“se capaz de armarte cada día un cuerpo donde puedas vivir”




“vida”

Como potencia intensiva
Irreducible al organismo

Atreverse a seguir los gestos,
que sea el cuerpo el que se exprese,
ya que esas líneas de tensión,
fuerza y torsión en las que se expresa
no nos mienten.

Pintura de H. Miller

Nietzsche Mil hojas de melodía y pensamiento


Abril 2011

Cuadernos de campo 9

Nietzsche Mil hojas de melodía y pensamiento

Punk. Por Victoria Larrosa

Cúmulos mutacionales, cuerpos atravesados. Por Annabel Lee Teles

Travesías del nihilismo. Por Peter Pal Pelbart

Anotaciones de Taller. Por Taller de Lectura de la obra de Deleuze (TLOD)

Entrevista a Mónica Cragnolini. Parapente. El pensar desinstalado. Por Victoria Larrosa

Sin crueldad no hay fiesta. A propósito del Tratado Segundo de la Genealogía de la Moral. Por Mariano Repossi

Composición a-temática: notas para pensar la experimentación de una escritura en sentido nietzscheano. Por Romina Di Rienzo

Nietzsche, Deleuze y la blogósfera. Por Fernando Reberendo

¿Pos-apocalipsis, now? Nietzsche, la genealogía,…la pos-historia. Por Horacio Medina

Nietzsche. El Mundo del devenir. Por Emiliano Acosta

Para terminar con el juicio del yo. Notas de lectura sobre el Cuaderno Nietzsche. Por Marcelo Percia

28 Noviembre 1947


De ningún modo es una noción, un concepto, más bien es una práctica, un conjunto de prácticas. El Cuerpo sin Organos no hay quien lo consiga, no se puede conseguir, nunca se acaba de acceder a él, es un límite. Se dice: ¿qué es el CsO? -pero ya se está en él, arrastrándose como un gusano, tanteando como un ciego, corriendo como un loco, viajero del desierto y nómada de la estepa. En él dormimos, velamos, combatimos, vencemos y somos vencidos, buscamos nuestro sitio conocemos nuestras dichas más inauditas y nuestras más fabulosas caídas, penetramos y somos penetrados, amamos. El 28 de Noviembre de 1947, Artaud declara la guerra a los órganos: Para acabar con el juicio de Dios, "Pues atadme si queréis, pero yo os digo que no hay nada más inútil que un órgano". Y es una experimentación no sólo radiofónica, sino biológica, política, que provoca la censura y la represión. Corpus y Socius, política y experimentación. Os impedirán experimentar en vuestro rincón. Al conjunto de los estratos, el Cs0 opone la desarticulación (o las n articulaciones) como propiedad del plan de consistencia, la experimentación como operación en ese plano (¡nada significante, no interpretéis jamás!), el nomadismo como movimiento (incluso parados, moveos, no dejéis de moveros, viaje inmóvil, de subjetivación). ¿Qué quiere decir desarticular, dejar de ser un organismo? Cómo explicar hasta qué punto es simple, y que lo hacemos a diario. Cuánta prudencia se necesita, el arte de las dosis, y el peligro, la sobredosis. No se puede andar a martillazos, sino con una lima muy fina. Se inventan autodestrucciones que no se confunden con la pulsión de muerte. Deshacer el organismo nunca ha sido matarse, sino abrir el cuerpo a conexiones que suponen todo un agenciamiento, circuitos, conjunciones, niveles y umbrales, pasos y distribuciones de intensidad, territorios y desterritorializaciones medidas a la manera de un agrimensor. En última instancia, deshacer el organismo no es más difícil que deshacer los otros estratos, significancia o subjetivación. La significancia se adhiere tanto al alma como el organismo al cuerpo, tampoco es fácil deshacerse de ella. Y el sujeto, ¿cómo liberarnos de los puntos de subjetivación que nos fijan, que nos clavan a la realidad dominante? Arrancar la conciencia del sujeto para convertirla en un medio de exploración, arrancar el inconciente de la significancia y la interpretación para convertirlo en una verdadera producción, no es seguramente ni más ni menos difícil que arrancar el cuerpo del organismo. La prudencia es el arte común a las tres; y si a veces se roza la muerte deshaciendo el organismo, también se roza lo falso, lo ilusorio, lo alucinatorio, la muerte psíquica evitando la significancia y la sujeción.

Las cosas entre las cosas


Nos plantan árboles en la cabeza: el de la vida, el del saber, etc. Todo el mundo reclama raíces. El poder es siempre arborescente. Casi todas las disciplinas pasan por esquemas de arborescencia: la biología, la informática, la lingüística (los autómatas o sistemas centrados). Lo del árbol no es una metáfora, es todo un aparato que se planta en el pensamiento, un funcionamiento para obligarlo a ir por el buen camino, el de las ideas justas. En el árbol hay todo tipo de caracteres hay un punto de origen, germen o centro; es una máquina binaria o principio de dicotomía con sus ramas repartidas y reproducidas perpetuamente, sus puntos de arborescencia; eje de rotación que organiza los círculos alrededor del centro y las cosas en círculos; es estructura, sistema jerárquico de transmisión de órdenes, con instancia central y memoria recapituladora; hay un futuro pasado, una raíces y una copa, toda una historia, una evolución, un desarrollo o momento de desarrollo. Pero hay multiplicidades que no dejan de desbordar las máquinas binarias y que no se dejan dicotomizar. Por todas partes haycentros como agujeros negros que no se dejan aglomerar. Líneas que no tienen que ver con el trayecto de un punto y que se escapan a la estructura. Líneas de fuga, devenires, devenires sin futuro ni pasado, sin memoria. Evoluciones no paraleleas que no proceden por diferenciación , sino que saltan de una línea a otra entre seres totalmente heterogéneos. Esto es el Rizoma. Pensar en las cosas entre las cosas; eso es hacer rizoma y no raíz, trazar la línea y no pararse a recapitular. Crear población en un desierto y no especies y género en un bosque.

