Devenir intenso
La intensidad tiene que ver con los nombres propios, y éstos no son ni representaciones de cosas (o de personas) ni representaciones de palabras. Colectivos o individuales, los presocráticos, los romanos, los judíos, Jesucristo, el Anticristo, César Borgia, Zaratustra, todos esos nombres propios que aparecen y reaparecen en los textos de Nietzsche no son significantes ni significados sino designaciones de intensidad en un cuerpo que puede ser el cuerpo de la Tierra, el cuerpo del libro, pero también el cuerpo sufriente de Nietzsche: yo soy todos los nombres de la historia… Hay una especie de nomadismo, de desplazamiento perpetuo de las intensidades designadas por los nombres propios, que penetran unas en otras a la vez que son experimentadas por un cuerpo pleno. La intensidad sólo puede vivirse por la relación entre su inscripción móvil en un cuerpo y la exterioridad igualmente móvil de un nombre propio, y por ello el nombre propio es siempre una máscara, la máscara de un agente.
Sensación
La sensación es la propia
excitación, no en tanto que ésta se prolonga progresivamente y pasa a la
reacción, sino en tanto que se conserva a sí misma o conserva sus vibraciones.
La sensación contrae las vibraciones de lo excitante en una superficie nerviosa
o en un volumen cerebral: la anterior no ha desaparecido aún cuando aparece la
siguiente. Es su forma de responder al caos. De la sensación
Es el cerebro quien dice
Yo, pero Yo es otro. No es el mismo cerebro que el de las conexiones e
integraciones segundas, aun cuando no haya trascendencia. Y este Yo no sólo es
el "yo concibo" del cerebro como filosofía, también es el "yo
siento" del cerebro como arte. La sensación no es menos cerebro que el
concepto.
Signo
La problematización como estado mismo de la existencia se genera allí donde el sujeto se encuentra con el signo como intensidad que viene a fisurar la membrana del mundo de la representación.
Signos
Cuando no se genera, el
pensamiento no es forzado y solo reflexiona, piensa sobre sí mismo; reina
entonces el mundo de los significantes que se le resisten a la presencia
incomoda de los signos.
Deseo, inconsciente y enunciados.
Nosotros
consideramos como casi sinónimos los siguientes tres términos:
posición de
deseo, producción de inconsciente, producción de enunciados.
Eso implica,
evidentemente, tanto un cara a cara con el marxismo como con el psicoanálisis,
un cierto punto de vista extraño al uno y al otro.
Otra edición de los amigos de Cactus
Gilbert Simondon
Curso sobre la percepción
Este Curso sobre la percepción (1964-1965) es un programa riguroso, fundado en una sospecha: solo puede trazarse una historia de los sistemas filosóficos si se hace la historia de la noción de percepción.
En este sentido, Simondon retoma la intuición primera de los fisiólogos jónicos, para quienes “la percepción era el principal modo de conocimiento del mundo”. A partir de allí se recorren las bifurcaciones que se pierden y se reúnen, para volver a perderse y volver a reunirse con esta visión primera. Así se dibujan vías divergentes aún en el mundo antiguo entre jónicos y platónicos-pitagóricos, con una vía media aristotélica, y a un segundo nivel, con el epicureísmo y el estoicismo. Luego en el período clásico, con la oposición entre racionalismo (Descartes y su prole) y empirismo (Locke, Berkeley y Hume), y la vía media ahora encarnada por Kant. Finalmente, en la modernidad, donde ya la percepción se piensa a partir de investigaciones y teorías científicas, sobre todo psico-fisiológicas, y que hallan en la teoría de la intuición bergsoniana un novedoso lazo entre materialismo y espiritualismo.
Pero Simondon no se contenta con repasar la manera en la que los filósofos trataron la cuestión de la percepción, sino que en los sucesivos capítulos de este curso se dedica a estudiar la función perceptiva en los diversos seres de la naturaleza, con bellos pasajes sobre la percepción en plantas y animales, para concentrar luego todo su rigor en los vínculos trazados entre percepción e información, recogiendo sus efectos psicológicos, en los capítulos dedicados a la percepción de lo moviente, de la forma, del espacio y de la duración. Todo concluye en un estudio muy original sobre la manera en la que se vincula la percepción con la afectividad y con el campo de la actividad propiamente humana, tecnológica.
En suma, luego de este camino, en el que merece especial atención la relación íntima y problemática a la vez entre percepción y sensación, podríamos nomás prolongar y decir que para Simondon, solo puede trazarse la historia de la vida si se hace la historia de la noción de percepción.
Curso sobre la percepción
Este Curso sobre la percepción (1964-1965) es un programa riguroso, fundado en una sospecha: solo puede trazarse una historia de los sistemas filosóficos si se hace la historia de la noción de percepción.
En este sentido, Simondon retoma la intuición primera de los fisiólogos jónicos, para quienes “la percepción era el principal modo de conocimiento del mundo”. A partir de allí se recorren las bifurcaciones que se pierden y se reúnen, para volver a perderse y volver a reunirse con esta visión primera. Así se dibujan vías divergentes aún en el mundo antiguo entre jónicos y platónicos-pitagóricos, con una vía media aristotélica, y a un segundo nivel, con el epicureísmo y el estoicismo. Luego en el período clásico, con la oposición entre racionalismo (Descartes y su prole) y empirismo (Locke, Berkeley y Hume), y la vía media ahora encarnada por Kant. Finalmente, en la modernidad, donde ya la percepción se piensa a partir de investigaciones y teorías científicas, sobre todo psico-fisiológicas, y que hallan en la teoría de la intuición bergsoniana un novedoso lazo entre materialismo y espiritualismo.
