Trayectos y devenires: Lo que dicen los niños.
Una concepción cartográfica es muy distinta de la concepción arqueológica del psicoanálisis. Éste vincula profundamente lo inconsciente a la memoria: es una concepción memorial, conmemorativa o monumental, que se refiere a personas y objetos, pues los medios no son más que ámbitos capaces de conservarlos, de identificarlos, de autentificarlos. Desde este punto de vista, la superposición de las capas está necesariamente atravesada por una flecha que va de arriba abajo y se va hundiendo. Por el contrario, los mapas se superponen de tal modo que cada cual encuentra un retoque en el siguiente, en vez de un origen en los anteriores: de un mapa a otro, no se trata de la búsqueda de un origen, sino de una evaluación de los desplazamientos. Cada mapa es una redistribución de callejones sin salida y de brechas, de umbrales y de cercados, que va necesariamente de abajo arriba. No sólo es una inversión de sentido, sino una diferencia de naturaleza: el inconsciente ya no tiene que ver con personas y objetos, sino con trayectos y devenires; ya no es un inconsciente de conmemoración, sino de movilización, cuyos objetos, más que permanecer sepultados bajo tierra, emprenden el vuelo.
Félix
«Los lapsus, los actos fallidos, los síntomas son como pájaros que llaman a picotazos en la ventana. No se trata de interpretarlos, sino más bien de identificar su trayectoria, ver si pueden servir de indicadores de nuevos universos de referencia susceptibles de adquirir una consistencia suficiente para invertir la situación.» Félix Guattari
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Esquizoanálisis. Grupo de estudio y producción.
La vida en los pliegues
Manada y contagio, contagio de manada, por ahí pasa el devenir-animal. El origen de las manadas es completamente distinto que el de las familias y los estados, y no cesan de minarlos, de perturbarlos desde afuera, con otras formas de contenido, otras formas de expresión. Estudiamos, producimos, cantamos, volvemos a leer, comemos, brindamos, reímos, estudiamos, hacemos protocolos de experimentación, leemos, escribimos, comentamos, producimos, brindamos, trabajamos. Plegamos.
Manada y contagio, contagio de manada, por ahí pasa el devenir-animal. El origen de las manadas es completamente distinto que el de las familias y los estados, y no cesan de minarlos, de perturbarlos desde afuera, con otras formas de contenido, otras formas de expresión. Estudiamos, producimos, cantamos, volvemos a leer, comemos, brindamos, reímos, estudiamos, hacemos protocolos de experimentación, leemos, escribimos, comentamos, producimos, brindamos, trabajamos. Plegamos.
Singularidad
La Singularidad es un elemento cualquiera que puede prolongarse hasta las proximidades de otro, de forma que se logre un empalme. Eso es una singularidad. Una singularidad es una firma, pero siempre de una multiplicidad, y está en determinado agenciamiento. Un agenciamiento, designa siempre una emisión y una distribución de singularidades.
Todo acontecimiento es una llovizna.
Si los infinitivos “morir”, “amar”, “moverse”, “sonreír”, etc., son acontecimiento, es porque hay algo de ellos que su cumplimiento no logra realizar, un devenir que no cesa de alcanzarnos a la vez y precedernos, como una tercera persona del infinitivo, una cuarta persona del singular. El amor está en el fondo de los cuerpos pero también está sobre esa superficie incorporal que lo hace surgir.
Diálogos Deleuze-Parnet
El puente Ōhashi en Atake bajo una lluvia repentina. Xilografía realizada por el pintor japonés Utagawa Hiroshige, perteneciente a la serie Cien famosas vistas de Edo. Mide 34 cm de alto y 22,5 cm de ancho. Fechada en 1857, actualmente se encuentra en el Brooklyn Museum of Art de Nueva York.
Japonaiserie: Puente bajo la lluvia (1887), de Vincent van Gogh, copia de la obra de Hiroshige.
Diálogos Deleuze-Parnet
El puente Ōhashi en Atake bajo una lluvia repentina. Xilografía realizada por el pintor japonés Utagawa Hiroshige, perteneciente a la serie Cien famosas vistas de Edo. Mide 34 cm de alto y 22,5 cm de ancho. Fechada en 1857, actualmente se encuentra en el Brooklyn Museum of Art de Nueva York.
Japonaiserie: Puente bajo la lluvia (1887), de Vincent van Gogh, copia de la obra de Hiroshige.
“La función esencial de toda obra de arte es para mí, provocar en quien hace uso de ella (pero primero en el propio autor en el momento de hacerla) una escapatoria al bloqueo que conlleva el condicionamiento del pensamiento”.
Jean Philippe Arthur Dubuffet (1901-1985) Pintor y escultor francés.
Pintura: Pisseur au mur (1945)
Jean Philippe Arthur Dubuffet (1901-1985) Pintor y escultor francés.