Jean Dubuffet, de lo virtual


Marejada de lo virtual (1963)

Óleo sobre tela. 220 x 190 cm.

Localización: Centro Georges Pompidou. París

Jean Dubuffet (1901-1985)




Cuatro árboles
1972 (71 años)
Material: Epoxi con pintura de poliuretano.
Medidas: 12 m.
Museo: Chase Manhattan Plaza. Nueva York


Devenir escritura


La escritura es inseparable del devenir; escribiendo, se deviene–mujer, se deviene–animal o vegetal, se deviene–molécula hasta devenir–imperceptible. El devenir no funciona en el otro sentido, y no se deviene Hombre, en tanto que el hombre se presenta como una forma de expresión dominante que pretende imponerse a cualquier materia, mientras que mujer, animal o molécula contienen siempre un componente de fuga que se sustrae a su propia formalización. La vergüenza de ser un hombre, ¿hay acaso alguna razón mejor para escribir? Incluso cuando es una mujer la que deviene, ésta posee un devenir–mujer, y este devenir nada tiene que ver con un estado que ella podría reivindicar. Devenir no es alcanzar una forma (identificación, imitación, Mimesis), sino encontrar la zona de vecindad, de indiscernibilidad o de indiferenciación tal que ya no quepa distinguirse de unamujer, de unanimal o de unamolécula: no imprecisos ni generales, sino imprevistos, no preexistentes, tanto menos determinados en una forma cuanto que se singularizan en una población.

Devenir Bartleby



La mañana siguiente llegó.

‑Bartleby ‑dije, llamándolo comedidamente.

Silencio.

‑Bartleby ‑dije en tono aún más suave‑, venga, no le voy a pedir que haga nada que usted preferiría no hacer. Sólo quiero conversar con usted.

Con esto, se me acercó silenciosamente.

‑¿Quiere decirme, Bartleby, dónde ha nacido?

‑Preferiría no hacerlo.

‑¿Quiere contarme algo de usted?

‑Preferiría no hacerlo.,

‑¿Pero qué objeción razonable puede tener para no hablar conmigo? Yo quisiera ser un amigo.

Mientras yo hablaba, no me miró. Tenía los ojos fijos en el busto de Cicerón, que estaba justo detrás de mí, a unos quince centímetros sobre mi cabeza.

‑¿Cuál es su respuesta, Bartleby? ‑le pregunté, después de esperar un buen rato, durante el cual su actitud era estática, notándose apenas un levísimo temblor en sus labios descoloridos.

‑Por ahora prefiero no contestar ‑dijo, y se retiró a su ermita.

Tal vez fui débil, lo confieso, pero su actitud en esta ocasión me irritó.

Del libro Bartleby el escribiente de Herman Melville

Los adictos maquínicos (Félix Guattari)

“Los Adictos Maquínicos”
Félix Guattari*
Traducción: Carlos Enrique Restrepo

Habría que partir de una definición amplia de la droga; las adicciones, para mí, son todos los mecanismos de producción de subjetividad “maquínica”, todo lo que contribuye a proporcionar el sentimiento de pertenecer a algo, de estar en alguna parte; y también al sentimiento de olvidarse. Los aspectos existenciales de lo que yo llamo las experiencias de drogas maquínicas no son fácilmente detectables; sólo percibimos su superficie visible a través de ciertas prácticas como el esquí de fondo, los vuelos ultralivianos, el rock, los videoclips, toda esta clase de cosas. Pero el alcance subjetivo de estas adicciones no está necesariamente en relación con la práctica en cuestión… Es el funcionamiento de conjunto lo que intere

sa. El ejemplo de Japón, considerado a gran escala, es significativo. Los japoneses se ajustan a una estructura arcaica, digamos más bien, pseudo-arcaica. Esta es la contraparte de sus adicciones maquínicas para que la sociedad no se haga trizas… Ellos reestructuran una territorialidad feudal a partir de la tradición, perpetuando la condición alienada de la mujer, entregándose a trabajos repetitivos
entre máquinas… Estas son también conductas para posicionarse subjetivamente, o a fin de cuentas, no exactamente “para”, pero el resultado es ese: ¡que funcione! Los japoneses estructuran su universo, ordenan sus afectos en la proliferación y el desorden de las máquinas, aferrándose a sus referencias arcaicas. Pero, antes que nada, están locos por las máquinas, por adicciones maquínicas. ¿Sabían ustedes, por ejemplo, que la mitad de las personas que escalan el Himalaya son japoneses?
Adicción. Droga. ¿Se trata acaso de una simple analogía? Parece que, según las investigaciones más recientes, no es del todo una metáfora. Los dolores repetidos, algunas actividades bastantes “agarradoras”, incitan al cerebro a secretar hormonas, las endorfinas, drogas mucho más “duras” que la morfina. ¿Acaso por ese medio no se llega a una autointoxicación? En
La Borde, he observado hasta qué punto los anoréxicos se asemejan a los drogados. La misma mala fe, la misma forma de tomarle a uno el pelo prometiendo detenerse… La anorexia es una adicción mayor. También el sadomasoquismo. Y cualquier otra pasión exclusiva que provoque descargas de endorfina. Uno se “droga” con la estridencia del rock; con la fatiga, con la falta de sueño, como Kafka; o golpeándose la cabeza contra el suelo, como los niños autistas. Con la excitación, el frío, los movimientos repetitivos, el trabajo forzado, el esfuerzo deportivo, el miedo. ¡Descender esquiando una pendiente vertical, efectivamente transforma los datos de la personalidad! U