Pero Simondon no se contenta con repasar la manera en la que los filósofos trataron la cuestión de la percepción, sino que en los sucesivos capítulos de este curso se dedica a estudiar la función perceptiva en los diversos seres de la naturaleza, con bellos pasajes sobre la percepción en plantas y animales, para concentrar luego todo su rigor en los vínculos trazados entre percepción e información, recogiendo sus efectos psicológicos, en los capítulos dedicados a la percepción de lo moviente, de la forma, del espacio y de la duración. Todo concluye en un estudio muy original sobre la manera en la que se vincula la percepción con la afectividad y con el campo de la actividad propiamente humana, tecnológica.
En suma, luego de este camino, en el que merece especial atención la relación íntima y problemática a la vez entre percepción y sensación, podríamos nomás prolongar y decir que para Simondon, solo puede trazarse la historia de la vida si se hace la historia de la noción de percepción.
De los agenciamientos
A
partir de Spinoza, del que tenemos necesidad, se desarrollará una especie de
plano de composición, de consistencia, que se definirá por la unidad de los
materiales, o de cierta manera (y es la misma cosa), por la posición de
univocidad. Es un pensamiento que no pasa ni por las formas, ni por los
órganos, no por los organismos, una especie de pensamiento informal, y decir
que el plano de consistencia se define por una unidad de los materiales nos
remite también a un sistema de variables, a saber: las variables consisten, una
vez dicho que eran los mismos materiales en todos los agenciamientos, las
variables consisten en las posiciones y las conexiones. La variación de las
posiciones y conexiones de los materiales que constituyen los agenciamientos
llamados maquínicos, agenciamientos maquínicos de los que el punto común era
que todos realizaban el plano de consistencia según tal o cual grado de
potencia. Entonces tenemos un primer lazo muy marcado entre el plano de
composición o de consistencia y los agenciamientos maquínicos que realizan ese
plano de maneras muy diversas, según la posición y las conexiones de los
materiales en cada agenciamiento. Y en fin, según cada agenciamiento, se
realizan las circulaciones y las transformaciones de afectos, siendo un
agenciamiento maquínico un lugar de paso, un lugar de transformación de afectos
intensivos, esos afectos intensivos corresponden a los grados de potencia de
cada agenciamiento maquínico.
De la escritura
Escribir
es dar fe de la vida. Es dar fe de la vida, y por ende por, en el
sentido en el que decíamos por los animales que mueren. Es tartamudear
en la lengua. Hacer literatura, echar mano de la infancia, es la típica forma
de hacer de la literatura el pequeño asunto privado de uno. Es algo que te
revuelve las tripas, es de veras la literatura de Prisunic, de bazar, son los best-sellers,
es una verdadera mierda. Si uno no empuja el lenguaje hasta el punto en el que
empieza a tartamudear –porque no es fácil, no basta con tartamudear así:
«bé-bé-bé». Si uno no llega hasta ese punto, entonces, tal vez en la
literatura, al igual que en... a fuerza de empujar el lenguaje hasta un límite,
haya un devenir animal del lenguaje mismo, y del escritor, haya también un
devenir niño, pero no se trata de su infancia. Deviene niño, sí, pero no se
trata de su infancia, ya no se trata de la infancia de nadie: se trata de la
infancia del mundo, la infancia de un mundo. Entonces, los que se
interesan por su infancia, que se vayan a paseo, y luego que continúen, está
muy bien: harán literatura que merecen. Si hay alguien que no está interesado
en su infancia, ése es Proust, por ejemplo. En fin, las tareas del escritor no
consisten en rebuscar en los archivos familiares, no consisten en interesarse
por su infancia: nadie se interesa, nadie digno de cualquier cosa se interesa
por su infancia. Ésa es otra tarea: devenir niño mediante la escritura, ir
hacia una infancia del mundo, restaurar una infancia del mundo, ésa es una
tarea, son las tareas de la literatura.
De la escritura
Escribir no es contar los recuerdos, los viajes, los amores y los lutos, los sueños y las fantasías propios. La literatura sigue el camino inverso, y se plantea únicamente descubriendo bajo las personas aparentes, la potencia de un impersonal que en modo alguno es una generalidad, sino una singularidad en su expresión más elevada:
un hombre,
una mujer,
un animal,
un vientre,
un niño...
Las dos primeras personas no sirven de condición para la enunciación literaria; la literatura sólo empieza cuando nace en nuestro interior una tercera persona que nos desposee del poder de decir Yo (lo «neutro» de Blanchot).Multiplicidades
La diagonal se libera, se rompe o serpentea. La línea ya no hace contorno, y pasa entre las cosas, entre los puntos. Pertenece a un espacio liso. Traza un plan que ya no tiene más dimensiones que lo que lo recorre; la multiplicidad que constituye ya no está subordinada a lo Uno, sino que adquiere consistencia en sí misma. Son multiplicidades de masas o de manadas, no de clases; multiplicidades anómalas y nómadas, y ya no normales o legales; multiplicidades de devenir, o de transformaciones, y ya no de elementos y numerables y relaciones ordenadas; conjuntos difusos, y ya no exactos, etc. Desde el punto de vista del pathos, la psicosis y sobre todo la esquizofrenia expresan esas multiplicidades. Desde el punto de vista de la pragmática, la brujería las maneja. Desde el punto de vista de la teoría, el estatuto de las multiplicidades es correlativo del de los espacios e inversamente: pues los espacios lisos del tipo desierto, estepa o mar, no carecen de pueblo o están despoblados, están poblados por las multiplicidades de segunda especie (las matemáticas y la música han ido muy lejos en la elaboración de esta teoría de las multiplicidades).
