Leyendo el Nietzsche de Gilles: Desarrollo del resentimiento


El análisis nos ha hecho pasar de un primer a un segundo aspecto del resentimiento. Cuando Nietzsche hable de la mala conciencia distinguirá explícitamente dos aspectos: un primer aspecto en el que la mala conciencia está «en estado bruto», es pura materia o «no mucho más que una cuestión de psicología animal»; un segundo aspecto sin el que la mala conciencia no sería lo que es, momento que saca partido de esta materia previa y la conduce a tomar forma. Esta distinción corresponde a la topología y a la tipología. Y todo indica que vale también para el resentimiento. También el resentimiento tiene dos aspectos o dos momentos. Uno, topológico, cuestión de psicología animal, constituye el resentimiento como materia bruta: expresa la forma en que las fuerzas reactivas se sustraen a la acción de las fuerzas activas (desplazamiento de las fuerzas reactivas, invasión de la conciencia por la memoria de las huellas). El segundo, tipológico, expresa la manera en que toma forma el resentimiento: la memoria de las huellas se convierte en un carácter típico, porque encarna el espíritu de venganza y conduce una empresa de perpetua acusación; entonces las fuerzas reactivas se oponen a las fuerzas activas y las separan de lo que pueden (inversión de la relación de fuerzas, proyección de una imagen reactiva). Obsérvese que la sublevación de las fuerzas reactivas no sería todavía un triunfo, o que este triunfo local no sería todavía un triunfo completo, sin este segundo aspecto del resentimiento. Obsérvese también que en ninguno de los dos casos las fuerzas reactivas triunfan formando una fuerza mayor que la de las fuerzas activas: en el primer caso todo sucede entre fuerzas reactivas (desplazamiento); en el segundo, las fuerzas reactivas separan a las fuerzas activas de lo que pueden, pero por una ficción, por una mixtificación (inversión por proyección). A partir de aquí, quedan por resolver dos problemas para comprender el conjunto del resentimiento: 1.º ¿Cómo producen esta ficción las fuerzas reactivas? 2.º ¿Bajo qué influencia la producen? Es decir: ¿quién hace pasar las fuerzas reactivas de la primera a la segunda etapa? ¿quién elabora la materia del resentimiento? ¿quién adiestra al resentimiento, quién es el «artista» del resentimiento? Las fuerzas no son separables del elemento diferencial del que deriva su cualidad. Pero las fuerzas reactivas ofrecen una imagen invertida de este elemento: la diferencia de las fuerzas, vista desde el lado de la reacción, se convierte en oposición de las fuerzas reactivas y las fuerzas activas. Bastaría entonces que las fuerzas reactivas tuvieran ocasión de desarrollar o de proyectar esta imagen para que la relación de las fuerzas y de los valores que corresponden a esta relación, fueran, a su vez, invertidas. Y esta ocasión se les presenta al mismo tiempo que hallan la manera de sustraerse a la actividad. Al dejar de ser activadas, las fuerzas reactivas proyectan la imagen invertida. Y esta proyección reactiva es lo que Nietzsche llama una ficción: ficción de un mundo suprasensible en oposición a este mundo, ficción de un Dios en contradicción con la vida. Nietzsche distingue esta ficción del poder activo del sueño, e incluso de la imagen positiva de dioses que afirman y glorifican la vida: «Mientras el mundo de los sueños refleja la realidad, el mundo de las ficciones no hace más que falsearla, depreciarla y negarla». La ficción es quien preside toda la evolución del resentimiento, es decir, las operaciones por las que, simultáneamente, la fuerza activa se separa de lo que puede (falsificación), acusada y tratada como culpable (depreciación), invertidos los valores correspondientes (negación). Es por esta ficción, en esta ficción, donde las fuerzas reactivas se representan como superiores. «Para poder decir no en respuesta a todo lo que representa el movimiento ascendente de la vida, a todo lo bien nacido, poder, belleza, afirmación de uno mismo sobre la tierra, ha sido necesario que el instinto del resentimiento, convertido en genio, se inventara otro mundo, desde el que esta afirmación de la vida se nos ha aparecido como el mal, la cosa repromable en sí». Fue necesario que el resentimiento se convirtiese en «genio». Fue necesario un artista de ficción, capaz de aprovecharse de la ocasión, y de dirigir la proyección, de conducir la acusación, de operar la inversión. No creemos que el paso del resentimiento de un momento al otro, por muy rápido y preciso que sea, se reduzca a un simple encadenamiento mecánico. Se requiere la intervención de un artista genial. La pregunta nietzscheana: «¿Quién?» resuena más presente que nunca. «La Genealogía