na manera de fabricarse, de encarnarse personalmente, mientras el fondo de la imagen existencial permanece difuso. Lo repito, el resultado de la adicción y su representación social son susceptibles de ser completamente desplazadas. La adicción pone en juego procesos que escapan radicalmente a la conciencia, al individuo, produce transformaciones biológicas de las cuales el individuo experimenta confusamente –aunque de manera intensa– su necesidad. La “máquina-droga” puede desencadenar el éxtasis colectivo, la gregariedad opresiva; no por ello constituye menos una respuesta a una pulsión individual. Lo mismo ocurre con las adicciones menores: el sujeto que regresa a su casa hecho pedazos, extenuado tras una jornada
agotadora, y que pulsa mecánicamente el control de su televisor. Este es otro medio de reterritorialización personal por medios totalmente artificiales. Estos fenómenos de la adicción contemporánea me parecen, pues, ambiguos. Hay dos entradas: la repetición, la güevonada, como en el caso de la monomanía de los flippers1 o en la intoxicación de los videojuegos. Y también la intervención del proceso “maquínico”, que no es baladí y nunca es ingenua. Hay un Eros maquínico. Sí, los jóvenes japoneses, saturados, se suicidan a la salida del colegio; sí, miles de hombres, desde las 6:00 a.m., repiten en coro los movimientos del golf en un parqueadero de cemento; sí, jóvenes obreros duermen en pabellones y renuncian a sus vacaciones… ¡Chiflados por las máquinas! Pero, a pesar de todo, hay en Japón una especie de democracia del deseo, incluso en la empresa.
Una especie de equilibrio. ¿A causa de la adicción? Entre nosotros, las adicciones maquínicas funcionan más bien en el sentido de un retorno a lo individual; pero parecen sin embargo indispensables para la estabilización subjetiva de las sociedades industriales, sobre todo en los momentos de mayor competitividad. ¡Si uno no tiene al menos esta compensación, no tiene nada! Está llevado… La subjetividad maquínica molecular permite ser creativo, sin importar en qué dominio. Créanlo ¡Los jóvenes italianos, más bien desestructurados políticamente después del hundimiento de los movimientos contestatarios, no hacen otra cosa! ¡Arreglándoselas cada uno como pueda! Una sociedad que no fuese capaz de tolerar, de manejar sus adicciones perdería su vigor. Sería aplastada. Es preciso que ella se articule, quiéralo o no, al aparente desorden de l

as adicciones, incluso y sobre todo de las que dan la impresión de ser escapatorias improductivas. Los norteamericanos son los campeones de las adicciones: tienen miles, las inventan todos los días. Y les sale muy bien. A los rusos, por el contrario, no les queda sino la adicción al antiguo bolchevismo… Es la subjetividad “maquínica” la que engendra grandes ímpetu como Silicon Valley. ¿Y en Francia? La sociedad francesa no está irremediablemente perdida. Los franceses no son más idiotas que otros, ni más pobres en libido. Pero no están “a la moda”. Las superestructuras sociales son, por así decir, más bien molares. Apenas si hay entre nosotros instituciones que dejen lugar a los procesos de proliferación “maquínica”. Francia, se lo repite hasta el hartazgo, representa la tradición, el Mediterráneo, los inmortales principios de esto o de aquello. Y en el momento en que el planeta está siendo atravesado por mutaciones fantásticas, vemos con malos ojos las grandes adicciones “maquínicas”. La explosión universal está “out”. ¿Los Juegos Olímpicos? Y el Centro Pompidou, que al comienzo tuvo su gracia, se ha quedado atascado con sus sucesivas exposiciones permanentes y relativamente parásitas. En suma, es la anti-adicción. ¿Se pretende japonizar a Francia enviando las delegaciones a Tokio? Eso es verdaderamente gracioso… ¡Fuera la endorfina! Parece que Francia no ha tenido un buen comienzo. Tampoco Europa. Los procesos “maquínicos” exigen tal vez grandes espacios, un gran mercado o una gran potencia real, como en la antigüedad. Y/o también, como lo sugiere Braudel, una concentración de medios semiológicos, monetarios, intelectuales, un capital de saber. New York, Chicago, California con toda América detrás. O Ámsterdam en el siglo XVII. Solamente eso posibilitaría entidades viables. ¡Las megamáquinas! Aquí la adicción corresponde al club más o menos privado, no es más que un escampadero. La gente se subjetiviza, se rehace territorios existenciales con sus adicciones. ¡Pero la complementariedad entre las máquinas y esta clase de escampaderos no está garantizada! Si la adicción falla, si fracasa, hay implosión. Existe un umbral crítico. Si no se desemboca en un proyecto social, en una gran empresa a la japonesa, en una movilidad a la americana, pereceremos. Por ejemplo Van Gogh, Artaud. El proceso “maquínico” del cual no pudieron salir los destruyó. ¡Cual verdaderos adictos! ¿Mi existencia arrastrada a un proceso de singularización? ¡Perfecto! Pero si se detiene, listo, se acabó, la catástrofe es inminente. Falta de perspectivas, de una salida micropolítica. Hay que existir “en” el proceso. ¡La repetición vacía de la adicción, eso es terrible! Cuando uno se da cuenta de eso, cuando uno termina por decirse: “no era nada…”. La contracultura de los años sesenta, el tercermundismo, el marxismo-leninismo, el rock: son muchas las adicciones que han hecho más daño cuando se tornaron caducas… Esto es o el hundimiento lamentable, o la creación de universos insólitos. Las formaciones subjetivas minuciosamente trabajadas por las adicciones pueden relanzar el movimiento, o por el contrario, hacerlo extinguir lentamente. Detrás de todo esto, hay posibilidades de creación, de transformación de la vida, de revoluciones científicas, económicas, incluso estéticas. Horizontes nuevos, o nada. No pienso aquí en las viejas cantinelas sobre la espontaneidad como factor de creación. ¡Absurdo! Sino en la inmensa empresa de estratificación, de serialización que oprime a nuestras sociedades, en la que acechan formaciones subjetivas aptas para volver a lanzar la potencia del proceso y para promover el reino de las singularidades mutantes, de las nuevas minorías. Los sectores visibles de adicción no deberían ser defensas de territorios conquistados; los cristales residuales que constituyen las adicciones maquínicas podrían atravesar el planeta entero, reanimarlo, relanzarlo. Una sociedad aprisionada a tal punto tendrá que habérselas con esto, o perecerá.

