A lo largo de esta filosofía de la historia y de la religión no vamos a encontrar ninguna cita, ni siquiera ninguna caricatura de las concepciones de Hegel. La relación es más profunda, la diferencia es más profunda. Dios ha muerto, Dios se ha hecho Hombre, el Hombre se ha hecho Dios: Nietzsche, a diferencia de sus predecesores, no cree en esta muerte. No apuesta sobre esta cruz. Es decir: no hace de esta muerte un acontecimiento que posea santidad en sí. La muerte de Dios tiene tanto sentido como fuerzas capaces de apoderarse de Cristo y de hacerlo morir; pero, precisamente, aún esperamos a las fuerzas o al poder que llevarían a esta muerte hasta su grado superior, y harían de esta muerte algo distinto a una muerte aparente y abstracta. Contra todo el romanticismo, contra toda la dialéctica, Nietzsche desconfía de la muerte de Dios. Con él desaparece la edad de la ingenua confianza, en la que tan pronto se celebraba la reconciliación del hombre con Dios, como la sustitución de Dios por el hombre. Nietzsche no tiene fe en los grandes hechos febriles. Un hecho requiere mucho silencio y tiempo hasta que halla finalmente las fuerzas que le proporcionan una esencia. Sin duda, también para Hegel, se requiere tiempo para que un hecho consiga su verdadera esencia. Pero este tiempo sólo es necesario para que el sentido, tal como es «en sí», se convierta también en «por sí». La muerte de Cristo interpretada por Hegel significa la oposición superada, la reconciliación de lo finito y de lo infinito, la unidad de Dios y del individuo, de lo inmutable y de lo particular; y la conciencia cristiana tendrá que pasar por otras figuras de la oposición hasta que esta unidad se convierta también por sí misma en lo que ya es en sí. El tiempo del que habla Nietzsche, al contrario, es necesario para la formación de fuerzas que concedan a la muerte de Dios un sentido que no poseía en sí, que le aporten una esencia determinada como el espléndido regalo de la exterioridad. En Hegel, la diversidad de los sentidos, la elección de la esencia, la necesidad del tiempo, son otras tantas apariencias. Universal y singular, inmutable y particular, infinito y finito, ¿qué es todo esto? Sólo síntomas. ¿Quién es este particular, este singular, este finito? y, ¿qué es este universal, este inmutable, este infinito? Uno es sujeto, pero, ¿quién es este sujeto, qué fuerzas? Otro es predicado u objeto, pero, ¿de qué voluntad es «objeto»? La dialéctica no llega ni siquiera a aflorar la interpretación, no sobrepasa jamás el ámbito de los síntomas. Confunde la interpretación con el desarrollo del síntoma no interpretado. Por eso, en materia de desarrollo y de cambio, no concibe nada más profundo que una permutación abstracta, en la que el sujeto se convierte en predicado, y el predicado pasa a ser sujeto. Pero el que es sujeto y el que es predicado no han cambiado, al final aparecen tan poco determinados como al principio, lo menos interpretados posible; todo ha sucedido en las regiones medias. No podemos asombrarnos de que la dialéctica proceda por oposición, desarrollo de la oposición o contradicción. La dialéctica ignora el elemento real del que proceden las fuerzas, sus cualidades y sus relaciones; de este elemento conoce tan sólo la imagen invertida que se refleja en los síntomas considerados en abstracto. La oposición puede ser la ley de la relación entre los productos abstractos, pero la diferencia es el único principio de génesis o de producción, el que produce la oposición como simple apariencia. La dialéctica se nutre de oposiciones porque ignora los mecanismos diferenciales diversamente sutiles y subterráneos: los desplazamientos topológicos, las variaciones tipológicas. En un ejemplo grato a Nietzsche se observa con mucha claridad: toda su teoría de la mala conciencia debe ser entendida como una reinterpretación de la conciencia infeliz hegeliana; esta conciencia, aparentemente destrozada, halla su sentido en las relaciones diferenciales de fuerzas que se ocultan bajo fingidas oposiciones. De igual modo, la relación del cristianismo con el judaísmo no deja subsistir la oposición, más que como cubierta y como pretexto. Destituida de todas sus ambiciones, la oposición deja de ser formativa, motriz y coordinadora: un síntoma, sólo un síntoma para interpretar. Destituida de su pretensión de rendir cuentas de la diferencia, la contradicción aparece tal cual es: perpetuo contrasentido sobre la propia diferencia, confusa inversión de la genealogía. En verdad, desde el punto de vista del genealogista, el trabajo de lo negativo es sólo una grosera aproximación a los juegos de la voluntad de poder. Al considerar los síntomas en abstracto, al hacer del movimiento de la apariencia la ley genética de las cosas, al no retener del principio más que una imagen invertida, toda la dialéctica opera y se mueve en el elemento de la ficción. ¿Cómo no van a ser ficticias sus soluciones, si los propios problemas son ficticios? De ninguna ficción deja de hacerse un momento del espíritu, uno de sus propios momentos. Andar con los pies en el aire no es algo que un dialéctico pueda reprochar a otro, es el carácter fundamental de la propia dialéctica. En esta posición, ¿cómo puede conservar una mirada crítica? La obra de Nietzsche va dirigida contra la dialéctica de tres maneras: la dialéctica desconoce el sentido, porque ignora la naturaleza de las fuerzas que se apropian concretamente de los fenómenos; desconoce la esencia, porque ignora el elemento real del que derivan las fuerzas, sus cualidades y sus relaciones; desconoce el cambio y la transformación, porque se contenta con operar permutaciones entre términos abstractos e irreales. Todas estas insuficiencias tienen un mismo origen: la ignorancia de la pregunta: ¿Quién? Siempre el mismo desprecio socrático por el arte de los sofistas. Se nos anuncia a la manera hegeliana que el hombre y Dios se reconcilian, y también que la religión y la filosofía se reconcilian. Se nos anuncia a la manera de Feuerbach que el hombre ocupa el lugar de Dios, que recupera lo divino como su propio bien o su esencia, y también que la teología se convierte en antropología. Pero, ¿quién es hombre y qué es Dios? ¿quién es particular, qué es lo universal? Feuerbach dice que el hombre ha cambiado, que se ha hecho Dios; Dios ha cambiado, la esencia de Dios se ha convertido en la esencia del hombre. Pero el que es Hombre no ha cambiado; el hombre reactivo, el esclavo, que no deja de ser esclavo por presentarse como Dios, siempre el esclavo, máquina de fabricar lo divino. Lo que es Dios tampoco ha cambiado: siempre lo divino, siempre el Ser supremo, máquina de fabricar esclavos. Lo que ha cambiado, o mejor dicho, lo que ha intercambiado sus determinaciones es el concepto intermediario, son los términos medios que lo mismo pueden ser sujeto o predicado uno de otro: Dios o el Hombre. Dios se hace Hombre, el Hombre se convierte en Dios. Pero, ¿quién es Hombre? Siempre el ser reactivo, el representante, el sujeto de una vida débil y depreciada. ¿Qué es Dios? Siempre el Ser supremo como medio de depreciar la vida, «objeto» de la voluntad de la nada, «predicado» del nihilismo. Antes y después de la muerte de Dios, el hombre sigue siendo «quién es» como Dios sigue siendo «lo que es»: fuerzas reactivas y voluntad de la nada. La dialéctica nos anuncia la reconciliación del Hombre con Dios. Pero, ¿qué es esta reconciliación, sino la vieja complicidad, la vieja afinidad de la voluntad de la nada con la vida reactiva? La dialéctica nos anuncia la sustitución de Dios por el Hombre. Pero, ¿qué es esta sustitución, sino la vida reactiva en el lugar de la voluntad de la nada, la vida reactiva produciendo ahora sus propios valores? En este punto, parece que toda la dialéctica se mueva en los límites de las fuerzas reactivas, que evolucione totalmente hacia la perspectiva nihilista. Precisamente, existe un punto de vista desde el que la oposición aparece como el elemento genético de la fuerza; es el punto de vista de las fuerzas reactivas. Visto desde el lado de las fuerzas reactivas, el elemento diferencial está invertido, reflejado al revés, convertido en oposición. Existe una perspectiva que opone la ficción a lo real, que desarrolla la ficción como el medio por el que triunfan las fuerzas reactivas; es el nihilismo, la perspectiva nihilista. El trabajo de lo negativo está al servicio de una voluntad. Basta preguntar: ¿cuál es esta voluntad? para presentir la esencia de la dialéctica. El descubrimiento grato a la dialéctica es la conciencia infeliz, el profundizamiento de la conciencia infeliz, la solución de la conciencia infeliz, la glorificación de la conciencia infeliz y de sus recursos. Las fuerzas reactivas son las que se expresan en la oposición, la voluntad de la nada la que se expresa en el trabajo de lo negativo. La dialéctica es la ideología natural del resentimiento, de la mala conciencia. Es el pensamiento en la perspectiva del nihilismo y desde el punto de vista de las fuerzas reactivas. Del principio al fin está fundamentalmente pensada como cristiana: impotente para crear nuevas formas de pensar, nuevas maneras de sentir. La muerte de Dios, gran acontecimiento dialéctico y ardiente; pero acontecimiento que se queda en el estrépito de las fuerzas reactivas, en el humo del nihilismo.
