Conceptos para una clínica




- las capturas y las fugas –

Daniel Ferioli Seragopian
danielferioli@gmail.com


Son varios los conceptos que pueden combinarse con la experiencia clínica, a condición de no reificar el concepto, sino tomarlo como una herramienta que sirve, y hasta determinado punto.
“No hay receta general .Se acabaron los conceptos globalizantes.
Hasta los conceptos son , acontecimientos.
Lo interesante de conceptos como deseo, máquina, agenciamiento,
es que sólo tienen valor en función de sus variables, del máximo de variables que permiten. Dialogos, 163

Comenzaré por el de Captura y Línea de fuga.
La línea de fuga es el modo terapéutico de salir de una captura.


La Captura de O.: o cómo huir con el deseo en máquina.


Existió en la clínica, una de mis primeras posibilidades de usar el concepto de captura.
Se la propuse al paciente en el seno de una conversación, diciéndole que me parecía que su situación era la de una captura, y doble.
Cuando le dije la palabra captura, algo pareció repercutirle en el cuerpo – es allí donde la palabra vibra, hace su efecto como una ‘fuerza’ (Deleuze con Nietzsche), o una ‘afección’ (Deleuze con Spinoza).
Se irguió levemente en la silla, como un pequeño acontecimiento.
Se trataba de una persona muy deprimida (depresión mayor de la psiquiatría), de unos cincuenta y tantos, con varias internaciones sucesivas. Se registraba en la historia cierta fenomenología psicótica, congruentes con el estado de ánimo, como suele ocurrir en las depresiones mayores.

El hombre parecía un dandy, de modales refinados, en pleno hospital público. Había sido un empresario y comerciante exitoso, llegando a exportar su marca a otros países de América Latina. Había tenido ( en realidad aún tenía) un semipiso en Bario Norte y mantenía – dormido, como él – un auto importado, en un garage de Buenos Aires.
Un día descubrió que su esposa tenía un affaire con alguien laboralmente muy cercano, demasiado cercano, su socio y amigo. Y empezó su historia de padecimiento.

Crónica Clínica
Historia de Oscar- un viernes a la tarde-

Un viernes a la tarde, Oscar debía estar trabajando en su fábrica. Se le ocurrió ir a revisar un poco su barco, en San Isidro. Si el fin de semana continuaba con buen tiempo, quería navegar.
Camino al muelle, vio movimientos que le resultaron raros.
Es mi esposa, pensó. Está limpiando el barco, me adivinó el pensamiento; ..siempre se anticipa, que mujer lúcida... .
De pronto, la figura inconfundible de su socio, su mejor amigo, se recortó sobre el fondo del río. Venía del otro lado del muelle, con un balde. Quiso seguir caminando, para saludarlo, pero el cuerpo se le trabó.
Su socio se dirigía hacia su barco, cuando debía estar en el negocio, trabajando.
Saludarlo podía resultarle desagradable a su amigo, aunque también a él. Así que dejó que el paso se le hiciera lento.
El tampoco estaba haciendo lo esperable; aunque la fabrica, pensó, no requiere el cuidado que el negocio un viernes a la tarde. Oscar pensaba el fundamento de la diferencia entre el negocio y la fabrica, al tiempo que seguía caminando lento hacia su barco.

Y como un fotograma extraído de una película muda, se le presentó la imagen de su esposa recibiendo en sus brazos a su amigo, y socio, en la pequeña cubierta del barco.
El cuerpo se le detuvo en seco.
El ya inconfundible beso de ambos se prolongó en el tiempo.
Vio que entraron al barco,.. se acercó muy lentamente, miró hacia el interior, un poco viendo, un poco imaginando...
*
Se fue de la escena como quien se retira de un partido perdido por goleada.
Pasó largo tiempo intentando caminar, pero el cuerpo se le detenía, se le caía en cada banco vacío que encontraba al pasar. Paró en un bar, tomó un café. Miró la televisión muda, pensando que igual podría escuchar poco. Pidió otro café, con whisky y aspirina.
Ante el movimiento tan impedido – caminar lo sintió un vía crucis – pidió un remise, se volvió a su casa, se tiró en la cama, y se durmió.
*
Lo despertó la llegada de ella.
Como en duermevela, le contó algo de lo que vio, siendo fiel a la sensación de haber visto una película, a distancia. Con el afecto clausurado, en un tono monocorde, mirando al vacío y sin mentir ni decir toda la verdad, siguió contándole, hasta que se le acabaron las palabras.
Cuando él terminó el relato, ella no negó lo aparentemente sucedido.