* 1984 – “Les défoncés machiniques”. Conversaciones recopiladas por Jean-Fancis Held, Les nouvelles, entre el 12 y el 18 de abril de 1984.
1 Nombre con el cual se conocen algunas máquinas de pinball en Alemania y en Francia [N. del T.].
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Fuente: http://www.revistaeuphorion.org/numeros/numeros/articulos/numero5/adictos.html

Leyendo el Nietzsche de Gilles: Dios ha muerto


Las premisas especulativas ponen en juego la idea de Dios desde el punto de vista de la forma. Dios no existe, o existe, en tanto que su idea implique o no implique contradicción. Pero la fórmula «Dios ha muerto» es de otra naturaleza: hace depender la existencia de Dios de una síntesis, opera la síntesis de la idea de Dios con el tiempo, con el futuro, con la historia, con el hombre. Dice simultáneamente: Dios ha existido y ha muerto y resucitará, Dios se ha hecho Hombre y el Hombre se ha hecho Dios. La fórmula «Dios ha muerto» no es una proposición especulativa, sino una proposición dramática, la proposición dramática por excelencia. No puede hacerse de Dios el objeto de un conocimiento sintético sin incorporarle la muerte. La existencia o la no-existencia dejan de ser determinaciones relativas correspondientes a las fuerzas que entran en síntesis con la idea de Dios o en la idea de Dios. La proposición dramática es sintética, luego, esencialmente pluralista, tipológica y diferencial. ¿Quién muere, y quién da muerte a Dios? «Cuando mueren los dioses, mueren siempre con varias clases de muertes» 1.º Desde el punto de vista del nihilismo negativo: momento del conocimiento judío y cristiano. La idea de Dios expresa la voluntad de la nada, la depreciación de la vida; «cuando no se coloca el centro de gravedad de la vida en la vida, sino en el más allá, en la nada, se ha quitado a la vida su centro de gravedad». Pero la depreciación, el odio a la vida en su conjunto, entraña una glorificación de la vida reactiva en particular: ellos, los malos, los pecadores... nosotros los buenos. El principio y la consecuencia. La conciencia judía o conciencia del resentimiento (tras la hermosa época de los reyes de Israel) presenta estos dos aspectos se hallan en una relación de premisas y conclusión, de principio y de consecuencia, que este amor es la consecuencia de este odio. Hay que hacer a la voluntad de la nada más seductora oponiendo un aspecto a otro, haciendo del amor una antítesis del odio. El Dios judío da muerte a su hijo para hacerlo independiente de sí mismo y del pueblo judío: éste es el primer sentido de la muerte de Dios. Ni Saturno tenía esta sutileza en sus movimientos. La conciencia judía da muerte a Dios en la persona del Hijo. Inventa un Dios del amor que padecería odio, en vez de hallar sus premisas y su principio. La conciencia judía hace a Dios, en su Hijo, independiente de las premisas judías. Al dar muerte a Dios ha hallado la manera de hacer de su Dios un Dios universal «para todos» y verdaderamente cosmopolita. El Dios cristiano es, pues, el Dios judío, pero hecho cosmopolita, conclusión separada de sus premisas. En la cruz, Dios deja de aparecer como judío. Del mismo modo, en la cruz, muere el viejo Dios y nace el nuevo Dios. Nace huérfano y se vuelve a hacer un padre a su imagen: Dios de amor, pero este amor es aún el de la vida reactiva. He aquí el segundo sentido de la muerte de Dios: el Padre muere, el Hijo nos vuelve a hacer un Dios. El Hijo sólo nos pide creer en él, amarlo como él nos ama, convertirnos en reactivos para evitar el odio. En lugar de un padre que nos daba miedo, un hijo que pide un poco de confianza, un poco de creencia. Aparentemente distanciado de sus premisas odiosas, el amor de la vida reactiva debe valerse por sí mismo y convertirse en lo universal para la conciencia cristiana. Tercer sentido de la muerte de Dios: san Pablo se apodera de esta muerte, da de ella una interpretación que constituye el cristianismo. Los Evangelios fueron quienes empezaron, san Pablo lleva hasta la perfección una grandiosa falsificación. Primero, ¡Cristo habría muerto por nuestros pecados! El creador habría ofrecido su propio hijo, se habría pagado con su propio hijo, tan inmensa era la deuda del deudor. El padre ya no mata a su hijo para hacerle independiente, sino por nosotros, por nuestra causa. Dios lleva a su hijo a la cruz por amor; nosotros responderemos a este amor siempre que nos sintamos culpables, culpables de esta muerte y que la reparemos acusándonos, pagando los intereses de la deuda. Bajo el amor de Dios, bajo el sacrificio de su hijo, toda la vida se convierte en reactiva. La vida muere, pero renace como reactiva. La vida reactiva es el contenido de la supervivencia como tal, el contenido de la resurrección. Sólo ella es la elegida por Dios, sólo ella tiene gracia ante Dios, ante la voluntad de la nada. El Dios crucificado resucita: ésta es la otra falsificación de san Pablo, la resurrección de Cristo y nuestra supervivencia, la unidad del amor y de la vida reactiva. Ya no es el padre que da muerte al hiio, ya no es el hijo que da muerte al padre: el padre muere en el hijo, el hijo resucita en el padre, por nosotros, por nuestra causa. «En el fondo san Pablo no podía utilizar de ninguna forma la vida del Salvador, necesitaba la muerte en la cruz, y aún alguna cosa más...»: la resurrección. En la conciencia cristiana, no sólo se oculta el resentimiento, sino que se le cambia de dirección: la conciencia judía era conciencia del resentimiento, la conciencia cristiana es mala conciencia. La conciencia cristiana es la conciencia judía invertida: el amor a la vida, pero como vida reactiva, se ha convertido en lo universal; el amor se ha convertido en principio, el odio siempre vivaz aparece sólo como una consecuencia de este amor, el medio contra lo que se resiste a ese amor. Jesús guerrero, Jesús lleno de odio, pero por amor. 2.