Revolución molecular
El inconsciente freudo-lacaniano está individualizado, es
personológico y familiarista; pone en juego imagos y componentes imaginarios;
se dirige hacia el pasado y se apoya en una psicogénesis, destacando la
infancia, no puede revelarse más que por la transferencia y la interpretación y
es, finalmente, significante. Con este inconsciente no podemos hacer nada; no
tenemos nada que ver con él. Necesitamos un inconsciente que nos permita
comprender no solamente lo que sucede a nivel de individuos aislados, sino
colectivamente; no sólo a nivel de grupos de individuos, sino también de grupos
de órganos, de grupos de funciones, de procesos materiales, ecológicos,
fisiológicos, etnológicos, económicos y políticos de cualquier naturaleza. En
otras palabras, este inconsciente no está hecho sólo de palabras, sino de
cadenas de significantes que ponen en juego elementos de espacio, elementos de
percepción, elementos biológicos; cadenas semióticas y económicas que las
intervenciones de los medios de comunicación masiva ponen en juego. El
inconsciente, me espetarán, responderán ustedes, es todo lo que dicen: es
imaginario, espacial, económico. Pero diciendo esto, lo reducen a la categoría
de lo significante de tipo lacaniano y requieren de esa categoría que explique
el funcionamiento del inconsciente. Poco importa, entonces, asociarlo con esto,
a partir del momento en que socialmente se reduce a significante de una
subjetividad individualizada. La fórmula clave del lacanismo está en decir que
un significante representa a un sujeto para otro significante; el inconsciente
está, por lo tanto, ligado a una especie de material transemiótico que es el
significante y que es inseparable del sujeto. A todo eso, contestaré que no
tenemos necesidad de especialistas de este tipo de inconsciente, funcionarios a
los que se les remunera muy bien y que, en Francia al menos, ya no pagan
impuestos. No necesitamos personas que pretenden ser neutras y se benefician
con los problemas del inconsciente. Los verdaderos problemas del inconsciente
no son neutros ni benefactores. No existe ni un solo problema del inconsciente
que no implique una problemática micropolítica a nivel de la familia, de la
empresa, de la escuela, del barrio o grupo social en el que se halla inmerso.
Esta micropolítica plantea problemas políticos fundamentales.
Para concluir diré, simplemente, que el modelo de
inconsciente que necesitamos no puede ser reducido ni a imágenes, ni a
familias, ni a lenguaje, ni a una técnica de lectura ni de interpretación a
través de la transferencia. El inconsciente real de hoy está hecho también de
problemas económicos, monetarios, de espacio; problemas del cuerpo, biológicos;
de problemas de represión social. Es un inconsciente heterogéneo al que sólo
puede tomársele colectivamente. Está delante de nosotros, al alcance de la
mano; no detrás, en los arquetipos, en la estructura, en los complejos, cuya
llave la tendrían sólo los especialistas. Félix Guattari
Hacer un cuerpo
El verdadero teatro siempre me pareció el ejercicio de un acto peligroso y terrible, en donde se eliminan tanto la idea del teatro y del espectáculo como las de toda ciencia, toda religión y todo arte. El acto del que hablo está dirigido a la transformación orgánica y física verdadera del cuerpo humano. ¿Por qué?
Porque el teatro no es esa escena en donde se desarrolla virtual y simbólicamente un mito sino ese crisol de fuego y carne verdadera en donde anatómicamente, por aplastamiento de huesos, de miembros y de sílabas, se rehacen los cuerpos, y se presenta físicamente y al natural el acto mítico de hacer un cuerpo.
A. Artaud
Del humor y Carroll
El humor es atonal, absolutamente imperceptible, hace huir algo. Es un arte de acontecimientos puros. Hace tartamudear una lengua.
Nunca se trata de juegos de palabras, sino de acontecimientos de lenguaje, un lenguaje minoritario que se ha vuelto capaz de crear
acontecimientos de lenguaje. No hay ni un solo juego de palabras en L. Carroll.
Charles Lutwidge Dodgson era el nombre verdadero del autor de las "Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas" (Alice's Adventures in Wonderland), y de "A través del Espejo" (Through the Looking Glass). Nacido en Daresbury, Inglaterra
Alice se publicó en 1864, y A través del espejo, en 1871. Ambas fueron ilustradas por el famoso dibujante inglés John Tenniel. Estos libros han sido posteriormente ilustrados por otros muchos artistas, pero los magníficos dibujos de Tenniel continúan siendo los favoritos.
Otras publicaciones de Lewis Carroll son: La caza del Snark(The Hunting of the Snark) (1876) y el cuento Silvia y Bruno 1889 y 1893.
Proposición XXII
Ética demostrada según el orden geométrico
Baruch Spinoza
Tercera parte: Del origen y naturaleza de los afectos.
Proposición XXII
Si imaginamos que alguien afecta de alegría a la cosa que amamos, seremos afectados de amor hacia él. Si, por contra, imaginamos que la afecta de tristeza, seremos afectados de odio contra él.
Demostración: Quien afecta de alegría o tristeza a la cosa que amamos, nos afecta también de alegría o tristeza, si imaginamos la cosa amada afectada de esa alegría o tristeza (por la Proposición anterior). Ahora bien: se supone que esa alegría o tristeza se da en nosotros acompañada por la idea de una causa exterior; por consiguiente (por el Escolio de la Proposición 13 de esta Parte), si imaginamos que alguien afecta de alegría o tristeza a la cosa que amamos, seremos afectados de amor u odio hacia él.