Pintura: Pisseur au mur (1945)
Devenir Paul Cézanne
Los paisajes de Cézanne,(1839-1906) fue un pintor francés postimpresionista, también inspiraron las primeras fases del cubismo.
Si hubiera diez personas en una colina y tomaran una fotografía desde el mismo punto de vista, sirviéndose de la misma cámara, los resultados serían idénticos. Si esas mismas diez personas se sentaran unos cuantos días para pintar esa vista, los resultados serían muy distintos: no solo por las dotes artísticas de cada uno, sino por la propia interpretación humana. Podemos contemplar la misma vista, pero no veremos lo mismo. Ante cualquier situación cada uno aportará su prejuicio, experiencia, gusto y conocimiento. Vemos lo que consideramos interesante e ignoramos aquello que no nos parece. Agenciamos de diferentes maneras. Las máquinas deseantes producen diferencias.
Pintura: Paul Cézanne Montaña Sainte-Victoire (1905)
Devenir Kafka
Nosotros no creemos sino en una política de Kafka, que no es ni imaginaria, ni simbólica. Nosotros no creemos sino en una máquina o máquinas de Kafka, que no son ni estructura ni fantasma. Nosotros no creemos sino en una experimentación de Kafka; sin interpretación, sin significancia, sólo protocolos de experiencia […] Un escritor no es un hombre escritor, sino un hombre político, y es un hombre máquina, y es un hombre experimental. (Deleuze y Guattari)
“Un día, el siglo será deleuziano”, fue la expresión de Michel Foucault en relación a un filósofo que marcó profundamente el pensamiento de la segunda mitad del siglo XX. Gilles, fue uno de los más extraordinarios oradores de su tiempo, y el más grande de quienes tenían por profesión enseñar la filosofía.
“Todavía no medimos hasta que punto barrió todo, movió todo, el lenguaje filosófico, la manera de hacer filosofía, la definición misma de la filosofía” Robert Maggiori (1996)
Bergsonismo y Hockney
Pintura: David Hockney. Garrowby hill 98.
I/M La tercera tesis de Bergson:
Si se intentara presentarla con una
fórmula brutal, se podría decir: además de que el instante es un corte inmóvil
del movimiento, el movimiento es un corte móvil de la duración, es decir, del
Todo o de un todo. Lo cual implica que el movimiento expresa algo más profundo:
el cambio en la duración o en el todo. Que la duración sea cambio, esto forma
parte de su propia definición: ella cambia y no cesa de cambiar. Por ejemplo,
la materia se mueve, pero no cambia. Ahora bien, el movimiento expresa un
cambio en la duración o en el todo. El problema está, por un lado, en esta
expresión y, por el otro, en la identificación todo-duración. El movimiento es
una traslación en el espacio. Ahora bien, cada vez que hay traslación de partes
en el espacio, hay también cambio cualitativo en un todo. En Materia y memoria
Bergson daba múltiples ejemplos. Un animal se mueve, pero no para nada: se
mueve para comer, para migrar, etc. Diríase que el movimiento supone una
diferencia de potencial, y que se propone colmarla. Sí considero abstractamente
partes o lugares, A y B, no comprendo el movimiento que va del uno al otro.
Pero estoy en A y tengo hambre, y en B hay alimento. Una vez que he llegado a B
y he comido, lo que ha cambiado no es sólo mi estado, es el estado del todo que
comprendía a B, A y todo lo que había entre los dos. Cuando Aquiles pasa a la
tortuga, lo que cambia es el estado del todo que comprendía a la tortuga, a
Aquiles y a la distancia entre ambos. El movimiento siempre remite a un cambio;
la migración, a una variación estacional. Y lo mismo sucede con los cuerpos: la
caída de un cuerpo supone otro que lo atrae, y expresa un cambio en el todo que
los comprende a los dos. Si se piensa en puros átomos, sus movimientos, que dan
fe de una acción recíproca de todas las partes de la materia, expresan
necesariamente modificaciones, perturbaciones, cambios de energía en el todo.
Lo que Bergson descubre más allá de la traslación es la vibración, la
irradiacíón. Nuestro error está en creer que lo que se mueve son elementos cualesquiera
exteriores a las cualidades. Pero las cualidades mismas son puras vibraciones
que cambian al mismo tiempo que se mueven los pretendidos elementos. En La
evolución creadora, Bergson da un ejemplo tan famoso que ya no distinguimos lo
que tiene de sorprendente. Dice que, cuando pongo azúcar en un vaso de agua,
“debo esperar a que el azúcar se disuelva”, Es de todas formas curioso, porque
Bergson parece olvidar que el movimiento de una cuchara puede apresurar esa
disolución. Pero, ¿qué quiere decir ante todo? Que el movimiento de traslación
que separa las partículas de azúcar y las pone en suspensión en el agua,
expresa a su vez un cambio en el todo, es decir, en el contenido del vaso, un
paso cualitativo del agua en la que hay azúcar al estado de agua azucarada. Si
la agito con la cuchara, acelero el movimiento, pero también cambio el todo que
incluye ahora a la cuchara, y el movimiento acelerado continúa expresando el
cambio del todo. «Los desplazamientos puramente superficiales de masas y de moléculas,
que estudian la física y ·la química», pasan a ser, «con respecto a ese
movimiento vital que se produce en profundidad, que es transformación y no ya
traslación, lo que la parada de un móvil es al movimiento de este móvil en el
espacio»". Así pues, en su tercera tesis, Bergson presenta la analogía
siguiente:
Cortes
inmóviles/movimiento
Movimiento como corte móvil/Cambio cualitativo
Con la única diferencia de que la
relación de la izquierda expresa una ilusión, y la de la derecha una realidad.