º Desde el punto de vista del nihilismo reactivo: momento de la conciencia europea. Hasta ahora la muerte de Dios significa la síntesis en la idea de Dios de la voluntad de la nada y de la vida reactiva. Esta síntesis tiene proporciones diversas. Pero en la medida en que la vida reactiva se convierte en lo esencial, el cristianismo nos conduce a una extraña salida. Nos dice que somos nosotros los que damos muerte a Dios. Con ello segrega su propio ateísmo, ateísmo de la mala conciencia y del resentimiento. La vida reactiva en lugar de la voluntad divina, el Hombre reactivo en el lugar de Dios, el Hombre-Dios no ya el Dios-Hombre, el Hombre europeo. El hombre ha matado a Dios, pero ¿quién ha matado a Dios? El hombre reactivo «el hombre más horrible». La voluntad divina, la voluntad de la nada no toleraría más vida que la vida reactiva; ésta ya no tolera ningún Dios, no soporta la piedad de Dios, toma al pie de la letra lo del sacrificio, lo ahoga en la trampa de su misericordia. Le impide resucitar, se sienta sobre la tapa. En lugar de correlación entre la voluntad divina y la vida reactiva, desplazamiento, reemplazamiento de Dios por el hombre reactivo. He aquí el cuarto sentido de la muerte de Dios: Dios se asfixia por amor a la vida reactiva, Dios ha sido ahogado por el ingrato a quien ama demasiado. 3.º Desde el punto de vista del nihilismo pasivo: momento de la conciencia budista. Si se dejan a un lado las falsificaciones que empiezan con los Evangelios y que hallan su forma definitiva en san Pablo, ¿qué queda de Cristo, cuál es su tipo personal, cuál el sentido de su muerte? Debe iluminarnos lo que Nietzsche llama «la abierta contradicción del Evangelio». Lo que los textos nos dejan adivinar del verdadero Cristo: el alegre mensaje que aportaba, la supresión de la idea de pecado, la ausencia de cualquier resentimiento y de cualquier espíritu de venganza, el rechazo de cualquier guerra incluso como consecuencia, la revelación de un reino de Dios aquí abajo como estado del corazón, y sobre todo la aceptación de la muerte como prueba de su doctrina. Nos damos cuenta de dónde quiere ir a parar Nietzsche: Cristo era lo contrarío de aquello en que lo convirtió san Pablo, el Cristo verdadero era una especie de Buda, «un Buda sobre un terreno poco hindú». Era demasiado avanzado para su época, para su medio: ya enseñaba a la vida reactiva a morir serenamente, a apagarse serenamente, mostraba su verdadera salida a la vida reactiva cuando ésta estaba todavía debatiéndose contra la voluntad de poder. Ofrecía un hedonismo a la vida reactiva, una nobleza al último de los hombres, cuando los hombres estaban todavía preguntándose si ocuparían o no el lugar de Dios. Ofrecía una nobleza al nihilismo pasivo, cuando los hombres se encontraban todavía en el nihilismo negativo, cuando empezaba apenas el nihilismo reactivo. Más allá de la mala conciencia y del resentimiento, Jesús daba una lección al hombre reactivo: le enseñaba a morir. Era el más dulce de los decadentes, el más interesante. Cristo no era ni judío ni cristiano, sino budista; más próximo al Dalai-Lama que al Papa. Tan adelantado respecto a su país, a su medio, que su muerte tuvo que ser deformada, toda su historia falsificada, retrocedida, puesta al servicio de los estados precedentes, desviada en provecho del nihilismo reactivo o negativo. «Torcida y transformada por san Pablo en una doctrina de misterios paganos que acaba por conciliarse con toda la organización política... y por aprender a hacer la guerra, a condenar, a torturar, a juzgar, a odiar»: el odio convertido en medio de ese Cristo tan dulce. Porque la diferencia entre el budismo y el cristianismo oficial de san Pablo es ésta: el budismo es la religión del nihilismo pasivo, «el budismo es una religión para el fin y el cansancio de la civilización; el cristianismo no se encuentra aún con esta civilización, pero la crea si es necesario». La peculiaridad de la historia cristiana y europea es realizar, con hierro y con fuego, un fin que, por otra parte, existe ya y ha sido naturalmente alcanzado: la conclusión del nihilismo. Lo que el budismo había llegado a vivir como fin realizado, como perfección alcanzada, el cristianismo lo vive solamente como motor. No está excluido que consiga este fin; no está excluido que el cristianismo desemboque en una «práctica» despojada de toda la mitología pablista, no está excluido que encuentre la verdadera práctica de Cristo. «El budismo progresa en silencio en toda Europa». Pero, cuánto odio y cuántas guerras para llegar aquí. Cristo personalmente se había instalado en este último fin, lo había alcanzado en un vuelo, pájaro de Buda en un medio que no era budista. Al contrario, para que este fin sea también el del cristianismo, este tiene que pasar de nuevo por todos los estados del nihilismo, a la salida de una larga y terrible política de venganza.