Escolio: La Proposición 21 nos explica qué es la conmiseración; podemos definirla como una tristeza surgida del daño de otro. Pero no sé con qué nombre debe llamarse la alegría que surge del bien de otro. Llamaremos aprobación al amor dada aquel que ha hecho bien a otro, y, por contra, indignación, al odio hacia aquel que ha hecho mala otro. Debe notarse, en fin, que sentimos conmiseración no sólo hacia la cosa que hemos amado (como hemos mostrado en la Proposición 21), sino también hacia aquella sobre la que no hemos proyectado con anterioridad afecto alguno, con tal que la juzguemos semejante a nosotros (como mostraré más adelante). Y, de esta suerte, aprobamos también al que ha hecho bien a un semejante, y nos indignamos contra el que le ha inferido un daño.
Hecceidad
La hecceidad es un modo de
individuación, diferente a una persona o sujeto. Individuación como relación
compleja de partes intensivas, de velocidades y de lentitudes.
Una cuestión de intensidades, de potencia, de poder, de líneas intensivas. Cuando hablo de poder, me refiero a poder hacer, todo lo contrario al poder de someter.
Una cuestión de intensidades, de potencia, de poder, de líneas intensivas. Cuando hablo de poder, me refiero a poder hacer, todo lo contrario al poder de someter.
Gilles Deleuze en George qui ? (1973) de Michèle Rosie
George qui ?
Francia - 110 minutos - Color - Formato 4/3 - VF
Dirección de la fotografía Armand Manco - Ingeniero del sonido Bernard Ortion - Ingeniero de imagen Jacques Maumónt - Decorador Michel de Broin - Disfraces M.C. Altot - Montaje Suzanne Banon - Música Mal Waldron y Jean Jacques Debout
Una coproducción de Go-Films, N.E.F. Difussion con la participación del CNC
Lammennais fue un filósofo francés que gran parte de su vida
fue fiel a las ideas católicas, pero que con el tiempo dirigió críticas a la
institución eclesiástica y al gobierno, por lo que Bakunin llega a decir que
"si hubiera vivido más, habría resultado siendo un ateo". Al final de
su vida pidió que se le enterrara sin ningún rito y terminó siendo arrojado a
la fosa común.
Laetitia
El término latino que utiliza Spinoza para referirse a la alegría –"Laetitia"– significa, en general, placer, deleite o contento producto de un alma exultante, pletórica de vida. El alma se alegra cuando la vida en ella se desparrama incontenible, se divierte. Originariamente, al parecer, pertenecía al lenguaje rústico designando la prosperidad, la riqueza de los dones naturales. Laetitia pabuli significa en Justino la abundancia de pastos, y Catón opone Ager laetus a Ager siccus. En Columella encontramos asociado este término al vigor, fertilidad y exhuberancia de la naturaleza: Laetitia trunci, por ejemplo, es el vigor, la fuerza del tronco. Hay como vemos una estrecha relación semántica entre Laetitia y Conatus: la fuerza que impulsa a algo a desarrollarse, a crecer, a alcanzar la plenitud de su ser es su Laetitia.
Fuente: La Laetitia en Spinoza
Jesús Ezquerra Gómez
De lo intempestivo
OP: En el territorio de las artes, Deleuze hace
hincapié en demostrar una predilección por los artistas “intempestivos”: Van
Gogh, Artaud, Burroughs... ¿Esa posición –por más encantadora que pueda parecer
a los oídos del lector medio- no corre el riesgo de ser entendida de forma
estereotipada, de tratar a Deleuze en el gran circo mediático como una especie
de “filósofo maldito envuelto con autores igualmente malditos”?.
SR : Si definiésemos lo
“intempestivo” exactamente como la emergencia de una diferencia
desestabilizadora de las formas vigentes, la cual nos separa de lo que somos y
nos plantea una exigencia de creación, una obra de arte es aquella que se hace
como una respuesta a una exigencia de este tipo: a mi entender, es sólo cuando
eso sucede que se puede hablar de arte. Siendo así, es de esperar que los
autores que Deleuze elige como componentes de las cartografías que él traza
para cada una de sus cuestiones tengan con certeza algo de intempestivo,
incluso cuando muchos de ellos parezcan no tener nada en común. Ahora bien,
nuevamente aquí, considerar “malditos” tanto a Deleuze cuanto a los autores de
los que él se apropia, tiene que ver con una cierta relación con lo
intempestivo. Esta relación se define por una posición ética; lo intempestivo
sólo es maldito para quien no soporta encarar la finitud e insiste en alucinar
lo absoluto. De todos modos, una obra nunca tiene el poder de evitar los
contrasentidos. Una vez lanzada, ella será apropiada de las maneras más
imprevisibles, tantas como fuesen las posiciones desde las cuales se piensa.
S
Entrevista
a Suely R olnik
O
POVO/Sábado. Fortaleza-CE. Sábado 18 de noviembre de 1995.
Transdisciplinación/corpodrama como producción de subjetividad/corporalidad
Por SUSANA KESSELMAN
(Relato de las Jornadas por el Pre Congreso Octubre 1997 /Lo Social-Grupal a Fin-Comienzo de Siglo-Milenio , S.A.P.)
