico: Ediciones Era, 1978) tr. Jorge Aguilar.
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DELEUZE, Gilles, Política y Psicoanálisis (Mexico: Ediciones Terra Nova, 1980) tr. Raymundo Mier.
DELEUZE, Gilles, "Nietzsche y San Pablo, Lawrence y Juan de Patmos" tr. Ernesto Hernández en El vampiro pasivo 12 (1994), p.21ff.
DELEUZE, Gilles, "Filosofía y memoria" tr. Libia Moez y Gerardo Ramírez en El vampiro pasivo 7-8, p.12.
DELEUZE, Gilles, con Félix Guattari, Mil mesetas (Valencia: Pre-Textos, 1988) tr. José Vázquez Pérez y Umbelena Larraceleta.
DELEUZE, Gilles, Spinoza: Filosofía práctica (Barcelona: Tusquets, 1984) tr. Antonio Escohotado.
DELEUZE, Gilles, La imagen-movimiento: Estudios sobre cine 1 (Barcelona: Paidós, 1984) tr. Irene Agoff.
DELEUZE, Gilles, La imagen-tiempo: Estudios sobre cine 2 (Barcelona: Paidós, 1986) tr. Irene Agoff.
DELEUZE, Gilles, Foucault (Barcelona: Paidós Studio, 1987) tr. José Vázquez Pérez. Prefacio de Miguel Morey.
DELEUZE, Gilles, El Pliegue: Leibniz y el barroco (Barcelona: Paidós, 1989) tr. José Vázquez Pérez y Umbelena Larraceleta.
DELEUZE, Gilles, Pericles y Verdi (Valencia: Pre-Textos, 1989) tr. Umbelena Larraceleta y José Vázquez Pérez.
DELEUZE, Gilles, "¿Qué es un dispositivo?" en Michel Foucault filosofo (Barcelona: Gedisa editorial, 1990) tr. Alberto Bixio.
DELEUZE, Gilles, Conversaciones (Valencia: Pre-Textos, 1995) tr. José Luis Pardo.
DELEUZE, Gilles, "Tener una idea en cine" tr. Jorge Terré en Archipiélago 22 (otoño 1995), pp.52-59.
DELEUZE, Gilles, ¿Qué es la filosofía? (Barcelona: Editorial Anagrama, 1993) tr. Thomas Kauf.
DELEUZE, Gilles, "Para Félix" en Archipiélago 17 (1994) tr. Angels Hernyo Campo [Jordi Terré].
DELEUZE, Gilles, Critica y Clínica (Barcelona: Editorial Anagrama, 1996) tr. Thomas Kauf.
DELEUZE, Gilles, La isla desierta y otros textos (1953-1974) pre-textos 2005
DELEUZE, Gilles, Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995) pre-textos 2007