Lectura anterior: Análisis de la piedad
Próxima lectura: Contra el hegelianismo
Pintura: Francis Bacon.
Estudio después de Velásquez del retrato del Papa Inocente X . 153 × 118 cm .1953

Del deseo


Para mí, deseo no implica ninguna falta; tampoco es un dato natural; está vinculado a una disposición de heterogéneos que funciona; es proceso, en oposición a estructura o génesis; es afecto, en oposición a sentimiento; es haecceidad (individualidad de una jornada, de una estación, de una vida), en oposición a subjetividad; es acontecimiento, en oposición a cosa o persona. Y sobre todo implica la constitución de un campo de inmanencia o de un “cuerpo sin órganos”, que se define sólo por zonas de intensidad, de umbrales, de gradientes, de flujos.

G.D

De la virtud



“La virtud del hombre libre, se muestra tan grande cuando evita los peligros como cuando los vence”


"En un hombre libre, la huida a tiempo revela igual firmeza que la lucha; o sea, que el hombre libre elige la huida con la misma presencia o firmeza de ánimo que el combate."


B. Spinoza. Ética, IV.

D-G



Vía Naxos

Poroto enseña la ciencia de la huida. Por Eduardo Pavlovsky


Este es un bello texto publicado en Página 12.


Aprendiendo de su propio personaje “Poroto”, el autor advierte sobre las relaciones “tóxicas” que “reducen la potencia de actuar”, a diferencia de “los buenos encuentros, que producen afectos alegres”. De aquellas relaciones es mejor huir, porque, citando a Poroto, “la huida no es una enfermedad, sino una ciencia”.


En mi obra de teatro Poroto, el protagonista es estratega de una micropolítica que le permite expresarse para vivir. Se da cuenta de que tiene que seleccionar en su vida las relaciones: las dosis de las relaciones, el tiempo que invierte para que le resulte operativo vivir como él desea, que le permite vivir con potencia. Las “huidas” le permiten diseñar un sentido para su vida. Son fundamentos existenciales.
Tenía una filosofía de vida y desarrollaba una serie de ideas ininteligibles para quienes lo rodeaban, que lo percibían como un extraño, como un ser huidizo e inapresable. Algunos lo tildaban de esquizofrénico; otros, de fóbico grave. Solamente un médico clínico cercano a él comenzó a percibir que sus conductas bizarras tenían un nivel de inteligibilidad, y decidió seguirlo para investigar su rara filosofía de vida, que así convertía a Poroto en objeto de investigación científica.
A él Poroto le confió ciertas frases que eran parte de su pensamiento –decálogo, decía él– y que el doctor Guillermo Ballesteros, así se llamaba el médico, guardaba como una reliquia.



