
A- La teoría de la expresión y la disposición es la primera filosofía de Deleuze y Guattari. La crítica del psicoanálisis en Anti-Oedipus identifica ese plano de fuerza. La fuerza de la expresión es ontológica, creativa y estructurada. Esto significa que el punto de vista de la singularidad es conjugado inmediatamente con una definición de espacio en extensión, en la imagen Bergsoniana del movimiento estructurante e inaugural. La singularidad, ya sea individual o colectiva, y la determinación de la relación del actor con el evento son puestos en acción. La haecceidad (haecceity), definida por el Deleuze inicial como el término problemático fundamental de la filosofía, es originariamente activo y se despliega según las dimensiones del


La producción de cuerpos es la reducción de la historicidad; la historicidad es la producción de cuerpos. En una página de Mil Mesetas hallamos esta pregunta fundamental: "Después de todo, ¿el gran libro sobre el cuerpo sin órganos (CsO) no puede ser la Ética?" Se explica que el CsO es el campo de la absolución del deseo, el plano de consistencia adecuado a la historicidad. La matriz del mundo es cero mientras no se aferra el proceso de constitución de subjetividad, y no se sigue la infinita tensión de la constitución.
B- Uno puede seguir el ritmo de constitución por un segundo enfoque, que es el de la teoría de las "redes". Tras haber establecido la instancia de la producción en la fuerza del deseo y sus procesos maquínicos, Deleuze-Guattari se desplazaron hacia el análisis de la extensión [etendue], de su expansión [extensión] en acción y movimiento. Lo que caracteriza al espacio es el rizoma. El rizoma es una fuerza, un filum que se abre a un horizonte de desarbolante arborescencia – y, en este proceso, la singularidad se singulariza a sí misma cada vez más. Al mismo tiempo, en la riqueza de esta producción de singularidades, el contexto de la vida se presenta en un juego de interrelaciones-unidad y multiplicidad, conexiones y heterogeneidad, ruptura y líneas de fuga son siempre invertidas según una cartografía renovada incesantemente, formando siempre nuevos sistemas, no auto-centrados sino en expansión. Es a partir de allí que las ciencias del espíritu pueden reorganizarse a sí mismas, o sea, cuando las tensiones rizomáticas y las disposiciones maquínicas aparecen como arreglos subjetivos de enunciación – las dinámicas constitutivas se desplazan desde la física del rizoma al régimen de los signos que caracteriza a la ciencia. La superficie del mundo es organizada según regímenes de signos, sin dispersar la consistencia maquínica sino, al contrario, renovándola en su enunciación. Por lo tanto existe una red de las ciencias del espíritu: allí, lo rizomático se retrotrae al esquizo-análisis, y éste al estrato-análisis, y luego a lo pragmático y la micro-política. Primeramente, en lo concerniente al estrato-análisis: la ciencia se establece en el horizonte sistémico construido por la arborescencia del rizoma, y descubre su conflictualidad. Si el propio sistema constituye una arborescencia, el conflicto saldrá de la orientación de sus ramas: un conflicto que no podrá superarse, simplificarse, o reducirse dentro del sistema, sino que se repite continuamente a sí mismo, como la regla de la auto-constitución de redes reales. La perspectiva de la historicidad es no sólo constitutiva sino también conflictiva: como en Spinoza,

C- El pragmatismo y la micropolítica se constituyen en la nomadología. Esto significa que el horizonte de la guerra está limitado por poderes pragmáticos. El mundo histórico, constituido por geología en acción, es diseñado desde una genealogía de moral, en el sentido literal del término, incansable e incesante. Producidas por arborescencias conflictivas, las subjetividades son nómades, es decir, son libres y dinámicas. Como sabemos, las subjetividades se organizan mediante disposiciones maquínicas – como máquinas de guerra. Las máquinas de guerra representan la trama molecular del universo humano. La ética, la política y las ciencias del espíritu se vuelve una y la misma cosa aquí: máquinas de guerra interpretan su proyecto, constituyen el mundo humano al afectar la discriminación entre deseo y anti-deseo, entre libertad y necesidad. Y estos son otra vez rizomas y arborescencias – pero dotados de significado. Es la elección en la guerra la que determina el significado de la historicidad. ¿Pero qué es significado, en este horizonte completamente inmanente, en este escenario absolutamente no-teleológico? Es la expresión del deseo, la enunciación y organización del deseo como evento, como discriminación a cualquier trascendencia, como hostilidad frente a cualquier bloqueo del devenir. Políticamente, la máquina de guerra se define a sí misma como positividad, porque se posiciona contra el Estado. Deleuze-Guattari reinventaron las ciencias del espíritu al atacar los últimos vestigios de historicismo, de Hegelianismo y su concepción de un espíritu objetivo denegándose a sí mismo en el Estado. Frente al Estado, y en particular al Estado del capitalismo maduro, el orden molecular organiza espontáneamente un aparato molar , se torna necesariamente en un contra-poder: sociedad contra el Estado, o mejor aún, el conjunto de subjetividades deseantes y sus infinitas arborescencias, en el ritmo nomádico de sus apariciones, contra cualquier máquina fija, centralizadora y castradora. En realidad, es sólo desde un punto de vista pragmático que podemos aprehender y apreciar la subjetividad y el significado de la historicidad. El punto de vista que sostiene la nomadología es una genuina "filosofía de la praxis". Ser nómade en el orden de la historia fija y producida significa producir permanentemente

D- Desde este conjunto de consideraciones que originan una visión constitutiva del mundo, en la que cualquier subjetividad y evento tienen a la genealogía como su trama, podemos ahora retroceder y volver a examinar el marco ontológico general que nos ofrece Mil Mesetas. Mil planos de una misma superficie. Una superficie plena de hendiduras, rupturas, complicaciones y reconstrucciones: un territorio permanentemente limitado y plegado. Sólo una dirección, sólo una teleología: la creciente abstracción de las relaciones, que es propia de la complejidad de las arborescencias, el desarrollo de rizomas y la expansión de los conflictos. Una abstracción que es ella misma un territorio, un nuevo territorio, nuevamente cubierto de pliegues, sombras variadas y posibles alternativas. El poder del deseo se construye en la superficie de un territorio, y la transformación se repite indefinidamente. Este nuevo territorio es siempre productivo, infinitamente productivo. Es por esta razón que el mundo es un territorio que debe ser siempre territorializado, ocupado, reconstruido, habitado; una tensión que sólo puede satisfacer la intensidad de una acción creativa múltiple. En esta visión, la relación entre máquina y enunciación, entre ciencia y ontología, es global. La ciencia es constitutiva en tanto, para construirse, se proyecte siendo vivida. La ciencia construye planos de consistencia ontológica cada vez que el juego de funciones de enunciación se vuelve el objeto del pragmatismo, o se realice nuevamente en el evento; en una determinación. También la subjetividad se presenta en la superficie, como pliegue de la superficie. Pero conocemos qué presupone la luminosidad de ese fuerte evento, la producción de subjetividad: la disposición maquínica atravesando el conflicto, la enunciación del proyecto, la expresión del deseo, la realización del infinito en el evento. Aquí se está describiendo un nuevo mundo. Si cada filosofía asume y determina su propia fenomenología, una nueva fenomenología es enérgicamente afirmada aquí. Está caracterizada por el proceso que devuelve al mundo a la producción, producción de subjetividad, subjetividad al poder de deseo, el poder del deseo al sistema de enunciación, la enunciación a la expresión. Y viceversa. Es por dentro de la línea dibujada por el "viceversa", es decir, yendo de la