Lo principal que pretende decir Bergson con el vaso de agua azucarada es que mi
espera, cualquiera que sea, expresa una duración como realidad mental,
espiritual. Pero, ¿por qué esa duración espiritual da testimonio, no sólo para
mí que estoy esperando, sino también para un todo que cambia? Bergson decía: el
todo no está dado ni puede darse (y el error de la ciencia moderna, como de la
ciencia antigua, era darse el todo, de dos maneras diferentes). Muchos
filósofos habían dicho ya que el todo ni estaba dado ni podía darse; de ello
sólo sacaban la conclusión de que el todo era una noción desprovista de
sentido. La conclusión de Bergson es muy diferente: si el todo no se puede dar,
es porque es lo Abierto, y le
corresponde cambiar sin cesar o
hacer surgir algo nuevo; en síntesis, durar. «La duración del universo no tiene
sino que fundirse en uno con la libertad de creación que en él puede hallar
lugar. Y ello hasta el punto de que, cada vez que nos encontremos ante una
duración o dentro de una duración, podremos concluir en la existencia de un
todo que cambia, y que en alguna parte está abierto. Es bien conocido que
primero Bergson descubrió la duración como idéntica a la conciencia. Pero un
estudio más profundo de la conciencia lo indujo a demostrar que ella no existía
sino abriéndose a un todo, coincidiendo con la apertura de un todo. Lo mismo
para el ser viviente: cuando Bergson lo compara a un todo, o al todo del
universo, parece retomar la más vieja de las comparaciones. Sin embargo, él invierte completamente los
términos. Porque si el ser vivo es un todo, por tanto asimilable al todo del
universo. No es en cuanto sería un microcosmos tan cerrado como se supone lo
está el todo, sino, por el contrario, en cuanto está abierto a un mundo, y el
mundo, el universo, es él mismo lo Abierto. Allí donde algo vive, hay, abierto
en alguna parte, un registro en que el tiempo se inscribe.» Si hubiera que
definir el todo, se lo definiría por la Relación. Pues la relación no es una propiedad de los objetos, sino que siempre
es exterior a sus términos. Además es inseparable de lo abierto, y presenta una
existencia espiritual o mental. Las relaciones no pertenecen a los objetos,
sino al todo, a condición de no confundirlo con un conjunto cerrado de objetos.
Por obra del movimiento en el espacio, los objetos de un conjunto cambian de
posiciones respectivas. Pero, por obra de las relaciones, el todo se transforma
o cambia de cualidad. De la duración misma o del tiempo. Podemos decir que es
el todo de las relaciones. No ha de confundirse el todo, los «todos», con
conjuntos. Los conjuntos son cerrados, y todo lo que es cerrado está
artificialmente cerrado. Los conjuntos son siempre conjuntos de partes. Pero un
todo no es cerrado, es abierto; y no tiene partes, salvo en un sentido muy
especial, puesto que no se divide sin cambiar de naturaleza en cada etapa de la
división. «El todo real muy bien podría ser una continuidad indivisible"
El todo no es un conjunto cerrado, sino, por el contrario, aquello por lo cual
el conjunto nunca está absolutamente cerrado, nunca está completamente a
resguardo, aquello que lo mantiene abierto en alguna parte, como un firme hilo
que lo enlazara al resto del universo. El vaso de agua es efectivamente un
conjunto cerrado que encierra partes, el agua, el azúcar, quizá la cuchara:
pero el todo no está ahí. El todo se crea, y no cesa de crearse en una u otra
dimensión sin partes, como aquello que lleva al conjunto de un estado
cualitativo a otro diferente, como el puro devenir sin interrupción que pasa
por esos estados. Este es el sentido por el que el todo es espiritual o mental.