Decálogo de Poroto
El decálogo de Poroto está integrado por las siguientes 14 fórmulas:
- No tengo desesperanza; sólo invención cotidiana.
- Cada mañana hay que inventar el día.
- No me mato porque sé que tengo la asombrosa libertad de hacerlo en cualquier momento (frase que adjudicaba al filósofo rumano Ciorán y que él tomaba como suya).
- La vida es una enorme partida y hay que estar entrenado todos los días.
- Hay que aprender a no aguantar a nadie, ni aun a los propios padres.
- Hay que asombrarse de uno mismo.
- No hay que aprender a comunicarse, sino aprender a huir a tiempo.
- La vida es maravillosa sólo si uno aprende a seleccionar momentos.
- La vida en sí no es interesante; sólo la podemos hacer atractiva si la diseñamos todos los días.
- Mucha gente nos enferma y nos intoxica. Es una ciencia descubrir la toxicidad en la gente.
- Hay que tener cuidado de no dejarse atrapar por ninguna cara ni por ninguna teoría; la métrica es una ciencia fundamental.
- Hay que seleccionar bien las cosas que hay que hacer para sobrevivir.
- La huida no es una enfermedad: es una verdadera ciencia que deberían enseñarnos desde niños para huir rápidamente de la idiotez.
- Aprender a crear burbujas de incomunicación. Diseñar estas burbujas para llevarlas siempre consigo a mano (concepto deleuziano, que él se atribuía).
Poroto había diseñado el tiempo que podía soportar sin intoxicarse en las conversaciones habituales con las personas que se cruzaba diariamente:
- El portero: dos segundos.
- Su madre: un minuto 10 segundos.
- Su padre: un minuto 14 segundos.
- Pedro (amigo ocasional con quien se encontraba en la estación Floresta): 10 segundos y tres cuartos.
- Su tío Mito: un segundo.
- Miss Golden (profesora de inglés): 20 minutos.
- Alsacia (prostituta a quien frecuentaba): una hora.
- Su novia Serafina: cuatro períodos de dos minutos con pausas de un minuto.
La huida a tiempo nos preserva de las idioteces que soportamos de los demás.
Poroto había realizado un viaje a Groenlandia (donde fue muy feliz). Desde allí escribió:
“La gente está aquí permanentemente de pie, casi ni se sienta. Casi no hay sillas en las reuniones. Un movimiento mínimo y discreto les permite apartarse de los demás. Debido a ello, la gente se siente más libre que teniendo que levantarse dificultosamente de algún lugar. El incorporarse seria una comunicación de la intención de alejarse. Se mueven libremente y pueden –puesto que están de pie permanentemente– apartarse sin mucha ceremonia e irse a otro lado cuando les plazca. Nada es llamativo y nadie se sentiría ofendido. La ventaja de estar siempre de pie es como nadie se ofende –poder irse del lugar cuando a uno le place y sin dar explicaciones. Hay menos enfermos de resentimiento y enfermedades digestivas. Un mundo libre.
”¡Cuánto tiempo he perdido en las sillas, querido amigo!
”El que está de pie expresa grandeza e independencia y el que está sentado expresa peso y duración.
”Sobre el acuclillado: es el que se ha desprendido de los hombres, no grava sobre nadie; descansa en si mismo.
”Un abrazo fuerte a todos. Me quedo aquí por tiempo indeterminado.
”PD: Muchas cosas no verlas no oírlas; no dejar que se nos acerquen. Separarse, alejarse de aquello a lo cual habría necesidad de decir no una y otra vez.
”Te quiero, Serafina. Desde aquí te quiero. ¡Seríamos aquí los dos tan felices!”
(Hacía un año que Poroto no escribía.)
El doctor Guillermo Ballesteros, su investigador oficial, comenzó junto a sus colaboradores a percibir que el problema de la toxicidad de las relaciones humanas era por lo menos atendible. Coincidían en la posibilidad de crear burbujas de incomunicación frente a la idiotez. Y comenzaron a percibir cuánto tiempo dedicaban de su día a conversaciones idiotas y tóxicas.
Incluso Ballesteros llego a pensar como Deligny (psiquiatra rumano que vivía en París) sobre la relación existente entre toxicidad y enfermedad mental.
El mismo Poroto tenía referencias de la American Psychiatry en cuanto a que los yuppies norteamericanos adolecían de un nuevo síndrome psicológico: la esquizoafectividad, por la cual dejaban de sentir abruptamente el mundo afectivo que los rodeaba, y Poroto afirmaba que esa huida afectiva o retirada del mundo era la única posibilidad de escapar a tiempo de la robotización para la que el medio los había entrenado. Era una retirada humanizante. Huida de preservación para volver al mundo emocional de otra manera. Inventando. Ingeniando.
No se tenía la impresión de estar con alguien fuera de juicio, sino con una persona que se desplazaba en otra dimensión, en otros espacios posibles. Poroto es un héroe de la micropolítica de la resistencia. Un héroe que se gestó problematizando y cuestionando la posmodernidad. Poroto es el héroe lucido que sabe cómo desea, sobre todo, no perder la capacidad de movimiento que parece ser su mayor expresión de libertad: aquello que no piensa entregar bajo ningún aspecto (La huida como resistencia en la modernidad líquida, Ezequiel Gusneroti).
El concepto “burbuja de incomunicación” parece ser, según Poroto, que surgió a raíz de una sugerencia en un encuentro que tuvo con Gilles Deleuze en París, en septiembre de 1980; en esa conversación, Deleuze había tomado de Poroto ese concepto.
Luego Deleuze modificó la palabra “vacuola” por “burbuja”, según Poroto para disimular el plagio. El doctor Ballesteros ignoraba al gran filósofo francés y nunca pudo comprobarlo. Lo único que pudo comprobar es que en esa fecha Poroto había viajado a París.
Serafina, la novia de Poroto, sabía de un viaje de éste a París; al volver le dijo que un filósofo francés le robaba sus ideas y que por eso había apresurado su viaje de vuelta.