Lectura anterior: Dios ha muerto
Próxima lectura: Los avatares de la dialéctica
Godard
Él ha estado siempre solo. Godard nunca ha tenido éxito en el cine, al contrario de lo que nos quieren hacer creer quienes dicen: “Ha cambiado, ha dejado de funcionar a partir de tal momento”. Son los mismos que ya le odiaban al principio. Godard se ha adelantado a todo el mundo y a todos ha marcado, pero no por la vía del éxito sino más bien siguiendo su propia línea, una línea de fuga activa, una línea quebrada en todo momento, en zigzag, una línea subterránea.Hay una hermosa fórmula de Godard: no una imagen justa, sino justamente una imagen. También los filósofos deberían decir y hacer lo mismo: no ideas justas, sino justamente ideas. Porque las ideas justas son siempre ideas que se ajustan a las significaciones dominantes o a las consignas establecidas, son ideas que sirven para verificar tal o cual cosa, incluso aunque se trate de algo futuro, incluso aunque se trate del porvenir de la revolución. Mientras que “justamente ideas” implica un devenir presente, un tartamudeo de las ideas que no puede expresarse sino a modo de preguntas que cierran el paso a toda respuesta. O bien mostrar algo simple, pero que quiebra todas las demostraciones.
Cuando decir es hacer...
Eso es lo que ocurre cuando el balbuceo ya no se ejerce sobre unas palabras preexistentes, sino que él mismo introduce las palabras a las que afecta; éstas ya no existen independientemente del balbuceo que las selecciona y las vincula por sí mismo. Ya no es el personaje el que es un tartamudo de palabra, sino el escritor el que se vuelve tartamudo de la lengua: hace tartamudear la lengua como tal. Un lenguaje afectivo, intensivo, y ya no una afección de aquel que habla. Pues cuando el autor se limita a una indicación externa que deja intacta la forma de expresión («balbució...»), costaría comprender su eficacia si uniforme de contenido correspondiente, una cualidad atmosférica, un medio conductor de palabras no recogiera por su cuenta lo tembloroso, lo susurrado, lo balbucido, el trémolo, el vibrato, y no reverberara sobre las palabras el afecto indicado. Eso es por lo menos lo que ocurre con los grandes escritores como Melville, con quien el rumor de los bosques y de las cavernas, el silencio de la casa, la presencia de la guitarra dan fe del susurro de Isabel y de sus suaves entonaciones extranjeras; o con Kafka, que confirma el piar de Gregorio mediante el temblor de sus patas y las oscilaciones de su cuerpo; o incluso con Masoch, que reitera el balbuceo de sus personajes con los pesados silencios de un tocador, los ruidos de la aldea o las vibraciones de la estepa. Los afectos de la lengua son objeto aquí de una efectuación indirecta, pero próxima a lo que ocurre directamente, cuando ya no quedan más personajes que las propias palabras. «¿Qué quería decir mi familia? No lo sé. Era tartamuda de nacimiento, y aun así tenía algo que decir. Sobre mí y sobre muchos de mis contemporáneos pesa el tartamudeo de nacimiento. Hemos aprendido no a hablar, sino a balbucir, y únicamente prestando oído al ruido creciente del mundo, y, una vez blanqueados por la espuma de su cresta, hemos adquirido una lengua.»Deleuze, crítica y clínica.
Nietzsche y la filosofía
“Afirmar no significa hacerse responsable de lo que es, hacerse cargo de lo que es, sino liberar, dejar libre lo que vive. Afirmar es descargar, no cargar la vida con el peso de los valores más elevados, sino crear nuevos valores que son los de la vida, los que hacen que la vida sea liviana y activa”
G.D
G.D
Spinoza no veía categorías sino diferentes grados de potencia. A cada grado de potencia corresponde un cierto grado de ser afectado. Así, no te definirás por tu forma, por tus órganos, por tu organismo, por tu género o por tu especie. (...) Dime las afecciones de que eres capaz, y te diré quién eres.
¿De qué afectos eres capaz?
Mil mesetas, Deleuze-Guattari
Tierra cósmica
No son los artistas populares o populistas, es Mallarmé el que puede decir que el Libro tiene necesidad del pueblo, y Kafka, que la literatura es el quehacer del pueblo, y Klee, que el pueblo es lo esencial, y que, sin embargo, falta. Así pues, el problema del artista es que la despoblación moderna del pueblo desemboque en una tierra abierta, y que esto se lleve a cabo con los medios del arte, o con los medios a los que el arte contribuye. En lugar de que el pueblo y la tierra sean bombardeados desde todas partes en un cosmos que los limita, es necesario que el pueblo y la tierra sean como los vectores de un cosmos que los arrastra; entonces el propio cosmos será arte. Convertir la despoblación en un pueblo cósmico, y de la desterritorialización una tierra cósmica, ese es el deseo del artista-artesano, aquí o allá, localmente.
“Una concepción cartográfica es muy distinta de la concepción arqueológica del psicoanálisis. Este vincula profundamente lo inconsciente a la memoria../
Por el contrario, ../ de un mapa a otro , no se trata de la búsqueda de un origen, sino de una evaluación de los desplazamientos”
Deleuze, Crítica y Clínica.