«El vaso de agua, el azúcar y el proceso de disolución del azúcar en el agua
son sin duda abstracciones, y el Todo en el que han sido recortados por mis
sentidos y mi entendimiento progresa tal vez a la manera de una conciencia. De
todas formas, ese recorte artificial de un conjunto o de un sistema cerrado no
es una pura ilusión. Tiene su fundamento y, si el vínculo de cada cosa con el
todo (ese vínculo paradójico que la enlaza con lo abierto) es imposible de
romper, al menos puede ser prolongado, estirado al infinito, y ser cada vez más
tenue. Es que la organización de la materia hace posible los sistemas cerrados
o los conjuntos determinados de partes; y el despliegue del espacio los torna
necesarios. Pero, precisamente, los conjuntos están en el espacio, y el todo,
los todos, están en la duración, son la duración misma en cuanto ésta no cesa
de cambiar. Ello hasta el punto de que las dos fórmulas que correspondían a la
primera tesis de Bergson adquieren ahora un carácter mucho más riguroso:
«cortes inmóviles + tiempo abstracto» remite a conjuntos cerrados, de los que
las partes son, en efecto, cortes inmóviles, y los estados sucesivos se
calculan según un tiempo abstracto; mientras que «movimiento real + duración
concreta» remite a la apertura de un todo que dura, y cuyos movimientos son
otros tantos cortes móviles atravesando los sistemas cerrados. Al cabo de esta
tercera tesis nos encontramos, de hecho, en tres niveles: 1) los conjuntos o
sistemas cerrados, que se definen por objetos discernibles o partes distintas;
2) el movimiento de traslación, que se establece entre estos objetos y modifica
su posición respectiva; 3) la duración o el todo, realidad espiritual que no
cesa de cambiar de acuerdo con sus propias relaciones. El movimiento tiene,
pues, dos caras, en cierto modo. Por una parte, es lo que acontece entre
objetos o partes; por la otra, lo que expresa la duración o el todo. El hace
que la duración, al cambiar de naturaleza, se divida en los objetos, y que los
objetos, al profundizarse, al perder sus contornos, se reúnan en la
duración.
Se dirá, por tanto, que el movimiento
remite los objetos de un sistema cerrado a la duración abierta. Y la duración,
a los objetos del sistema que ella fuerza a abrirse.
El movimiento remite los objetos
entre los cuales se establece al todo cambiante que él expresa, e inversamente.
Por el movimiento, el todo se divide en los objetos, y los objetos se reúnen en
el todo: y, entre ambos justamente, «todo» cambia. A los objetos o partes de un
conjunto, podemos considerarlos como cortes inmóviles; pero el movimiento se
establece entre estos cortes, y remite los objetos o partes a la duración de un
todo que cambia; expresa, pues, el cambio del todo en relación con los objetos,
él mismo es un corte móvil de la duración. Estamos así en condiciones de
comprender la profunda tesis del primer capítulo de Materia y memoria:
1) no
hay solamente imágenes instantáneas, es decir, cortes inmóviles del movimiento;
2) hay imágenes-movimiento que son cortes móviles de la duración;
3) por fin,
hay imágenes-tiempo, es decir, imágenes-duración, imágenes-cambio,
imágenes-relación, imágenes-volumen, más allá del movimiento mismo...
Henri-Louis Bergson (1859 – 1941)
«Tomamos vistas casi instantáneas sobre la realidad
que pasa, y, como ellas son características de esa realidad, nos basta con ensartarlas
a lo largo de un devenir abstracto, uniforme, invisible, situado al fondo del
aparato del conocimiento... La percepción, la intelección, el lenguaje proceden
en general así. Se trate de pensar el devenir, o de expresarlo, o incluso de
percibirlo, no hacemos otra cosa que accionar una especie de cinematógrafo
interior»
La verdadera crítica
El
proyecto más general de Nietzsche consiste en esto: introducir en filosofía los
conceptos de sentido y valor. Es evidente que la filosofía moderna, en gran
parte, ha vivido y vive aun de Nietzsche. Pero no quizás como él hubiera
deseado.Nietzsche no oculto nunca que la filosofía del sentido y de los valores
tenía que ser una crítica. Revelar que Kant no realizó la verdadera crítica,
porque no supo plantear el problema en términos de valores, es precisamente uno
de los móviles relevantes de la obra de Nietzsche. Pero lo que le sucedió a la
filosofía moderna es que la teoría de los valores engendró un nuevo conformismo
y nuevas sumisiones. Incluso la fenomenología ha contribuido con su método de
trabajo a poner una inspiración nietzscheana, a menudo presente en ella, al servicio
del conformismo moderno. Pero cuando se trata de Nietzsche, tenemos por el
contrario que partir del hecho siguiente: la filosofía de los valores, como él
la instaura y la concibe, es la verdadera realización de la crítica, la única
manera de realizar la crítica total, es decir, de hacer filosofía a ≪martillazos≫.
El
concepto de valor, en efecto, implica una inversión crítica.
Por
una parte, los valores aparecen o se ofrecen como principios: una valoración
supone valores a partir de los cuales esta aprecia los fenómenos. Pero, por
otra parte y con mayor profundidad, son los valores los que suponen
valoraciones, ≪puntos de
vista de apreciación≫,
de losque deriva su valor intrínseco.
El
problema crítico es el valor de los valores, la valoración de la que procede su
valor, o sea, el problema de su creación.