La ponencia trata de reflexionar acerca de la construcción de una práctica (un saber y un quehacer) que se va produciendo desde la actividad conjunta de cuatro profesionales de disciplinas diferentes (la Eutonía y la Psicología en su particular forma la Multiplicación Dramática -MD-) que, mientras experimentan en seminarios y talleres, se van transfundiendo (y con-fundiendo) entre ellos y creando una nueva expresión, siempre en vías de virar hacia una forma, de cuajar un territorio (he ahí su dificultad) y que resulta de la afectación de las disciplinas de origen, de las crisis identitarias personales y profesionales que la “otra” disciplina empuja en las propias. La transdisciplina, a diferencia de la interdisciplina que implica una voluntad ordenadora e integradora de saberes, supone un estado de permanente experimentación con los marcos conceptuales y de acción consabidos que lleva a los profesionales a un saber provisorio que corre el riesgo de querer legitimarse e instituirse como superador de las disciplinas que lo gestaron antes que como bocetos, estertores fragmentarios de restos disciplinarios en extinción. El estado de lo experimental implica personas, tanto coordinadores como coordinados, de cuerpos frágiles, dispuestos al desequilibrio, a las distonías, con la incertidumbre que generan los no lugares, no como pasos previos al equilibrio, a la regulación tónica o a la idea de un lugar a venir, sino como inmanentes a los estados “trans”. La interdisciplina, en contrapartida, tiene la tentación de cerrar, abarcar, sintetizar, mantener formas, sumar puntos de vista y asentarse en la seguridad y comodidad de las verdades.
Suely Rolnik en su libro Cartografía Sentimental escribe:
Para los geógrafos, la cartografía, a diferencia del mapa, que es una representación de un todo estático, es un diseño que acompaña y se hace al mismo tiempo que los movimientos de transformación del paisaje.
Los paisajes psicosociales son también cartografiables. La cartografía, en este caso, acompaña y se hace mientras se desintegran ciertos mundos, pierden su sentido, y se forman otros: mundos, que se crean para expresar afectos contemporáneos, en relación a los cuales los universos vigentes se tornan obsoletos.
Siendo tarea del cartógrafo dar voz a los afectos que piden pasajes, de él se espera básicamente que esté involucrado en las intensidades de su tiempo y que atento a los lenguajes que encuentra, devore aquellos elementos que le parezcan posibles para la composición de las cartografías que se hacen necesarias.
...Sustentar la vida en su movimiento de expansión...
¿No será eso que define su sensibilidad, independientemente del grupo al que pertenece, de sus referencias teóricas, de sus preferencias metodológicas y hasta de sus nombres?.
Cartógrafo, cuando queremos resaltar que él no revela sentidos ‑el mapa de la mina ‑ sino los crea, ya que no está disociado de su cuerpo vibrátil: por el contrario, es a través de ese cuerpo, asociado a sus ojos, que procura captar el estado de las cosas, su clima, y para ellos crear sentido.
Llamamos Transdisciplina a esta modalidad que lleva a la persona a ceder seguridades por incertidumbres, a arriesgar razones por azares, a exponer el cuerpo en la verosimilitud precaria de la sensación, sin dejar de atragantarse con el mundo (ya que no hay nada suficientemente ajeno), a fundar una existencia en la ética y estética de lo imprevisible, como estilo de vida, como modo de ser y que, referido a lo profesional, se manifiesta con caracteres similares.
El profesional transdisciplinado vive con malestar ciertos modos de hacer ciencia, que, en nombre del rigor metodológico, lo apartan de las manifestaciones de lo humano con las que él vibra. Se inquieta cuando se le exige identidad profesional o muerte (para no ser descalificado, no reconocido o echado de lo instituido como central), más fiel a los principios de la propia disciplina que a las manifestaciones de aquello que está cambiando y que todavía no es y que curiosamente siempre circula cerca de los bordes. Inventa nombres y conceptos para sus experimentos, con el deseo de herir, hacer sangrar, drenar, no dejar que cierre la palabra, para que todavía se note en ella el latido de lo vivo. Es un profesional que sabe más “lo que no” que “lo que sí”, que ya no puede soportar la simplificación sin sonrojarse y que está condenado dantescamente a una complejidad devoradora de lo que lo toca en su humano y por lo tanto inestable.
Entendemos así que la Transdisciplinación , se refiere a un modo de producción de subjetividad distinto que aquél de la Interdisciplinación , a un proceso a través del que se crea un territorio de experimentación en las personas (caosmosis existencial), de autoobservación y de observación de hábitos de pensar, hacer, sentir o decir (figuras de subjetivación), con una invitación a la lógica de los sentidos y de los cuerpos, a un tartamudeo de las estrategias, de las logísticas y de las técnicas, a una deconstrucción de los tiempos y los códigos. En este territorio existencial se vive en el choque permanente entre disciplinas o, de un modo amplio, entre culturas diferentes, que ponen en cuestión, hacen asintónica o despiertan la extrañeza, respecto de un pensamiento organizador, hegemónico, etnocéntrico y por lo tanto familiar y tranquilizante a través del cual cada profesional, las técnicas, las culturas son reconocidas, identificadas, entendidas, exteriorizadas.
Lo Transdisciplinario en la vida profesional (o personal) del sujeto se hace a medida que tiene lugar un proceso de heterogénesis en el marco conceptual y de acción que se considera como “propio” y se da a partir de conceptos científicos, de puntos de vista, de expresiones culturales que se infiltran en la vida de las personas, de contrabando, al descuido, al principio sin sospechas, dado que se trata de algo ajeno, pero gustoso, que no altera la consistencia del campo “de uno”, sino que refresca al viajero del tedio del viaje. Intereses musicales, gustos literarios, influencias cinematográficas, curiosidad por cuestiones que afectan a otros campos de la ciencia o de la cultura llegan como una manifestación natural de quien vibra con su tiempo, para luego impregnarlo todo.