Cartografías clínicas, Daniel Ferioli
Cartografías clínicas, Daniel Ferioli
Lógica de lo intenso
Se trata de crear una nueva lógica de las intensidades, una «ecológica», que, en dimensiones siempre nuevas, localice la lógica del movimiento maquínico y las territorialidades sociales tangenciales a éste, en torno a las cuales se enrosca y a las que arrastra en su movimiento, sin llegar por ello a destruirlas, sino, por el contrario, abriéndolas a las otras territorialidades que las bordean, organizando una desterritorialización silenciosa. La literatura, la ciencia, la filosofía o el arte han sido hasta el momento unas prácticas de desterritorialización suaves porque estaban inscritas en el margen de la parte dominante del socius, en espacios reservados a la intelectualidad, en espacios superiores. El desarrollo de los medios de comunicación de masas, como antes hicieran ciertas prácticas religiosas o educativas, ha dado a todos un acceso imaginario a esa esfera intelectual. El desarrollo de las herramientas tecnológicas mediáticas ofrece a cada cual la posibilidad de aprovecharlas a fondo y de hacer derivar nuevas formas de producción hasta hoy desconocidas.
Félix Guattari
Libro
DeleuzeUna Introducción
"Para Deleuze la ontología no es una teoría del fundamento y del orden preformado, sino un proceso creativo que indaga la constitución progresiva del ser. Sólo se escribe, cree el filósofo, transformándose por la incorporación de la esterilidad de la vida en la génesis de una vida y del deseo de vivir en la cooperación. Para devenir capaces de amar es necesario crear y producir sentido que rechace el orden ideal totalizador tanto como la contingencia accidental propios de las sociedades nihilistas, conservadoras y cerradas sobre sí o sobre el sujeto. Ontología y práctica se unen en la liberación de la diferencia real y en una filosofía de la expresión sin modelo, ilimitada y constituyente para afirmar el carácter abierto de las composiciones y afectos en sociedad".
"Para Deleuze la ontología no es una teoría del fundamento y del orden preformado, sino un proceso creativo que indaga la constitución progresiva del ser. Sólo se escribe, cree el filósofo, transformándose por la incorporación de la esterilidad de la vida en la génesis de una vida y del deseo de vivir en la cooperación. Para devenir capaces de amar es necesario crear y producir sentido que rechace el orden ideal totalizador tanto como la contingencia accidental propios de las sociedades nihilistas, conservadoras y cerradas sobre sí o sobre el sujeto. Ontología y práctica se unen en la liberación de la diferencia real y en una filosofía de la expresión sin modelo, ilimitada y constituyente para afirmar el carácter abierto de las composiciones y afectos en sociedad".
Un bello libro de Adrián Cangi
Clio Péguy
Hay dos maneras de considerar el acontecimiento: una consiste en recorrerlo en toda su longitud, registrando su efectuación en la historia, sus condicionamientos y su degradación en la historia; la otra consiste en elevarse hasta el acontecimiento, instalarse en él como en un devenir, rejuvenecer y envejecer en él al mismo tiempo, atravesar todos sus componentes o singularidades.
Cuerpo
Un cuerpo puede provocar que las partes de mi cuerpo entren en una relación nueva, que no sea directa o inmediatamente compatible con mi relación característica, así sucede con la muerte. La muerte resulta siempre de un encuentro fortuito y extrínseco, del encuentro con un cuerpo que descompone mi relación. En tanto vivo, mi relación siempre tiene un rango de potencia, aunque sea mínimo. Inferimos acerca de esos rangos, a través de las velocidades y de las afectaciones de que es capaz un cuerpo.
Hubo una multitud de otros Deleuze.
He aquí la lista de sus obras: Del acontecimiento, en 34 libros. De las constelaciones que nos atraviesan. De la impasibilidad de los incorporales. De la paradoja y del destino. Sobre las heridas que se reciben durmiendo. Los síntomas. Sobre el salto de los demonios De los tubérculos. Del hombre noble. Sobre la fealdad del rostro humano. De los idiotas. De los testigos invisibles. El Príncipe de los filósofos. Sobre los grados. De los tres testamentos. El Gallego, o Del frío, o De la crueldad. De las larvas. De la idea que nos mira. Misosofía. Del huevo. De lo claro y lo oscuro. De la universal telaraña. Que toda intensidad es deseante. De la sardina. Sobre la pregunta "¿Quién?". De la orgía. De nadie. Sobre el hundimiento universal. Elogio de Lucrecio. De las vísceras. De la complicación. Compendio de las torsiones. De la conveniencia de no explicarse demasiado. De las singularidades que nos cogen a contrapelo. De la cloaca. Del triunfo de los esclavos. El gabán. Lo que nos pertenece bajo una solicitación muy sutil. De la profundidad absoluta. De la alegría desconocida.
André Bernold
Orador alegre
Fue uno de los más extraordinarios oradores de su tiempo, y el más grande de quienes tenían por profesión enseñar la filosofía. Lo comprendía un pequeño número.
Fue perseguido; objeto de una envidia que jamás ceso. Despreciaba esas miserias a causa de la alegría de su vida que era filosofar.
Suidas in Philosophie 47 par André Bernold - 01/09/1995
De lo que conviene
Podemos, pues, terminar de una vez por todas con los juicios trascendentes. Juzgar inmanentemente es establecer qué es lo que conviene a cada potencia, qué la hace crecer, expansionarse. No existe el bien y el mal general. Pero sí que existe lo bueno (lo que conviene) y lo malo (lo que no conviene) para este o ese cuerpo. Cada cuerpo busca ampliar su territorio mediante sus devenires, a través de encuentros con aquello que le conviene. El encuentro con una persona, con un libro, con una música que me conviene es un devenir con esa persona, ese libro, esa música cuando no los imito, sino que dejo que me invadan y que mi territorio se amplíe.Cuerpos y efectos de superficie
Los estoicos, a su vez, distinguían dos clases de cosas:
1.º) Los cuerpos, con sus tensiones, sus cualidades, sus relaciones, sus acciones y pasiones, y los «estados de cosas» correspondientes. Estos estados de cosas, acciones y pasiones, están determinados por las mezclas entre cuerpos. En el límite, hay una unidad de todos los cuerpos en función de un Fuego primordial en el que se reabsorben y a partir del cual se desarrollan según su tensión respectiva. El tiempo único de los cuerpos o estados de cosas es el presente. Porque el presente vivo es la extensión temporal que acompaña al acto, que expresa y mide la acción del agente, la pasión del paciente. Pero, a la medida de la unidad de los cuerpos entre sí, a la medida de la unidad del principio activo y el principio pasivo, un presente cósmico abarca el universo entero: únicamente los cuerpos existen en el espacio y sólo el presente en el tiempo. No hay causas y efectos en los cuerpos: todos los cuerpos son causas, causas unos en relación con lo otros unos para otros. La unidad de las causas entre sí se llama Destino, en la extensión del presente cósmico. 2.º) Todos los cuerpos son causas unos para otros, los unos en relación con los otros, pero ¿de qué? Son causas de ciertas cosas, de una naturaleza completamente diferente. Estos efectos no son cuerpos, sino «incorporales» estrictamente hablando. No son cualidades y propiedades físicas, sino atributos lógicos o dialécticos. No son cosas o estados de cosas, sino acontecimientos. No se puede decir que existan, sino más bien que subsisten o insisten, con ese mínimo de ser que convienen a lo que no es una cosa, entidad inexistente. No son sustantivos ni adjetivos, sino verbos. No son agentes ni pacientes, sino resultados de acciones y de pasiones, unos «impasibles»: impasibles resultados. No son presentes vivos, sino infinitivos: Aión ilimitado, devenir que se divide hasta el infinito en pasado y futuro, esquivando siempre el presente. Hasta el punto de que el tiempo debe ser captado dos veces, de dos modos complementarios, exclusivos el uno de otro: enteramente como presente vivo en los cuerpos que actúan y padecen, pero enteramente también como instancia infinitamente divisible en pasado-futuro, en los efectos incorporales que resultan de los cuerpos, de sus acciones y de sus pasiones. Sólo existe el presente en el tiempo, y recoge, reabsorbe el pasado y el futuro; pero sólo el pasado y el futuro insisten en el tiempo, y dividen hasta el infinito cada presente. No son tres dimensiones sucesivas, sino dos lecturas simultáneas del tiempo. Como dice Emile Bréhier en su bella reconstrucción del pensamiento estoico: «Cuando el escalpelo corta la carne, el primer cuerpo produce sobre el segundo no una propiedad nueva, sino un nuevo atributo, el de ser cortado, expresado siempre por un verbo, lo que quiere decir que no es un ser, sino una manera de ser... Esta manera de ser se encuentra en algún modo en el límite, en la superficie del ser y no puede cambiar la naturaleza de éste: no es, a decir verdad, ni activa ni pasiva, ya que la pasividad supondría una naturaleza corporal que sufre una acción. Es pura y simplemente un resultado, un efecto que no puede clasificarse entre los seres... (Los estoicos distinguen) radicalmente, y nadie lo había hecho antes que ellos, dos planos de ser: por una parte el ser profundo y real, la fuerza; y por otra, el plano de los hechos, que se juegan en la superficie del ser, y que constituyen una multiplicidad sin fin de seres incorporales.