La evaluación se define como el elemento diferencial de los valores
correspondientes: a la vez elemento crítico y creador. Las valoraciones,
referidas a su elemento, no son valores, sino maneras de ser, modos de
existencia de los que juzgan y valoran, sirviendo precisamente de principios a
los valores en relación a los cuales juzgan. Esta es la razón por la que
tenemos siempre las creencias, los sentimientos y los pensamientos que
merecemos en función de nuestro modo de ser o de nuestro estilo de vida. Hay
cosas que no pueden decirse, sentir o concebirse, valores en los que solo puede
creerse a condición de valorar ≪bajo≫,de vivir y de pensar≪bajamente≫. He aquí lo esencial: lo alto y lo bajo, lo noble y lo vil no son valores, sino
representación del elemento diferencial del que deriva el valor de los propios
valores. Deleuze: Nietzsche y la
filosofía.
Taller de lectura de la obra de Deleuze
[Horizontal, público, abierto, gratuito, autónomo.]
Excelente espacio de Mariano Repossi
Cicatrices del vivir
Deleuze va a considerar que su
encuentro con Guattari es como el mar que viene a romper sobre una colina:
“Habría
que compararlo (a Félix) con un mar siempre móvil en apariencia, con destellos
de luz constantes. Puede saltar de una actividad a otra, duerme poco, viaja, no
se detiene. No cesa. Tiene velocidades extraordinarias. Yo sería como una
colina: me muevo muy poco, soy incapaz de llevar a cabo dos empresas juntas,
mis ideas son ideas fijas y los pocos movimientos que tengo son interiores.
Entre los dos, Félix y yo, hubiéramos sido un buen luchador japonés. Pero si se
mira a Félix más de cerca, uno se da cuenta que está solo. Entre dos
actividades o en medio de mucha gente puede sumergirse en una gran soledad.”
Escribe
Guattari (1992):
"Con la invención del dispositivo
analítico, la modelización freudiana marcó un enriquecimiento indudable en la
producción de subjetividad, una ampliación de sus constelaciones referenciales,
una nueva apertura pragmática. Pero rápidamente encontró sus límites con sus
concepciones familiaristas y universalizantes, con su práctica estereotipada de
la interpretación, pero sobre todo con su dificultad para tomar posición más
allá de la semiología lingüística. Mientras que el psicoanálisis conceptualiza
la psicosis a través de su visión de la neurosis, el esquizoanálisis aborda
todas las modalidades de subjetivación iluminadas por la expresión del ser en
el mundo de la psicosis".
Pero el
esquizoanálisis no es (como se dijo) un psicoanálisis psicótico. Para Guattari
la fractura esquizo es la vía regia para entrever emergencias de la fractalidad
del inconsciente.
Se acabaron las máquinas binarias: pregunta -respuesta, masculino-femenino, hombre-animal, etc. …..Una buena manera de leer hoy día sería tratar al libro como a una canción, ver una película, un programa de televisión; cualquier tratamiento especial del libro corresponde a otra época. Las cuestiones de dificultad o de comprensión no existen. Los conceptos son exactamente como los sonidos, los colores, las imágenes: intensidades que nos conviene o no, que pasan o no pasan. Pop’filosofía. Nada que comprender, nada que interpretar. Un encuentro quizás sea lo mismo que un devenir o que unas bodas.
Encontramos personas, movimientos, identidades, ideas, acontecimientos. Y aunque todas estas cosas tengan nombre propio, el nombre propio no designa ni a una persona, ni a un sujeto. ¿Designa un efecto o un zig-zag, algo que pasa o que sucede entre dos?. Es lo mismo que con los devenires; no es que un término devenga el otro, sino que cada uno encuentra el otro, un único devenir que no es para los dos, porque nada tiene que ver el uno con el otro sino que está entre los dos, que tiene su propia dirección. Ni método, ni reglas, ni recetas, tan sólo una larga preparación. Diálogos. Deleuze-Parnet
Encontramos personas, movimientos, identidades, ideas, acontecimientos. Y aunque todas estas cosas tengan nombre propio, el nombre propio no designa ni a una persona, ni a un sujeto. ¿Designa un efecto o un zig-zag, algo que pasa o que sucede entre dos?. Es lo mismo que con los devenires; no es que un término devenga el otro, sino que cada uno encuentra el otro, un único devenir que no es para los dos, porque nada tiene que ver el uno con el otro sino que está entre los dos, que tiene su propia dirección. Ni método, ni reglas, ni recetas, tan sólo una larga preparación. Diálogos. Deleuze-Parnet
Deleuze escribe:
En todos los dominios, hemos terminado por creer en una jerarquía que iría de lo simple a lo complejo, siguiendo una escala materia-vida-espíritu. Pero, quizás, al contrario, la materia sea más compleja que la vida, y la vida una simplificación de la materia. Tal vez los ritmos y las duraciones vitales no estén organizados y medidos por una forma espiritual sino que mantienen su articulación de adentro, de procesos moleculares que los atraviesan. En filosofía también hemos abandonado la pareja tradicional entre una materia pensable indiferenciada, y las formas de pensamiento del tipo categorías o grandes conceptos. Intentamos trabajar con materiales de pensamiento muy elaborados, para:
Volver pensables fuerzas que no son pensables por sí mismas
"Michel Foucault y el poder" de Gilles Deleuze
Michel Foucault y Gilles Deleuze se conocieron en 1952: Foucault impartía una conferencia y Deleuze, por entonces profesor de instituto, fue a escucharlo; cenaron juntos con un amigo común y no hablaron mucho. Un encuentro glacial y poco prometedor que, sin embargo, fue el origen de una de las amistades filosóficas más intensas del siglo xx, en virtud de la cual tanto Foucault le prestaba a Deleuze su apartamento en París como ambos discutían hasta la extenuación y, si hacía falta, se retiraban la palabra durante años.