de la moral contiene la primera psicología del sacerdote». El que adiestra al resentimiento, el que lleva la acusación y conduce cada vez más lejos la empresa de venganza, el que se atreve a invertir los valores, es el sacerdote. Y particularmente el sacerdote judío, el sacerdote bajo su forma judaica. Él, maestro en dialéctica, es quien da al esclavo la idea del silogismo reactivo. Él es quien forja las premisas negativas. Él es quien concibe el amor, un nuevo amor que los cristianos se toman por su cuenta, como la conclusión, la coronación, la flor venenosa de un increíble odio. Él es quien empieza diciendo: «Sólo los miserables son los buenos; los que sufren, los necesitados, los enfermos, los deformes son también los únicos piadosos, los únicos bendecidos por Dios; sólo a ellos pertenecerá la beatitud. Y al contrario, vosotros, los que sois nobles y poderosos, sois desde la eternidad los malos, los crueles, los ávidos, los insaciables, los impíos y, eternamente, seguiréis siendo también los reprobados, los malditos y los condenados». Sin él, el esclavo jamás habría sabido elevarse por encima del estado bruto del resentimiento. A partir de aquí, para apreciar correctamente la intervención del sacerdote, hay que ver de qué forma se ha hecho cómplice de las fuerzas reactivas, pero únicamente cómplice, sin confundirse con ellas. Asegura el triunfo de las fuerzas reactivas, necesita este triunfo, pero sigue un fin que no se confunde con el suyo. Su voluntad es voluntad de poder, su voluntad de poder es el nihilismo. Que el nihilismo, el poder de negar, tenga necesidad de las fuerzas reactivas, es una premisa fundamental pero que tiene también su recíproca: el nihilismo, el poder de negar, es quien conduce al triunfo a las fuerzas reactivas. Este doble juego da al sacerdote judío una profundidad y una ambivalencia inigualables: «Toma libremente partido por una profunda inteligencia de conservación, por todos los instintos de decadencia, sin estar dominado por ellos, pero ha adivinado en ellos un poder que podría conducirle contra el mundo». Más adelante volveremos sobre aquellas célebres páginas en las que Nietzsche trata del judaísmo y del sacerdote judío. Estas páginas han suscitado a menudo las más dudosas interpretaciones. Se sabe que los nazis tuvieron relaciones ambiguas con la obra de Nietzsche: ambiguas, porque les gustaba utilizarla, pero no podían hacerlo sin despedazar citas, falsificar ediciones, prohibir textos principales. Como revancha, el propio Nietzsche no tenía relaciones ambiguas con el régimen bismarckiano. Y menos aún con el pangermanismo y el antisemitismo. Los despreciaba, los odiaba. «No frecuentar a nadie que esté implicado en esta fumistería desvergonzada de las razas». Y el grito del corazón: «Pero en fin, ¡qué creéis que siento cuando el nombre de Zarathustra sale de la boca de los antisemitas!». Para comprender el sentido de las reflexiones nietzscheanas sobre el judaísmo, hay que recordar que la cuestión judía» se había convertido, en la escuela hegeliana, en un tema dialéctico por excelencia. También aquí, Nietzsche vuelve a tratar el problema, pero conforme a su propio método. Pregunta: ¿cómo se ha constituido el sacerdote en la historia del pueblo judío? ¿en qué condiciones se ha constituido, condiciones a que se revelarán decisivas para el conjunto de la historia europea? Nada es más sorprendente que la admiración de Nietzsche por los reyes de Israel y del Antiguo Testamento. El problema judío y el problema de la constitución del sacerdote en este mundo de Israel es una misma cosa: éste es el verdadero problema de naturaleza tipológica. Por eso Nietzsche insiste tanto en el punto siguiente: soy el inventor de la psicología del sacerdote. Es cierto que en Nietzsche no faltan consideraciones raciales. Pero la raza no interviene más que como elemento en un cruzamiento, como factor en un complejo fisiológico, a la vez que psicológico, político, histórico y social. Semejante complejo es precisamente lo que Nietzsche llama un tipo. El tipo del sacerdote, éste es el único problema para Nietzsche. Y este mismo pueblo judío que, en un momento determinado de su historia, supo hallar sus condiciones de existencia en el sacerdote, es hoy el pueblo más apto para salvar a Europa, para protegerla contra sí misma, inventando nuevas condiciones. No pueden leerse las páginas de Nietzsche sobre el judaísmo sin evocar lo que escribía a Fritsch, autor antisemita y racista: «Le ruego que tenga a bien no enviarme más sus publicaciones: temo por mi paciencia».

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Bibliografía de Gilles Deleuze en castellano

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