El ideal de aceptación de lo ajeno, noble pensamiento de la cultura progresista, que supone el reconocimiento de lo propio (amemos a los negros, a los judíos, a los homosexuales, a los zurdos aunque sean diferentes a nosotros), en el proceso de lo transdisciplinario tendería a complejizarse ya que desde una mirada micropolítica sería necesario, no sólo observar este mecanismo dentro de cada uno (amemos nuestras contradicciones, nuestras debilidades, a nuestro extraño, a nuestro negro interior, típico de las tendencias armonizadoras de un neo new age), no sólo vivir el resquebrajamiento de una cultura que sacralizó los opuestos como dicotomías (amemos la diferencia), sino la producción de la desestabilización o del desequilibrio como fuentes de incomodidad, de tensión necesarias para un cambio (aprender a transitar el malestar antes que lograr el bienestar, para poder caminar es necesario aprender a desequilibrarse, cambiar el peso de una pierna a otra, etc.)
Hernán Kesselman en el aula taller de Multiplicación Dramática del CPO (Centro de Psicoterapia Operativa):
Diferencias entre interdisciplina y transdisciplina: la interdisciplina nace de un hambre de completar más aún algo que a la disciplina le falta, la transdisciplina nace de la energía maquínica que permite hacer circular la energía del deseo que sobra y que lleva a las disciplinas a interpenetrarse una con otra. En la transdisciplina hay mezcla caótica de subjetividades, tal como proponemos en la Multiplicación Dramática. En la interdisciplina hay respeto, cuidado obsesivo por el objeto de estudio (tal como antes dije que se cuidaban y respetaban a los pacientes con la abstinencia en lugar de la violencia amorosa y creativa en el trabajo de parto de la gestación grupal), hay sumatoria de esquemas conceptuales, epistemologías convergentes para tratar la misma cosa de diferentes maneras, pero con la misma música. La multiplicación dramática va siendo un modo transdisciplinario de producción de subjetividad que despliega la escena como obra abierta, que se profundiza como intertexto, por extensión rizomática.
CORPODRAMA
Algunas palabras sobre el Corpodrama, no tanto en su aspecto técnico (delimitación de su objeto de estudio, principios, estrategias y modos de abordajes) sino como forma abierta, cuyo quehacer y saber se va haciendo y en proceso de multiplicación y transdisciplinación.
Quizás sea necesario glosar algunos términos:
Eutonía : abordaje corporal que busca la flexibilidad de tono a través de una serie de recursos que producen estados de sensibilidad, de propiocepción, de motricidad, de interrogación de lo obvio de los hábitos corporales, en una corporalidad siempre a producirse. En mi abordaje corporal, pongo el foco en la persona del educador, psicoterapeuta, psicodramatista, terapeuta de modalidades varias, coordinador de grupo en actividades relacionadas con la temática que nos reúne, con la intención de ir produciendo estados favorables a la autoobservación del cuerpo y desencadenar un proceso que active receptores y mecanorreceptores en los distintos tejidos, articulaciones o vísceras, orientado hacia el desarrollo de la sensibilidad superficial y profunda. Las técnicas corporales proveen recursos. Uno de lo métodos de autoobservación que utilizo es el Inventario, que es como una de esas llaves con varias combinaciones, que afortunadamente no se sabe qué puertas abren. El Inventario, en su uso más tradicional, sirve para el registro consciente y voluntario de la sensibilidad de lo interoceptivo, propioceptivo o exteroceptivo o sea de los modos de hacer y estar en el cuerpo y, al mismo tiempo que hace bucear en zonas del cuerpo quizás no exploradas todavía, despierta la curiosidad, no de saber quiénes somos, sino cómo estamos o hacemos algunas cosas. El método, al menos en mi manera de utilizarlo, ayudaría a entrever que no hay separación entre sujeto y el objeto de estudio sino que ambos están en el mismo cuerpo y que la verdad o el conocimiento viene de la fragilidad y fugacidad de la sensación y no (¿sólo?) del juicio de un observador externo. O sea que la relatividad de las verdades está en la relatividad de la sensación cuya ley de vida es la mutación permanente (relatividad de los principios que nos permiten reconocernos, de los marcos disciplinarios) y la persona descubre que ser sensible se conjuga toda el tiempo, que el compromiso con la sensación es un compromiso con el flujo de la vida en todas sus manifestaciones. El estado de sensibilidad se inventa todo el tiempo. Captar formas, pesos, temperaturas, texturas, consistencias, direcciones, distancias, volúmenes, formas de hacer los movimientos, ritmos. Y todavía más. Sensibilidades que se filtran, sin nombre, quizás imperceptibles y que se desarrollan por los bordes de las percepciones dominantes, de consciencia brumosa: intensidades, planos, flujos, movimientos del alma de las vísceras. Estas sensibilidades apuntan a la preparación, la preparación siempre, del territorio de experimentación. Así se diseña un estado microperceptivo, de cuerpo y pensamiento sensible, de no espera de resultados, una capacidad para no juzgar las sensaciones o emociones que vienen del cuerpo, para poder captar lo pequeño, los gestos ínfimos, para no reducir la complejidad de lo humano en diagnósticos generales. El estado de sensibilidad nos punza a no olvidarnos de cultivar un no saber en el saber oficial que cada uno tiene sobre sí mismo (no sólo a querer llenarlo) y a no abandonar el pequeño ruido de la artrosis como guía para la indagación de los modos de articular habituales. La incertidumbre respecto de las percepciones que llegan desde el cuerpo es siempre una puerta para la invención de recursos. Experimentar el inventario en sí mismo, facilitaría en el profesional el dejarse mover por las voces de su cuerpo e ir descubriendo en la fragilidad de sus percepciones (fragilidad por lo efímero, por la dificultad de captar esencias cuando se trata de sensaciones) una afirmación de vida y así no temer tanto a la fragilidad de sus marcos conceptuales cuando quieren abarcarlo todo. El contacto con la fragilidad en nosotros daría la fuerza para acompañar la fragilidad de otros seres y sentirla como una afirmación de vida.