No obstante, la profunda y mutua admiración se mantuvo siempre intacta, y tal vez por ello, pocos meses después de la muerte de Foucault, Deleuze decidió rendirle homenaje iniciando unos cursos universitarios sobre su obra. Las clases tuvieron lugar en el Departamento de Filosofía de la Universidad de París 8, que ambos habían creado juntos en 1968, negándose a realizar exámenes y a establecer calificaciones (la universidad les retiró la posibilidad de conceder diplomas, pero a nadie le importó). Mejor contexto imposible, por tanto, para impartir un seminario sobre la teoría del poder de Michel Foucault, inédito hasta la fecha en nuestra lengua, y cuya primera parte presentamos ahora. En él Deleuze expone, analiza, escudriña e interpreta la noción de «poder» propuesta por Foucault, su relación indisociable con la de «saber» y su importancia radical para entender las nuevas teorías y prácticas de lucha y resistencia que se han hecho presentes en nuestro mundo desde finales de los años sesenta, y cuyo ciclo se reactiva en nuestros días.
Más información: http://traficantes.net/
La vida en los pliegues
Una vida para Deleuze es una condensación en un solo y mismo
acontecimiento.
Esta
condensación, esta síntesis, para Deleuze es un Pliegue.
Guattari y Lacan
Una de las cuestiones claves de la relación entre Lacan y Guattari será
la postura ante el significante. El papel central del significante para el
estructuralismo, es una de las críticas de Guattari. También el esfuerzo por
matematizar el inconsciente de forma sistemática, anulando (según Félix) la
riqueza del inconsciente Freudiano, abierto al mito y al sueño. Por
otro lado, la reducción Lacaniana de la pluralidad de semióticas en beneficio
de la lingüística. No se trata para Guattari de quitarle importancia al
significante, desde ya que la tiene, pero no se puede pensar en términos de
universales.
Sin embargo y a pesar de la crítica del antiedipo, Guattari nunca descalifico de manera total a Lacan.

Sin embargo y a pesar de la crítica del antiedipo, Guattari nunca descalifico de manera total a Lacan.

El
objeto de nuestros ataques no es la ideología del psicoanálisis sino el
psicoanálisis en cuanto tal, tanto en su práctica como en su teoría. Y no hay,
en este aspecto, contradicción alguna en sostener que el psicoanálisis es algo
extraordinario y, al mismo tiempo, que desde el principio marcha en una
dirección errónea. El giro idealista está presente desde el comienzo. Pero no
es contradictorio: aunque la putrefacción ya está en el origen, en ella crecen
espléndidas flores. Lo que nosotros llamamos idealismo en el psicoanálisis es
todo un sistema de proyecciones y reducciones propias de la teoría y de la
práctica del análisis: reducción de la producción deseante a un sistema de
representaciones llamadas inconscientes, y a las formas de motivación, de
expresión y de comprensión correspondientes; reducción de la fábrica del
inconsciente a un escenario dramático, Edipo o Hamlet; reducción de las catexis
sociales de la libido a catexis familiares, desviación del deseo hacia
coordenadas familiaristas, Edipo, una vez más. No queremos decir que el
psicoanálisis haya inventado a Edipo. Se limita a responder a la demanda, cada
cual se presenta con su Edipo. El psicoanálisis no hace más que elevar Edipo al
cuadrado –un Edipo de transferencia, un Edipo de Edipo– en la ciénaga del
diván. Pues, ya sea familiar o analítico, Edipo es fundamentalmente un aparato
de represión de las máquinas deseantes, en absoluto una formación propia del
inconsciente en cuanto tal. Tampoco deseamos sostener que Edipo, o sus
equivalentes, varíen según las formaciones sociales consideradas. Estamos más
inclinados a creer, como los estructuralistas, que se trata de una constante.