Deleuze. Lógica del sentido
1.º) Los cuerpos, con sus tensiones, sus cualidades, sus relaciones, sus acciones y pasiones, y los «estados de cosas» correspondientes. Estos estados de cosas, acciones y pasiones, están determinados por las mezclas entre cuerpos. En el límite, hay una unidad de todos los cuerpos en función de un Fuego primordial en el que se reabsorben y a partir del cual se desarrollan según su tensión respectiva. El tiempo único de los cuerpos o estados de cosas es el presente. Porque el presente vivo es la extensión temporal que acompaña al acto, que expresa y mide la acción del agente, la pasión del paciente. Pero, a la medida de la unidad de los cuerpos entre sí, a la medida de la unidad del principio activo y el principio pasivo, un presente cósmico abarca el universo entero: únicamente los cuerpos existen en el espacio y sólo el presente en el tiempo. No hay causas y efectos en los cuerpos: todos los cuerpos son causas, causas unos en relación con lo otros unos para otros. La unidad de las causas entre sí se llama Destino, en la extensión del presente cósmico. 2.º) Todos los cuerpos son causas unos para otros, los unos en relación con los otros, pero ¿de qué? Son causas de ciertas cosas, de una naturaleza completamente diferente. Estos efectos no son cuerpos, sino «incorporales» estrictamente hablando. No son cualidades y propiedades físicas, sino atributos lógicos o dialécticos. No son cosas o estados de cosas, sino acontecimientos. No se puede decir que existan, sino más bien que subsisten o insisten, con ese mínimo de ser que convienen a lo que no es una cosa, entidad inexistente. No son sustantivos ni adjetivos, sino verbos. No son agentes ni pacientes, sino resultados de acciones y de pasiones, unos «impasibles»: impasibles resultados. No son presentes vivos, sino infinitivos: Aión ilimitado, devenir que se divide hasta el infinito en pasado y futuro, esquivando siempre el presente. Hasta el punto de que el tiempo debe ser captado dos veces, de dos modos complementarios, exclusivos el uno de otro: enteramente como presente vivo en los cuerpos que actúan y padecen, pero enteramente también como instancia infinitamente divisible en pasado-futuro, en los efectos incorporales que resultan de los cuerpos, de sus acciones y de sus pasiones. Sólo existe el presente en el tiempo, y recoge, reabsorbe el pasado y el futuro; pero sólo el pasado y el futuro insisten en el tiempo, y dividen hasta el infinito cada presente. No son tres dimensiones sucesivas, sino dos lecturas simultáneas del tiempo. Como dice Emile Bréhier en su bella reconstrucción del pensamiento estoico: «Cuando el escalpelo corta la carne, el primer cuerpo produce sobre el segundo no una propiedad nueva, sino un nuevo atributo, el de ser cortado, expresado siempre por un verbo, lo que quiere decir que no es un ser, sino una manera de ser... Esta manera de ser se encuentra en algún modo en el límite, en la superficie del ser y no puede cambiar la naturaleza de éste: no es, a decir verdad, ni activa ni pasiva, ya que la pasividad supondría una naturaleza corporal que sufre una acción. Es pura y simplemente un resultado, un efecto que no puede clasificarse entre los seres... (Los estoicos distinguen) radicalmente, y nadie lo había hecho antes que ellos, dos planos de ser: por una parte el ser profundo y real, la fuerza; y por otra, el plano de los hechos, que se juegan en la superficie del ser, y que constituyen una multiplicidad sin fin de seres incorporales.
Deleuze. Lógica del sentido
Lessing sobre Baruch
No hay otra filosofía que la filosofía de Spinoza. Si he de adherirme a algún filósofo no conozco ningún otro.
Gotthold Ephraim Lessing (1729-1781)
Gotthold Ephraim Lessing (1729-1781)
Goethe sobre Baruch
En la ética de Spinoza, encontré un apaciguamiento a mis pasiones; parecióme que se abría ante mis ojos una visión amplia y libre sobre el mundo físico y moral. La imagen de este mundo es transitoria; sólo quisiera ocuparme de las cosas duraderas y procurar a mi espíritu la eternidad, de acuerdo con la doctrina de Spinoza.
Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832)
Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832)
Lo sublime, lo inmenso.