Multiplicación dramática: Abordaje, dispositivo analizador y productor de acción. Si bien la eutonía facilita los recursos tónicos para la flexibilidad corporal, no conduce necesariamente a la flexibilidad de rol, ni facilita per se la posibilidad de pensar y hacer en escenas. Curiosamente, hemos observado que las personas que han encontrado un equilibrio tónico en algunas posiciones o posturas, se desequilibran cuando atraviesan la escena, se rozan con otros cuerpos, cambian velocidades o tropiezan con situaciones accidentales. La MD al desestabilizar tonos producidos en situaciones alejadas del equilibrio (como dirían los físicos actuales), facilita estados moleculares caosmóticos, ricos en sensibilidades emergentes que puedan atravesar situaciones más complejas. Este método, iniciado en “Las escenas temidas del coordinador de grupos”, por los doctores Frydlewsky, Kesselman y Pavlovsky, tiene por objetivo trabajar sobre las escenas que capturan a los terapeutas, psicoterapeutas y coordinadores de grupos, etc. en su ejercicio profesional y los recursos personales y grupales que ayudan a la salida de la captura. La Multiplicación Dramática en el espacio trans de la experiencia corpodramática me proporcionaba un marco confiable para ir hacia la flexibilidad de tono por otros caminos. Para mí fue un abordaje que trajo un soplo de aire fresco (como diría Deleuze) a mis propios abordajes y flexibilizó mi Eutonía. Ya no puse tanto el énfasis en la armonía, en los sentimientos de completud, en la integración corporal, en la proscripción de los extremos y la valoración de la neutralidad del terapeuta, que es el ideal del comportamiento del eutonista (en el sentido de no dejarse invadir por la subjetividad y los propios sentimientos), sino en la idea de no bloquear las manifestaciones de la vida ya sea que vengan como asimetría, fragilidad, distonía, disrritmia. Como somera descripción diré que la MD (Multiplicación Dramática) trabaja con inventarios, archivos de escenas conflictivas profesionales, con el préstamo de una de las escenas para que el grupo resuene con ella. Resonar en el sentido no de corregir, mejorar, interpretar la escena original sino de ser tocados en las propias escenas. Así las escenas resonantes que muchas veces tiene un efecto de catarata, por la velocidad e intensidad de su flujo, al alejarse de la escena original, la van abriendo a nuevas formulaciones.
En el Corpodrama seguimos algunas secuencias:
1. Inventario, recurso técnico de la Eutonía , a través del cual las personas hacen un recorrido minucioso de zonas del cuerpo, por diferentes tejidos corporales, en un camino hacia la inmovilidad y la lentificación de los ritmos corporales, generalmente en posturas en las que no es necesario el esfuerzo antigravitatorio y el cuerpo se dispone a un tono bajo, en un enfriamiento progresivo que favorece una apertura de la sensibilidad. Llamamos colding a este estado a través del que se va gestando una corporalidad dispuesta a la invención de nuevas conexiones neuronales y capacidades perceptivas. El colding es una innovación respecto del tradicional warming-caldeamiento-preparación psicodramática usual, que enriquece la Multiplicación Dramática y que prepara al prestador de la escena o protagonista para la Covisión , haciendo del Corpodrama un devenir de la Multiplicación Dramática habitual (caldeamientos específicos e inespecíficos);
2. Producción de un estado corporal sensible para el tránsito fluido entre centros y periferias en el cuerpo (aprendizaje en el cuerpo acerca de qué es central y qué es periférico, lo periférico como un lugar donde las tensiones corporales encuentran una ventana para atravesar), en la escena (las fronteras como lugares de intercambio y descentramiento). Producción de estados corporales favorables al movimiento y al pensamiento en escenas y a producción de estados de resonabilidad corporal y escénica (creación de un estado de buena receptividad para captar y reaccionar en lenguajes escénicos).
3. Covisión corpodramática con exploración de la “captura tónica” de una escena demostrativa y su despliegue y descentramiento por parte del grupo a través de la Multiplicación Dramática (escenas resonantes, alejadas de la escena demostrativa original). En general, se llega a la escena demostrativa a través de la producción de un estado que incluye juegos corporales, cambios rítmicos y posturales, movimientos desde distintos motores del cuerpo, experimentación con la proximidad o lejanía, con posturas de tensión, etc. Se trata de que sea la acción corporal la que desencadene la escena En la Covisión corpodramática incluimos recursos de las técnicas corporales que nos sirven para ir creando la corporalidad que va a producir, en la misma “escena corpodramática”, la escena de captura. En este sentido, también resulta de enriquecimiento a la Covisión en sus formas más habituales.