*
El hombre entendió todo, y no dijo más nada.
Se limitó a poner algo de ropa en un bolso, como para unos días, y se fue.
Si el fin de semana continuaba con buen tiempo, hubiera querido navegar.

* *
Su cuerpo se dirigió a la vieja casa familiar, en otro barrio de la clase media alta porteña. Donde aún vivía su madre, ya anciana, y su habitación de soltero estaba igual que cuando la dejó al casarse.
Le explicó a su madre que iba a pasar el fin de semana ahí.
Entró a su antigua pieza, bajó la cortina.
Prendió la radio, se metió en la cama.
No se pudo dormir, escuchó la radio.
Se durmió finalmente por cansancio, como en casi todo insomnio.
*
Al despertar permaneció en la cama. Después de un largo tiempo, fue al baño. Se levantó por necesidad más que por deseo. De paso comió algo, y habló un poco con su madre.
Volvió a la pieza, levantó apenas la cortina, y se metió en la cama como quien vuelve a un refugio.

Hacia la tarde...nada, el vacío y el dolor.
Por la noche bajó la cortina, alargó su vigilia escuchando la radio, ....así, todo el fin de semana, con el cuerpo coagulado en un sedentarismo pétreo.

Comenzó la semana pero no fue al negocio.
La familia se preocupó, las hermanas lo fueron a visitar, lo llevaron a un psiquiatra, quien al tiempo propuso su primer internación.
Le dieron varios tipos de sucesivos antidepresivos, ante la falta de respuesta, muchas veces con antipsicóticos suaves y a bajas dosis.
*
A todo esto la esposa siguió su vida .
Tomó el timón del negocio – no podría ser de otra manera, si el hombre falla a sus deberes laborales – hasta quedarse con él. Liquidó la pequeña fábrica, y puso un abogado – a la sazón su nuevo amante – quien fue a verlo a las internaciones, poniéndole al tanto que debía firmar ‘unos papeles’.
Nunca volvió a su casa, ni recuperó su fábrica.
Ocurrieron varias internaciones, leves mejorías, fuertes recidivas.
Cuando se acabó el dinero, lo tuvieron que internar en el Hospital Público, donde se encuentra conmigo, hacia su ya sexta internación.

*

El siempre explicaba, con detalles obsesivos y en sesiones que se hicieron largas y diarias, que quería ‘asegurar un futuro para sus hijas..’ Que no era conveniente la separación de bienes porque sus hijas ya no vivirían en el mismo lugar en que crecieron..
El tema era fundamental, pues al egresar del Hospital, ya no tendría la casa de su madre para volver. La familia había decidido venderla, pues la madre sería internada en un geriátrico.