Leibniz
El filósofo no es alguien que canta, de alguna manera es alguien que grita. Cada vez que tenéis necesidad de gritar, yo pienso que no están nada lejos del llamado de la filosofía. ¿Quiere decir éster que el concepto sería una especie de grito o una especie de forma del grito? ¡Es que se trata de la necesidad de un concepto, tener algo que gritar! Habrá que encontrar el concepto de ese grito ... Podemos gritar mil cosas. Imaginen alguien que grite: "simplemente basta que todo tenga una razón". Es un grito muy simple. En mi definición: el concepto es la forma del grito, veremos inmediatamente toda una serie de filósofos que dirán "¡si, si!". Son los filósofos de la pasión, los filósofos del pathos, distinguiéndose de los filósofos del logos. Por ejemplo, Kierkegaard, funda toda su filosofía sobre gritos fundamentales. Pero Leibniz es de la tradición mayor racionalista. Imaginemos a Leibniz, hay algo espantoso en él. Es el filósofo del orden, aún más, del orden y de la policía, en todos los sentidos de la palabra policía. Sobre todo en el primer sentido de la palabra policía, a saber, la organización ordenada de la ciudad. Solo piensa en términos de orden. En este sentido es extremadamente reaccionario, es el amigo del orden. Pero muy extrañamente en este gusto por el orden y para fundar este orden, se libra a la más demente creación de conceptos a la cual se haya podido asistir en filosofía. Conceptos desenfrenados, los conceptos más exuberantes, los más desordenados, los más complejos para justificar lo que es. Basta que cada cosa tenga una razón. En efecto, hay dos clases de filósofos, si ustedes aceptan la definición de que la filosofía es la actividad que consiste en crear conceptos, pues existen como dos polos: aquellos que realizan un creación muy sobria de conceptos; estos crean conceptos para tal singularidad distinguible de las otras, y finalmente yo sueño una especie de cuantificación de los filósofos a los que se los cuantificaría según el número de conceptos que han firmado o inventado. Si yo me digo ¡Descartes!, se trata del tipo de una creación de concepto muy sobria. La historia del cogito, históricamente podemos encontrar siempre toda una tradición, precursores, pero eso no impide que haya algo firmado Descartes en el concepto cogito, a saber (una proposición puede expresar un concepto), la proposición: "Pienso luego existo", es un verdadero y novedoso concepto. Es el descubrimiento de la subjetividad. De la subjetividad pensante. Y firma: Descartes. Seguramente la podemos buscar también en San Agustín, incluso sin estar aun preparada, hay verdaderamente una historia del concepto, pero está firmada: Descartes. ¿No es Descartes quien rápidamente hizo la jugada? Podemos asignarle cinco o seis conceptos. Es grandioso haber inventado seis conceptos, no obstante es una creación sobria. Y luego, están los filósofos exasperados. Para ellos cada concepto cubre un conjunto de singularidades, y a continuación les hace falta siempre otras, siempre otros conceptos. Asistimos a una loca creación de conceptos. El ejemplo típico es Leibniz, siempre crea algo nuevo. Es el primer filósofo en reflexionar sobre la potencia de la lengua alemana en lo referente al concepto, de qué manera el alemán es una lengua eminentemente conceptual, y no por azar ella puede ser también una gran lengua del grito. Actividades múltiples, él se ocupa de todo, muy buen matemático, gran físico, muy buen jurista, numerosas actividades políticas, siempre al servicio del orden. No se detiene, esto es muy sospechoso. Hay una visita Leibniz-Spinoza (él es el anti-Leibniz): Leibniz le hace leer manuscritos, uno se imagina a Spinoza exasperado preguntándose lo que quiere ese tipo. Más tarde, cuando Spinoza es atacado por Leibniz, éste dice que jamás ha ido a verlo, que lo hizo solo para observarlo ... Abominable. Leibniz es abominable. Fechas: 1646-1716. Es una vida larga, a caballo sobre la totalidad de las cosas. Hay finalmente una especie de humor diabólico. Yo diría que su sistema es bastante piramidal. El gran sistema de Leibniz tiene muchos niveles. Ninguno de estos niveles es falso, estos niveles simbolizan los unos con los otros y Leibniz es el primer gran filósofo en concebir la actividad y el pensamiento como una vasta simbolización. Entonces todos estos niveles simbolizan, pero están todos más o menos próximos de lo que se podría llamar provisionalmente el absoluto. Ahora bien, ello hace parte de su obra. Siguiendo la correspondencia de Leibniz o según el público al cual se dirige, va él a presentar todo su sistema a tal nivel. Imaginen que su sistema sea hecho de niveles mas o menos contraídos o mas o menos distendidos, para explicar algo a alguien él lo va a instalar a tal nivel de su sistema. Supongamos que ese alguien en cuestión sea sospechoso para Leibniz de poseer una inteligencia mediocre: muy bien, él está encantado, lo instala al nivel más bajo de su sistema, si se dirige a alguien más inteligente, salta a otro nivel. Como estos niveles forman parte implícitamente de los mismos textos de Leibniz, esto produce un gran problema para el comentario. Es complicado ya que, en mi opinión, uno jamás puede apoyarse sobre un texto de Leibniz si en primer lugar no se ha sentido el nivel del sistema al cual este texto corresponde. Por ejemplo, hay textos donde Leibniz explica lo que es, según él, la unión del alma y del cuerpo, bueno, es para tal o tal corresponsal; a tal otro corresponsal él explicará que no hay problema de la unión del alma y del cuerpo, pues el verdadero problema es el problema de la relación de las almas entre ellas. Las dos cosas no son del todo contradictorias, se trata de dos niveles del sistema. Aunque si uno no evalúa el nivel de un texto de Leibniz, entonces tendremos la impresión de que no cesa de contradecirse, y de hecho él no se contradice en absoluto.
Deleuze clase del 15/04/1980
“Los fuertes no son quienes ocupan uno u otro campo, lo potente es la frontera.”
Cuando Godard dice que todo se divide en dos, y que en un día están incluidas la mañana y la noche, no quiere decir que se trate de uno u otro, ni que el uno se convierta en el otro o se convierta en dos. La multiplicidad no está nunca en los términos, no importa cuál sea su número, ni tampoco en el conjunto o en la totalidad. La multiplicidad reside precisamente en la Y, que es de naturaleza distinta que los elementos o los conjuntos. Si no es elemento ni conjunto de elementos, ¿qué es esta Y? Creo que la fuerza de Godard consiste en vivir, pensar y mostrar esta Y de una manera extremadamente nueva, haciéndola funcionar activamente. La Y no es uno ni otro, está siempre entre los dos, es la frontera, porque siempre hay una frontera, una línea de fuga o de fluencia, aunque no se vea, aunque sea, como es, lo menos perceptible. Ello no obstante, las cosas pasan siempre en esta línea de fuga, en ella tienen lugar los devenires y se planean las revoluciones.
Este Colóquio é uma iniciativa de um grupo de pesquisadores e docentes brasileiros e estrangeiros sobre as obras de Gilles Deleuze (1925-1995) e Félix Guattari (1930-1992) e que dá seqüência ao Colóquio Gilles Deleuze leitor dos modernos, realizado na USP em agosto de 2010. Contando com a participação de leitores e especialistas na obra dos dois pensadores, este segundo Colóquio pretende examinar os efeitos políticos e práticos decorrentes da experiência de pensamento original e inspiradora dos dois tomos de Capitalismo e Esquizofrenia (Anti-Édipo e Mil Platôs), O que é a filosofia? e das obras de Deleuze sobre o cinema, a literatura e as artes plásticas etc. O Colóquio será aberto com uma mostra de filmes na Cinemateca do MAM e em seguida pelas sessões de conversações e apresentações de comunicações no Auditório Gilberto Freyre e na Sala Candido Portinari do Palácio Gustavo Capanema.
http://coloquiodeleuzeguattari.blogspot.com/
Frases para armar un botiquín: Estructuralismo
El estructuralismo es un sistema de puntos y posiciones, que en lugar de proceder por estallidos y crecimientos actúa por grandes cortes significantes y obstruye las líneas de fuga en lugar de continuarlas, destrazarlas, en el campo social.