Hernán Kesselman describe la Covisión , en su forma actual, como un método de supervisión psicodramático y grupal que examina las escenas conflictivas de la práctica profesional de psicoterapeutas o coordinadores de grupo, tratando a la captura como un fenómeno que involucra al supervisado tanto como a los pacientes o coordinados. El profesional se implica al tropezar la dificultad que quiere resolver con los fantasmas que lo invaden desde la singularidad de la “novela” personal que él tiene de sí mismo como profesional y que conecta con los fantasmas del paciente (o de los coordinados) produciendo la inmovilidad típica de la captura que intenta resolver. Para resolver tiene primero que explorar y para ello, debe permitir que el grupo de compañeros actúen a la manera de un conjunto de ensayo teatral, donde el autor “presta” su obra a un director, éste, a su vez, busca sus actores y así, el autor va viendo cómo su obra, al descentrarse de su persona, se reinscribe en múltiples significados y posibilidades. Por ello, en el comienzo y a través de un “script” o guión, el protagonista presta su escena para ser dramatizada en lugar de narrarla. La presta con la idea de desentrañar la novela que él tiene de sí mismo como profesional y para incorporar recursos múltiples que lo acompañen a modo de repertorio de líneas de fuga, para ésa u otras escenas de su actividad. Elige a alguien que lo represente, quien a su vez elige, de entre sus compañeros, a alguien que lo auxilie para ser el director de lo que él interpretó qué y cómo es la escena y a alguno o a algunos compañeros del grupo para construir la escena mostrativa de la escena de captura (esto no es equivalente a una escena conflictiva de la vida profesional, aunque puede desarrollarse como parte de ella), en una práctica de desrostrización y descentramiento de quien quiere explorarla, supervisarla grupalmente. Así, lo que habrá de mostrarse es un boceto estructurado en una imagen que inmoviliza, que captura fantasmáticamente, tanto al terapeuta como al paciente en sus singularidades de conexión y que producen una escena temida que el profesional desea compartir, covisionándola por el grupo. Una vez focalizada la escena de captura, los actores abandonan el escenario y retornan al espacio de la observación, donde sumados a los integrantes del resto del grupo se disponen a proponer al conductor escenas disparadas por la intensidad y no sólo por la narrativa de la escena mostrativa, en una cadena de escenas en las que se practica una gimnasia de la resonancia.
Foucault-Deleuze
Soy consciente, empero, de que falta un capítulo sobre Gilles Deleuze, quien es ciertamente un contemporáneo capital. Deleuze fue uno de los interlocutores filosóficos privilegiados de Foucault, y en momentos tan diferentes, que sería totalmente apasionante reconstituir los efectos de ese diálogo sobre sus obras respectivas. Pues no se trata meramente de una influencia recíproca, sino de una discusión permanente, libro tras libro, artículo tras artículo. Por lo tanto, primero había pensado —aunque no poseo ningún documento nuevo para producir— que sería útil retrazar al menos los caminos, las diferentes etapas de ese intercambio emplazado tanto bajo el signo de Nietzsche a comienzos de los años sesenta, como marcado por la impronta de las “luchas” y de la crítica del psicoanálisis en los años setenta. Finalmente renuncié. La razón es sencilla: ya había tratado extensamente las relaciones de Foucault y Deleuze en mi biografía. Había entrevistado a Deleuze en varias ocasiones y había utilizado su testimonio para construir mi trabajo. Pronto me di cuenta de que en el fondo no tenía gran cosa para agregar a lo que ya había escrito, o que ya no fuera conocido. Volveré a considerar las relaciones entre Foucault y Deleuze en el marco de una obra ulterior que tratará específicamente el debate filosófico de los años sesenta y setenta.
Libro: Michel Foucault y sus contemporáneos
Autor: Didier Eribon
Foucault sobre Deleuze
“La amistad, para mí, es una suerte de francmasonería secreta”, declara en 1978 a Moriaki Watanabe. No obstante agrega: “Pero tiene puntos visibles. Usted habla de Deleuze, quien es evidentemente alguien muy importante, y yo lo considero como el más grande filósofo de la actualidad.” (Michel Foucault, “La scène de la philosophie”, entrevista con Moriaki Watanabe, in Dits et écrits, op. cit., t.3, texto N° 234.)
En 1969, a una pregunta de Jean–Jacques Brochier, quien le hizo observar que fuera de los “estructuralistas” hay pocos filósofos que hayan “tomado conciencia del fin de la filosofía trascendental”, Foucault responde: “Por el contrario, conozco muchos, en cuya primera fila pondré a Gilles Deleuze.” (“Michel Foucault explique son dernier livre”, entrevista con Jean–Jacques Brochier, Magazine Littéraire, N°28, abril–mayo de 1969, pp. 23–25.)
Medidas
Se trata de mostrar que
el cuerpo, supera el conocimiento que de él se tiene, y que el pensamiento
supera , en la misma medida, la conciencia que se tiene de él.
Ecce homo
Yo no soy en modo alguno un espantajo, un monstruo de moral; yo soy incluso una naturaleza antitética de esa especie de hombres venerada hasta ahora como virtuosa. Dicho entre nosotros, a mí me parece que justo esto forma parte de mi orgullo. Yo soy un discípulo del filósofo Dioniso, preferiría ser un sátiro antes que un santo. Pero léase este escrito. Tal vez haya conseguido expresar esa antítesis de un modo jovial y afable, tal vez no tenga este escrito otro sentido que ése. La última cosa que yo pretendería sería «mejorar» a la humanidad. Yo no establezco ídolos nuevos, los viejos van a aprender lo que significa tener pies de barro. Derribar ídolos («ídolos» es mi palabra para decir «ideales»), eso sí forma ya parte de mi oficio. A la realidad se la ha despojado de su valor, de su sentido, de su veracidad en la medida en que se ha fingido mentirosamente un mundo ideal. El «mundo verdadero» y el «mundo aparente»; dicho con claridad: el mundo fingido y la realidad. Hasta ahora la mentira del ideal ha constituido la maldición contra la realidad, la humanidad misma ha sido engañada y falseada por tal mentira hasta en sus instintos más básicos hasta llegar a adorar los valores inversos de aquellos solos que habrían garantizado el florecimiento, el futuro, el elevado derecho al futuro.
Friedrich Wilhelm Nietzsche
Ecce homo
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Gilles y Félix
Mil mesetas
Bibliografía de Gilles Deleuze en castellano
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