Pero es la constante de una desviación de las fuerzas del inconsciente. Por eso
atacamos a Edipo: no en nombre de unas sociedades que no implicarían a Edipo,
sino debido a la sociedad que lo implica de un modo eminente, la nuestra, la
capitalista. No atacamos a Edipo en nombre de ideales pretendidamente
superiores a la sexualidad, sino en nombre de la propia sexualidad, que no se
reduce al “sucio secretito de familia”. No establecemos diferencia alguna entre
las variaciones imaginarias de Edipo y la constante estructural, puesto que se
trata en ambos extremos del mismo atolladero, del mismo avasallamiento de las
máquinas deseantes. Lo que el psicoanálisis llama la solución o la disolución
de Edipo es en extremo cómico, ya que se trata precisamente de la puesta en
marcha de la deuda infinita, el análisis interminable, la epidemia edípica, su
transmisión de padres a hijos. Cuánto desatino, cuántas estupideces han podido
decirse en nombre de Edipo, especialmente a propósito de los niños. Una
psiquiatría materialista es aquella que introduce la producción en el deseo y
viceversa, la que introduce al deseo en la producción. El delirio no remite al
padre, ni siquiera al nombre del padre, sino a todos los nombres de la
Historia. Es algo así como la inmanencia de las máquinas deseantes en las
grandes máquinas sociales. Es la ocupación del campo social histórico por parte
de las máquinas deseantes. Lo único que el psicoanálisis ha comprendido de la
psicosis es su línea “paranoica”, la que conduce a Edipo, a la castración y a
todos esos aparatos represivos que se han inyectado en el inconsciente. Pero el
fondo esquizofrénico del delirio, la línea “esquizofrénica” que diseña un campo
ajeno a la familia, se le ha escapado por completo. Foucault decía que el
psicoanálisis seguía siendo sordo a la voz de la sinrazón. Y, efectivamente, el
psicoanálisis lo neurotiza todo y, mediante tal neurotización, no contribuye
únicamente a producir esa neurosis cuya curación es interminable, sino al mismo
tiempo a reproducir al psicótico como aquel que se resiste a la edipización.
Carece por completo de una posibilidad de acceso directo a la esquizofrenia. Y
pierde igualmente la naturaleza inconsciente de la sexualidad debido a su
idealismo, al idealismo familiarista y teatral. F. Guattari
Del acontecimiento
“Ser dignos
del acontecimiento” Quizás
es la frase que más se aproxime a la filosofía de Deleuze. Los acontecimientos
nos esperan, nos aspiran, nos hacen señales, y se efectúan en nosotros. Pero a
veces no somos dignos de ellos y en ello no radica ninguna moral. No ser
indigno de lo que nos sucede, captar lo que nos sucede. Superar el
resentimiento contra el acontecimiento. Lo inmoral en Deleuze, es cualquier
utilización de las nociones morales, justo, injusto, mérito, falta.
¿Qué es querer el
acontecimiento?
Es querer
una voluntad!
No es lo que sucede lo que quiero, sino algo en
lo que sucede.
Es un cambio en la voluntad, un salto
sobre el mismo cuerpo.
Es algo por venir justamente en lo que sucede.
El sentido, será el
esplendor del acontecimiento, su estallido. Un puro expresado que nos hace
señas, nos espera.
Bacon y Velázquez
Deleuze plantea dos formas de superar la figuración:
1: Hacia la forma abstracta
2: Hacia la figura
Para Bacon, la figura es lo contrario a la forma referida a un objeto que se supone representar (figuración).
Deleuze dice que de todos los clásicos, Velázquez ha sido,
sin duda, el más prudente, de una inmensa prudencia: hacía pasar sus extraordinarias
audacias manteniendo firmemente las coordenadas de la representación, asumiendo firmemente el rol de un
documentalista... ¿Qué hace que Bacon, en relación con Velázquez, lo tome como
maestro? ¿Por qué declara su duda y su
descontento cuando piensa en su reanudación del retrato de Inocencio X? De
cierta manera, Bacon ha histerizado todos los elementos de Velázquez. Es
necesario no sólo comparar los dos Inocencio X, el de Velázquez y el de Bacon
que lo transforma en papa que grita. Es necesario comparar el de Velázquez con
el conjunto de la obra de los cuadros de Bacon.
Francis Bacon: Sólo la he
visto en foto, nunca vi esta pintura de Velázquez en Roma que tanto me ha
influenciado en su momento. El retrato del Papa...
- ¿Inocencio X?
- Sí, me pide que
explique la pintura y no se puede. Un cuadro que ha impresionado a todos los
pintores. Uno de los mejores del mundo.
- ¿En aquel tiempo era ilustración?
- ... en aquel tiempo
no estaba el cine, ni la televisión, ni tan sólo la fotografía... Estaban
forzados a hacer este tipo de ilustración... Pero como la hizo tan magnífica...
Uso las fotos como un diccionario, no para copiarlas, como hacen los
hiperrealistas... simplemente como un diccionario, de referencia.