Rostro
Hay todo un sistema social que podríamos llamar sistema pared blanca - agujero negro. Siempre estamos prendidos con alfileres en la pared de las significaciones dominantes, hundidos en el agujero de nuestra subjetividad, en el agujero negro de nuestro querido Yo. Pared en la que se inscriben todas las determinaciones objetivas que nos fijan, que nos cuadriculan, que nos identifican y nos obligan a reconocer: agujero en el que habitamos con nuestra conciencia, nuestros sentimientos, nuestras pasiones, nuestros secretitos demasiado conocidos, nuestro deseo de darlos a conocer. El rostro además de ser producto de nuestro sistema, es una producción social. Ancho rostro de mejillas blancas con el agujero negro de los ojos. Nuestras sociedades tienen necesidad de producir rostro.
Pintura: Jean Dubuffet
Pintura: Jean Dubuffet
De lo sano y enfermo
Planteo aquí una serie de estados psicológicos como signos de una vida plena y floreciente y a los que hoy en día se ha convenido en considerarlos mórbidos. Ahora bien, en el intervalo, hemos olvidado hablar de un contraste entre lo que es sano y lo que es enfermo: se trata de grados –por mi parte, afirmo que lo que actualmente se considera ‘sano’ representa un nivel más bajo de lo que sería considerado sano en condiciones favorables, estamos relativamente enfermos... El artista pertenece a una raza mucho más fuerte. Lo que en nosotros sería dañino y mórbido, constituye su naturaleza.
Nietzsche
Pensamientos
2- Pensamientos que no se ejercerían a través de un acuerdo sino que llevarán a cada facultad al límite de discordancia con las demás.
3- Pensamientos que no se encerrarían en el reconocimiento, sino que se abrirían a encuentros y se definirían siempre en función a un Exterior.
4- Pensamientos que no tendrían que luchar contra el error, sino que tendrían que desprenderse de un enemigo más poderoso, la tontería.
5- Pensamientos que se definirían en el movimiento de aprender y no el de saber, y que no dejarían a nadie, a ningún poder, el papel de "plantear" preguntas o de "poner" problemas.
Cartografiar
Puesto que un libro es una pequeña máquina, ¿qué relación, a su vez mesurable, mantiene esa máquina literaria con una máquina de guerra, una máquina de amor, una máquina revolucionaria, etc., y con una máquina abstracta que las genera? A menudo, se nos ha reprochado que recurramos a literatos. Pero cuando se escribe, lo único verdaderamente importante es saber con qué otra máquina la máquina literaria puede ser conectada, y debe serlo para que funcione. Kleist y una loca máquina de guerra, Kafka y una máquina burocrática increíble... (¿y si, después de todo, se deviniese animal o vegetal gracias a la literatura - que no es lo mismo que literariamente -, acaso no se deviene animal antes que nada por la voz?). La literatura es un agenciamiento, nada tiene que ver con la ideología. No hay, nunca ha habido ideología. Nosotros no hablamos de otra cosa: las multiplicidades, las líneas, estratos y segmentaridades, líneas de fuga e intensidades, los agenciamientos maquínicos y sus diferentes tipos, los cuerpos sin órganos y su construcción, su selección, el plan de consistencia, las unidades de medida en cada caso. Los estratómetros, los deleómetros, las unidades CsO de densidad, las densidades CsO de convergencia no sólo cuantifican la escritura, sino que la definen como algo que siempre es la medida de otra cosa. Escribir no tiene nada que ver con significar, sino con deslindar, cartografiar, incluso futuros parajes.
D - G
Doble causalidad Nietzscheana
Fueron siempre momentos extraordinarios aquellos en los que la filosofía hizo hablar al Sin-fondo y encontró el lenguaje místico de su furia, su informídad, su ceguera: Boehme, Schelling, Schopenhauer. En principio Nietzsche era uno de ellos, discípulo de Schopenhauer, en El nacimiento de la Tragedia, cuando hace hablar a Dionisos sin fondo, oponiéndolo a la individuación divina de Apolo, y no menos a la persona humana de Sócrates. Es el problema fundamental de «¿Quién habla en filosofía?» o ¿Cuál es el «sujetó» del discurso filosófico? Pero, aun con el riesgo de hacer hablar al fondo informe o el abismo indiferenciado, con toda su voz de ebriedad y de cólera, no se sale de la alternativa impuesta tanto por la filosofía trascendental como por la metafísica: fuera de la persona y del individuo, nada se distingue... El descubrimiento de Nietzsche está también en otro sitio, cuando, liberado de Schopenhauer y de Wagner, explora un mundo de singularidades impersonales y preindividuales, mundo al que ahora llama dionisíaco o de la voluntad de poder, energía libre y no ligada. Singularidades nómadas que ya no están aprisionadas en la indidualidad fija del Ser infinito (la famosa inmutabilidad de Dios) ni en los límites sedentarios del sujeto finito (los famosos límites del conocimiento). Algo que no es ni individual ni personal, y sin embargo es singular, en absoluto un abismo indiferenciado, sino que salta de una singularidad a otra, emitiendo siempre una tirada de dados que forma parte de un mismo tirar siempre fragmentado y reformado en cada tirada. Máquina dionisíaca de producir sentido, y en la que el sinsentido y el sentido no están ya en oposición simple, sino copresentes uno en el otro en un nuevo discurso. Este nuevo discurso ya no es el de la forma, pero tampoco es el de lo informe: es más bien lo informal puro. «Seréis un monstruo y un caos»... Nietzsche responde: «Hemos realizado esta profecía.» Y el sujeto de este nuevo discurso, aunque ya no hay sujeto, no es el Hombre o Dios, todavía menos el hombre en el lugar de Dios. Es esta singularidad libre, anónima y nómada que recorre tanto los hombres como las plantas y los animales independientemente de las materias de su individuación y de las formas de su personalidad; superhombre no quiere decir otra cosa, el tipo superior de todo lo que existe. Extraño discurso que renovaría la filosofía, y que finalmente trata el sentido no como predicado, como propiedad, sino como acontecimiento. En su propio descubrimiento, Nietzsche entrevió como en un sueño el medio de hollar la tierra, de acariciarla, de bailar y de devolver a la superficie lo que quedaba de los monstruos del fondo y de las figuras del cielo. Pero es cierto que se impuso una exigencia más profunda, más grandiosa, más peligrosa: en su descubrimiento vio un nuevo medio de explorar el fondo, de mirar con un ojo distinto, de discernir mil voces en sí mismo, de hacer hablar a todas estas voces, con el riesgo de ser atrapado por ese fondo que interpretaba y poblaba como nadie antes que él lo había hecho. No soportaba permanecer sobre la frágil superficie, cuyo trazado sin embargo había realizado a través de los hombres y los dioses. Reconquistar un sin-fondo que él renovaba, que ahondaba, es así como Nietzsche a su modo pereció. O mejor, «casi-pereció»; porque la enfermedad o la muerte son el acontecimiento mismo, y como tal sometido a una doble causalidad: la de los cuerpos, estados de cosas y mezclas, y también la de la casi-causa que representa el estado de organización o desorganización de la superficie incorporal. Así pues, Nietzsche se volvió loco y murió de parálisis general, al parecer, mezcla corporal sifilítica. Pero, la andadura que seguía este acontecimiento, esta vez respecto de la casi-causa que inspiraba toda la obra y co-inspiraba la vida, todo esto no tiene nada que ver con la parálisis general, con las migrañas oculares y los vómitos que le aquejaban, excepto para darles una nueva causalidad, es decir, una verdad eterna independientemente de su efectuación corporal, un estilo en una obra en lugar de una mezcla en el cuerpo. No se puede plantear el problema de las relaciones entre la obra y la enfermedad sino bajo esta doble causalidad.