- Y que edad tienen sus hijas ? le pregunté
Las dos tenían más de veinte. Pero para Oscar, no era conveniente que las adolescentes tardías cambiaran de habitat; ..para consolidar el desarrollo..
Mientras la esposa y las hijas consolidaban, él permanecía en el Hospital Público.
*
“Nada ha comenzado hasta que no se alcanzan las máquinas deseantes ... de alguien.”
“ ..la pregunta del esquizoanálisis sería: ¿ cuales son tus máquinas deseantes?”
Deleuze.
Oscar tenía una producción deseante clara respecto a sus hijas (aunque el deseo vaya contra sí mismo, o conlleve su derrota )
Y la otra ‘máquina’ deseante identificable, eran los autos de marca, los importados sobre todo. En el discurso de una depresión, la pequeña producción deseante – si la hay – se encuentra en un tono de voz que se eleva, un pequeño brillo en la mirada, alguna sonrisa leve y breve.
Le encantaba hablar de autos, y sabía muchísimo.
Entre internaciones, aún solía reunirse con empresarios en un circuito reducido de interlocutores, para hablar de autos, mostrarse autos, comparar autos..
Para mí era sólo un índice maquínico de una producción deseante para diagramar una eventual salida, una línea de fuga, a la captura de su depresión.
*
Cito a la familia, arqueologizo las secuencias del desmoronamiento, este proceso de demolición -aún mayor que el de Scott Fitzgerald, tal vez sí comparable con el de Zelda, su mujer-. Las dos hermanas se agarraban la cabeza cada vez que , como un trauma, repetían las capas del terremoto crónico y el derrumbe final.
*
La pregunto a Oscar acerca de su esposa.
Me hace la descripción de una mujer muy bella, culta, refinada, de buen gusto, excelente co-equiper en el negocio y la fábrica. Que manejaba varios temas de conversación, en diversos círculos, incluso los de empresarios.
Una lady.
- “..Y..todavía,... estoy enamorado de ella”, decía.
Ni una queja, ni el menor atisbo de un monstruo en su relato.
Ella nunca lo fue a a ver a las internaciones; pero sí mandaba al abogado.
Los cigarrillos iban fumándose ante mi asombro.
Un psiquiatra probablemente le duplicaría el antipsicótico.
Un hombre de la calle, digamos un amigo, lo sacudiría hasta que algo pase. Como terapeuta, introduje la captura, para construir un problema a pensar.
Captura doble y aún triple, le dije:
como hombre seguía idolatrando a esta mujer,
como padre sólo quería ver bien a sus hijas y cumplir con sus deberes – se quejaba de que estando en el Hospital, y hace tiempo sin trabajar, no podía pasar la cuota alimentaria..
Y como hijo, se había instalado en la casa de su anciana madre en una regresión infinita, o volviendo al lugar del que alguna vez partió.
Tal vez para reencontrarse con el punto del mapa biográfico, inmediatamente anterior al amor que lo llevó al dolor.
*
Hecho el diagnóstico y el mapa de la captura, la idea terapéutica es intentar diagramar una línea de fuga.
Pero desde diagramarla hasta que algo ocurra, pueden pasar años.
No solo se precisa el “hay que salir” y el ¿por donde salir? (línea de fuga). Sino el ¿con qué, con qué fuerza, con qué energía? en el medio del pantano de anergia, tristeza y dolor psíquico.
El ‘con qué’, sería la máquina de guerra creativa que propone Deleuze.
La pista la dieron las pequeñas maquinas deseantes que aún palpitaban en él.
Empezamos por los autos importados.
El tenía uno, estaba en el garage,...
Dormido y como él, estacionado. Al encontrar esta máquina deseante, surgió un plano de acción para suscitar una línea, manejando el auto como remise. Primero en una remisería, cobrando mucho menos que lo adecuado. Luego poniendo avisos en un diario, dirigido a empresarios, para llevar a personas por su cuenta, al aeropuerto, de empresa a empresa, de empresa a hotel.
El hombre empezó de nuevo. Juntó sus primeros pesos, alquiló un departamento, y se fue a vivir sólo. Siguió tratamiento ambulatorio en el Hospital. Pero no recayó en otra internación. Cada tanto, venía a verme con su auto al Hospital, ofreciéndome remisería gratuita para llevarme hasta mi casa.
*
Su pasado de empresario le hace prever, que con la suba del dólar ante la crisis argentina del 2001, aumentará la exportación, y por tanto, se precisarán embalajes. Piensa en formas de conseguir papel y cartón a gran escala y bajo precio, reciclarlos y hacer envoltorios diversos de embalaje. Y tal cual lo previó, vino la exportación.
A oscar se le estabilizó una perspectiva económica viable.
*
Pero la pregunta seguía siendo para mí, de donde vino la energía -que antes no podía aparecer por ningún lado- para poder salir de la captura.
Y parece que nació de una fisura, en el sistema de signos que mantenía la captura. Al preguntarle, lo que Oscar situaba, aunque difusamente, es que hubo una discusión con sus hijas, en ocasión de querer saludar a una de ellas para su cumpleaños.
El hombre había ido hasta la casa de ellas, que era la de él, donde vivían con su madre. Tocó el portero eléctrico, atendió la hija, él la saludó entusiasta, pero recibió una contestación seca, que le dejó el cuerpo duro, otra vez, como el día en que empezó todo en el muelle.
- Vos no podes pasar el círculo de doscientos metros alrededor de la casa, como dice la orden judicial...¡¡¿¿Qué estás haciendo acá !!!??

Le dijo ella. Y él se quedó mudo. Por contestar, le repitió que era su cumpleaños, que quiso saludarla, y que ya se iba.
Ocurría que la ex - esposa, previsora y asegurando el porvenir, había interpuesto una orden judicial dado que estuvo tantas veces internado, alegando que existía peligrosidad para terceros, se supone.
*
Se fue arrastrando el cuerpo, como antes, durante las primeras cuadras. Pero cuenta Oscar, que esta vez una intensidad de enojo y bronca empezó a encenderse. Y se activó una máquina de guerra.
Desde entonces no paró.
Era un hombre de enorme dignidad; tal vez por eso le costó tanto tiempo poder llegar a indignarse.

* * *

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