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Gilles y Félix
Mil mesetas
Bibliografía de Gilles Deleuze en castellano
DELEUZE, Gilles, Empirismo y Subjectividad (Madrid: Gedisa, 1981) tr. Hugo Acevedo. Prefacio de Oscar Masotta.
DELEUZE, Gilles, Nietzsche y la filosofia (Barcelona: Editorial Anagrama, 1971) tr. Carmen Artal.
DELEUZE, Gilles, La filosofía Crítica de Kant tr. Francisco Monge, en Deleuze, Spinoza, Kant, Nietzsche (Barcelona: Editorial Labor, 1974).
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DELEUZE, Gilles, Presentacion de Sacher-Masoch (Madrid: Taurus, 1973) tr. A.M. García Martínez.
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DELEUZE, Gilles, Spinoza y el problema de la expresión (Barcelona: Muchnik Editores, 1975) tr. Horst Vogel.
DELEUZE, Gilles, Lógica del sentido (Barcelona: Barral, 1970) tr. Ángel Abad. Nueva traducción (Barcelona: Paidós, 1989) tr. Miguel Morey y Víctor Molina.
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DELEUZE, Gilles, Proust y los signos (Barcelona: Anagrama, 1972) tr. Francisco Monge.
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DELEUZE, Gilles, "Tres problemas de grupo" en Guattari, Psicoanálisis y transversalidad tr. Fernando Hugo Azcurra (México: Siglo XXI, 1976) pp.9-21.
DELEUZE, Gilles, "Los entelectuales y el poder" tr. Julia Varela and Fernando Álvarez-Uría en Foucault, Microfísica del poder (Madrid: La Piqueta, 1978), pp.77-86.
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DELEUZE, Gilles, Kafka: Por una literatura menor (Mexico: Ediciones Era, 1978) tr. Jorge Aguilar.
DELEUZE, Gilles, "Escritor no: un nuevo cartógrafo" en Liberación 6 (Dec. 30, 1984), pp.14-15.
DELEUZE, Gilles, Rizoma (Valencia: Pre-Textos, 1984) tr. Victor Navarro y C. Casillas.
DELEUZE, Gilles, Diálogos (Valencia: Pre-Textos, 1980) tr. José Vázquez Pérez.
DELEUZE, Gilles, Política y Psicoanálisis (Mexico: Ediciones Terra Nova, 1980) tr. Raymundo Mier.
DELEUZE, Gilles, "Nietzsche y San Pablo, Lawrence y Juan de Patmos" tr. Ernesto Hernández en El vampiro pasivo 12 (1994), p.21ff.
DELEUZE, Gilles, "Filosofía y memoria" tr. Libia Moez y Gerardo Ramírez en El vampiro pasivo 7-8, p.12.
DELEUZE, Gilles, con Félix Guattari, Mil mesetas (Valencia: Pre-Textos, 1988) tr. José Vázquez Pérez y Umbelena Larraceleta.
DELEUZE, Gilles, Spinoza: Filosofía práctica (Barcelona: Tusquets, 1984) tr. Antonio Escohotado.
DELEUZE, Gilles, La imagen-movimiento: Estudios sobre cine 1 (Barcelona: Paidós, 1984) tr. Irene Agoff.
DELEUZE, Gilles, La imagen-tiempo: Estudios sobre cine 2 (Barcelona: Paidós, 1986) tr. Irene Agoff.
DELEUZE, Gilles, Foucault (Barcelona: Paidós Studio, 1987) tr. José Vázquez Pérez. Prefacio de Miguel Morey.
DELEUZE, Gilles, El Pliegue: Leibniz y el barroco (Barcelona: Paidós, 1989) tr. José Vázquez Pérez y Umbelena Larraceleta.
DELEUZE, Gilles, Pericles y Verdi (Valencia: Pre-Textos, 1989) tr. Umbelena Larraceleta y José Vázquez Pérez.
DELEUZE, Gilles, "¿Qué es un dispositivo?" en Michel Foucault filosofo (Barcelona: Gedisa editorial, 1990) tr. Alberto Bixio.
DELEUZE, Gilles, Conversaciones (Valencia: Pre-Textos, 1995) tr. José Luis Pardo.
DELEUZE, Gilles, "Tener una idea en cine" tr. Jorge Terré en Archipiélago 22 (otoño 1995), pp.52-59.
DELEUZE, Gilles, ¿Qué es la filosofía? (Barcelona: Editorial Anagrama, 1993) tr. Thomas Kauf.
DELEUZE, Gilles, "Para Félix" en Archipiélago 17 (1994) tr. Angels Hernyo Campo [Jordi Terré].
DELEUZE, Gilles, Critica y Clínica (Barcelona: Editorial Anagrama, 1996) tr. Thomas Kauf.
DELEUZE, Gilles, La isla desierta y otros textos (1953-1974) pre-textos 2005
DELEUZE, Gilles, Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995) pre-textos 2007
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