G. Deleuze, Lógica del sentido. De las singularidades.
G. Deleuze, Lógica del sentido. De las singularidades.
Inconformidad
Las formaciones del inconsciente (síntomas, sueños, olvidos) son refugios provisorios de un deseo que vive en fuga.
Bellísimo libro de Marcelo Percia.
Editorial La cebra
Inconformidad no es estado de infelicidad como la insatisfacción. Si la insatisfacción se queja por el mundo que tenemos o por algo que la vida no nos da, inconformidad insiste como deseo que se suelta de lo existente. El deseo llega de visita a las formas, las habita, atraviesa sus extensiones, pero no quiere quedar atrapado en ellas. En la insatisfacción, el deseo (enredado) se levanta de mal humor pierde sus mejores horas en quehaceres de mantenimiento de las formas, contrae obligaciones, se vuelve demandante de todo y termina convencido de que la vida le debe satisfacción Inconformidad no es reacción del alma frustrada. No deviene del desencanto ni deriva de la desilusión. Frustración, desencanto, desilusión, son reclamos de la conformidad decepcionada. La decepción es venganza de creyentes que sienten sus expectativas estafadas. Inconformidad respira un aliento sin fin, un movimiento en el que el deseo se inspira y se disuelve en el aire.
Bellísimo libro de Marcelo Percia.
Editorial La cebra
Inconformidad no es estado de infelicidad como la insatisfacción. Si la insatisfacción se queja por el mundo que tenemos o por algo que la vida no nos da, inconformidad insiste como deseo que se suelta de lo existente. El deseo llega de visita a las formas, las habita, atraviesa sus extensiones, pero no quiere quedar atrapado en ellas. En la insatisfacción, el deseo (enredado) se levanta de mal humor pierde sus mejores horas en quehaceres de mantenimiento de las formas, contrae obligaciones, se vuelve demandante de todo y termina convencido de que la vida le debe satisfacción Inconformidad no es reacción del alma frustrada. No deviene del desencanto ni deriva de la desilusión. Frustración, desencanto, desilusión, son reclamos de la conformidad decepcionada. La decepción es venganza de creyentes que sienten sus expectativas estafadas. Inconformidad respira un aliento sin fin, un movimiento en el que el deseo se inspira y se disuelve en el aire.
Entrevista a Eduardo Pavlovsky
| Se cura por la manera en que uno se agencia con los otros, el inconciente se produce, y entonces son máquinas de conexiones, son territorializaciones, son nuevas maneras de formar subjetividades, de buscar sentido, que me parece que están más ligadas a la filosofía de Deleuze. |
Deleuze y Guattari que han sido los que más nos han interesado, porque se ocupan de lo que está por fuera de la representación.
-Deleuze y Guattari hablan de “Inconcienteesquizoanalítico”, que sería otra forma de pensar elinconciente freudiano, que queda atrapado, desde esa perspectiva, en la noción de representación. ¿De qué manera el “inconciente esquizoanalítico” evitaría esa supuesta encerrona?
-Para mí, suponer que a una persona le puede ayudar entender su Complejo de Edipo, sinceramente, hoy me parece irrisorio, para alguien que no tenga doce años. Puede ser, si hacés una dramatización, y hablás como él, pero a mí entender, se cura por la manera en que uno se conecta con los otros, elinconciente se produce, y entonces son ‘máquinas de conexiones’, son “territorializaciones”, son nuevas maneras de formar subjetividades, de buscar sentido, que me parece que están más ligadas a la filosofía de Deleuze. No puedo decir yo que no sea un analista, pero no me considero un analista, soy un psicoterapeuta. No me gusta lo de analista, porque me parece que me priva de una enorme cantidad de cosas que no tienen nada que ver con el psicoanálisis. Incluso esta manera de trabajar influye en el teatro, en una concepción del teatro. Me considero un apasionado por lo grupal. Junto con Kesselman, hemos tratado de formarnos y de formar dentro de un esquema que incorpora al psicoanálisis, pero no siempre lo toma en cuenta. En ese sentido, algunos lacanianos que están conmigo, yo no he leído a Lacan, me decían que Lacan había manifestado que el grupo era obsceno. Sólo que los fenómenos de Lacan fueron grupales todos. Hay mucha gente lacaniana que me dice: ‘vos sos lacaniano’, por la manera de trabajar, seguramente, porque no me detengo en la interpretación. Acá nosotros tuvimos dos ejes: Freud-Melanie Klein y Lacan. Yo me formé con Melanie Klein y te diría que ella hace un abuso interpretativo, si uno lee algunos libros de Melanie Klein de niños, no se sabe si el juego está determinado o no por la interpretación. Hay un psicoanalista que a mí me ayudó mucho para empalmar todo esto y fue Winnicott, porque él decía que había que dejar al paciente hablar, sobre todo “dejar hablar” y entender que en el hablar hay un sinsentido. Sólo que el analista no aguanta el sinsentido.
-En cierto modo, Lacan mismo propone otra posición frente al exceso en la interpretación.
-Es posible. Hay una anécdota de André Green, que vino acá hace muchos años, y dijo: ‘Che, me vinieron a ver ocho didácticos de una pobreza intelectual enorme, hubo uno solo que me pareció inteligente, y fue Alberto Ure, que era director de teatro. Creo que Lacan representa, además, la cultura, algo que no hay en la mayoría de los analistas, es una dimensión del mundo diferente.
Fuente: elsigma.com
Ver toda la entrevista acá
Teatro / Emilio García Wehbi
Entre fantasmas y obsesionesLanacion.com-ADN cultura
Director, actor, dramaturgo, régisseur y docente, prepara un trabajo basado en Francis Bacon y Gilles Deleuze para llevar a Alemania mientras planea estrenar dos obras en Buenos Aires
Emilio García Wehbi, director, dramaturgo, régisseur, actor y docente; un artista experimental que trabaja con el cruce de lenguajes, disciplinas y soportes.
Invitado por los organizadores del Theatertreffen (el encuentro teatral más importante de Alemania), prepara el taller "La profundidad de la superficie. Lógica del cuerpo", que dará en mayo junto con la actriz Maricel Álvarez, su "compañera de vida", según la define. "Está basado en los trípticos de Francis Bacon y en el análisis crítico conceptual que hace Gilles Deleuze en Lógica de la sensación -explica-. Me interesa la relación del cuerpo con la sociedad para correr la mirada dominante sobre lo ideal. La política del cuerpo, en tránsito entre la sociedad de represión y la de control, es un eje de mi trabajo."
Ver nota completa acá (Lanacion.com-ADNcultura)
Frases para armar un botiquín: CsO
“El cuerpo sin órganos se opone menos a los órganos que a esa organización de los órganos que se llama organismo. Es un cuerpo intenso, intensivo. Está recorrido por una onda que traza en el cuerpo niveles o umbrales según la variación de su amplitud. Así pues, el cuerpo no tiene órganos, pero sí umbrales o niveles”. Gilles Deleuze, Francis Bacon. Lógica de la sensación…
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Gilles y Félix
Mil mesetas
Bibliografía de Gilles Deleuze en castellano
DELEUZE, Gilles, Empirismo y Subjectividad (Madrid: Gedisa, 1981) tr. Hugo Acevedo. Prefacio de Oscar Masotta.
DELEUZE, Gilles, Nietzsche y la filosofia (Barcelona: Editorial Anagrama, 1971) tr. Carmen Artal.
DELEUZE, Gilles, La filosofía Crítica de Kant tr. Francisco Monge, en Deleuze, Spinoza, Kant, Nietzsche (Barcelona: Editorial Labor, 1974).
DELEUZE, Gilles, El Bergsonismo (Madrid: Ediciones Catédra, 1987) tr. Luis Ferrero Carracedo.
DELEUZE, Gilles, Presentacion de Sacher-Masoch (Madrid: Taurus, 1973) tr. A.M. García Martínez.
DELEUZE, Gilles, Diferencia y repetición (Gijón: Júcar Universidad, 1988) tr. Alberto Cardín. Introducción de Miguel Morey. Introducción traducida como "Repetición y Diferencia: Introducción" tr.F. Monge en Cuadernos Anagrama 1972.
DELEUZE, Gilles, Spinoza y el problema de la expresión (Barcelona: Muchnik Editores, 1975) tr. Horst Vogel.
DELEUZE, Gilles, Lógica del sentido (Barcelona: Barral, 1970) tr. Ángel Abad. Nueva traducción (Barcelona: Paidós, 1989) tr. Miguel Morey y Víctor Molina.
DELEUZE, Gilles, Spinoza, tr. Francisco Monge en Deleuze, Spinoza, Kant, Nietzsche (Barcelona: Editorial Labor, 1974).
DELEUZE, Gilles, Proust y los signos (Barcelona: Anagrama, 1972) tr. Francisco Monge.
DELEUZE, Gilles, in Foucault, "Theatrum Philosophicum," tr. F. Monge, in Cuadernos Anagrama 1972, p.41.
DELEUZE, Gilles, El Antiedipo (Barcelona: Barral, 1973) tr. Francisco Monge. Nueva edición en Ediciones Paidós S.A., Barcelona.
DELEUZE, Gilles, "Tres problemas de grupo" en Guattari, Psicoanálisis y transversalidad tr. Fernando Hugo Azcurra (México: Siglo XXI, 1976) pp.9-21.
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DELEUZE, Gilles, Kafka: Por una literatura menor (Mexico: Ediciones Era, 1978) tr. Jorge Aguilar.
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DELEUZE, Gilles, Rizoma (Valencia: Pre-Textos, 1984) tr. Victor Navarro y C. Casillas.
DELEUZE, Gilles, Diálogos (Valencia: Pre-Textos, 1980) tr. José Vázquez Pérez.
DELEUZE, Gilles, Política y Psicoanálisis (Mexico: Ediciones Terra Nova, 1980) tr. Raymundo Mier.
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DELEUZE, Gilles, "Filosofía y memoria" tr. Libia Moez y Gerardo Ramírez en El vampiro pasivo 7-8, p.12.
DELEUZE, Gilles, con Félix Guattari, Mil mesetas (Valencia: Pre-Textos, 1988) tr. José Vázquez Pérez y Umbelena Larraceleta.
DELEUZE, Gilles, Spinoza: Filosofía práctica (Barcelona: Tusquets, 1984) tr. Antonio Escohotado.
DELEUZE, Gilles, La imagen-movimiento: Estudios sobre cine 1 (Barcelona: Paidós, 1984) tr. Irene Agoff.
DELEUZE, Gilles, La imagen-tiempo: Estudios sobre cine 2 (Barcelona: Paidós, 1986) tr. Irene Agoff.
DELEUZE, Gilles, Foucault (Barcelona: Paidós Studio, 1987) tr. José Vázquez Pérez. Prefacio de Miguel Morey.
DELEUZE, Gilles, El Pliegue: Leibniz y el barroco (Barcelona: Paidós, 1989) tr. José Vázquez Pérez y Umbelena Larraceleta.
DELEUZE, Gilles, Pericles y Verdi (Valencia: Pre-Textos, 1989) tr. Umbelena Larraceleta y José Vázquez Pérez.
DELEUZE, Gilles, "¿Qué es un dispositivo?" en Michel Foucault filosofo (Barcelona: Gedisa editorial, 1990) tr. Alberto Bixio.
DELEUZE, Gilles, Conversaciones (Valencia: Pre-Textos, 1995) tr. José Luis Pardo.
DELEUZE, Gilles, "Tener una idea en cine" tr. Jorge Terré en Archipiélago 22 (otoño 1995), pp.52-59.
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DELEUZE, Gilles, Critica y Clínica (Barcelona: Editorial Anagrama, 1996) tr. Thomas Kauf.
DELEUZE, Gilles, La isla desierta y otros textos (1953-1974) pre-textos 2005
DELEUZE, Gilles, Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995) pre-textos 2007
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DELEUZE, Gilles, con Félix Guattari, Mil mesetas (Valencia: Pre-Textos, 1988) tr. José Vázquez Pérez y Umbelena Larraceleta.
DELEUZE, Gilles, Spinoza: Filosofía práctica (Barcelona: Tusquets, 1984) tr. Antonio Escohotado.
DELEUZE, Gilles, La imagen-movimiento: Estudios sobre cine 1 (Barcelona: Paidós, 1984) tr. Irene Agoff.
DELEUZE, Gilles, La imagen-tiempo: Estudios sobre cine 2 (Barcelona: Paidós, 1986) tr. Irene Agoff.
DELEUZE, Gilles, Foucault (Barcelona: Paidós Studio, 1987) tr. José Vázquez Pérez. Prefacio de Miguel Morey.
DELEUZE, Gilles, El Pliegue: Leibniz y el barroco (Barcelona: Paidós, 1989) tr. José Vázquez Pérez y Umbelena Larraceleta.
DELEUZE, Gilles, Pericles y Verdi (Valencia: Pre-Textos, 1989) tr. Umbelena Larraceleta y José Vázquez Pérez.
DELEUZE, Gilles, "¿Qué es un dispositivo?" en Michel Foucault filosofo (Barcelona: Gedisa editorial, 1990) tr. Alberto Bixio.
DELEUZE, Gilles, Conversaciones (Valencia: Pre-Textos, 1995) tr. José Luis Pardo.
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DELEUZE, Gilles, ¿Qué es la filosofía? (Barcelona: Editorial Anagrama, 1993) tr. Thomas Kauf.
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DELEUZE, Gilles, Critica y Clínica (Barcelona: Editorial Anagrama, 1996) tr. Thomas Kauf.
DELEUZE, Gilles, La isla desierta y otros textos (1953-1974) pre-textos 2005
DELEUZE, Gilles, Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995) pre-textos 2007




