Un día, Poroto le dijo al doctor Guillermo Ballesteros: nosotros nos enfermamos cuando no hacemos buenas combinatorias y nos estancamos con gente que produce tristeza o melancolía, y esta situación reduce nuestra potencia de actuar. La mayoría de la gente aguanta estas relaciones porque carece de la conciencia de poner límites y huir de dicha fábrica de patología. Descomponen su cuerpo con el otro y se enferman por permanecer demasiado en estas situaciones tóxicas que conllevan a patologías psicosomáticas. Por el contrario, hay buenos encuentros con producción de afectos alegres, que aumentan la potencia de actuar. Buenas combinaciones, doctor Ballesteros. Hay que saber combinar bien, como usted y yo.
El horror es permanecer fabricando afectos tristes y perder la capacidad o potencia de actuar.
Mi huida –mi micropolítica resistencial– es la de huir a tiempo de la toxicidad que afecta el cuerpo cuando se descompone en las relaciones tristes.
Todo es un problema de dosis –relaciones de conexión–, no de vínculos ni de relaciones. Huir a tiempo es preservarse de la idiotez y de la falta de pasión.
Pero esto no es mío: es Spinoza puro. No le sugiero que lo lea porque es muy difícil.
El doctor Ballesteros no se ofendió; se compró la Etica de Spinoza y no entendió nada. La formación médica es demasiado concreta para entender este tipo de conceptos teóricos.
Poroto es un personaje de ficción. Pero he encontrado en la clínica, a través de los años, que sus ideas excéntricas tienen en el fondo su razón de ser. Su sentido.
Creo que mucha gente enferma porque combina mal con otra persona y es proclive a enfermar por permanecer junto a esa persona durante años. Muchas enfermedades psicosomáticas las creo atribuibles a estas relaciones.
La gente no percibe la toxicidad que emana entre ambos y no puede –según la filosofía de Poroto– huir a tiempo.
Creo que los análisis muy largos a veces perjudican a ciertos pacientes por esta razón, creando fenómenos iatrogénicos (de los que poco se habla).
Hace poco una chica de 32 años quería entrar a un grupo terapéutico y yo le pregunte cuánto tiempo se había tratado en alguna psicoterapia previa. “Yo comencé a los 16 años con un analista, por inhibiciones sociales y sexuales y todavía continuo con él.” Le señalé que se había analizado la mitad de su vida. “Dos veces por semana”, me respondió. Me dijo que los primeros años había sido ayudada por el terapeuta, pero que después la relación se había empantanado y que no podía dejarlo. El no la ayudaba y permaneció siete años de más, creando un vínculo tóxico: habían desarrollado una amistad muy grande, pero la creatividad no existía en ella ni en él. “Ir a terapia me producía tristeza. No me animaba a dejarlo. Por eso estoy aquí, deseo estar con gente y poder escuchar otros problemas. Compartir y resonar con otras personas.”
Poroto le habría aconsejado “huir a tiempo” y dejar su extenso análisis porque la relación psicoterapéutica se convirtió en una relación tóxica y triste donde ella perdió su potencia de actuar. En sus primeros años había conseguido buenos resultados. En lugar de analizarse para vivir, ella vivía para analizarse.
Entiendo que los profesionales –analistas, psicólogos– puedan realizar análisis largos porque nuestra profesión exige un training especial. Yo me analicé 15 años o más. Pero la gente que concurre a mis grupos tiene un promedio de 15 años de análisis u otra terapia previa. Algunos son contadores, otros maestros, empleados, empresarios: muy alejados de la profesión psi.
Es bueno tomar conciencia de que debemos aprender a “huir” a tiempo de la toxicidad de algunas relaciones que nos producen tristeza y nos hacen perder potencia de actuar.
En este caso, la huida es un acto terapéutico, como dice Poroto.
En nuestra vida corriente percibimos que hay relaciones que nos producen alegría: nos volvemos más creativos y con pasiones nuevas. Y hay otras relaciones donde no combinamos y “pensamos mal”. Esto produce tristeza. La pérdida de conciencia de este último vínculo como producción de síntomas es de gran importancia.
La capacidad de la gente de permanecer en situaciones “idiotas” es inconmensurable. La capacidad de la gente que no huye a tiempo de este tipo de relaciones es a veces inconcebible.
A lo largo de mi vida, he conocido gente inteligente que progresivamente perdió creatividad, potencia y pasiones por estar ligada a relaciones tóxicas.
Poroto decía que la gente buena muchas veces es peligrosa por su toxicidad. En mi caso personal, he tenido relaciones tóxicas y he tenido la posibilidad de “huir” a tiempo –siguiendo su filosofía– en muchas oportunidades.
A Poroto le horrorizaba todo tipo de hermenéutica posible. El decía: las cosas son así y uno elige: quedarse o huir a tiempo. Es una decisión existencial consciente.
Algo parecido a lo que decía Foucault cuando se refería a que, antes de llegar al inconsciente, hay que percibir los “secretitos sucios” de las personas. Es una manera de pensar que invita a la reflexión.
El doctor Guillermo Ballesteros realizo un trabajo en la Asociación Psiquiátrica Argentina que se titulaba “La huida como acto terapéutico”. Pero la huida fue en general interpretada como actitud defensiva fóbica y no como acto de preservación.
Poroto también criticó el trabajo del doctor Ballesteros porque consideraba inapropiado discutirlo con psiquiatras.
Poco tiempo después, fue invitado a Francia a desarrollar su experiencia con actores y matemáticos (a quienes interesaba mucho su teoría). Aun hoy permanece en Groenlandia junto a Serafina su novia. Allí escribió su libro de dos tomos La huida como acto terapéutico existencial (que ya va por su tercera edición).


Sebastião Salgado


''Quiero que la mayor cantidad posible de gente vea mis fotos de manera que no pueda dar vuelta la cara e ignorar lo que pasa en la otra mitad del mundo''.

Sebastião Salgado, fotógrafo.





Sebastião Salgado:es un fotógrafo brasileño nacido en Aimorés, Minas Gerais, en 1944. Recibió en 1998 el Premio Príncipe de Asturias de las Artes


Agencia con una Leica M6 y en contadas ocasiones la reflex R8; siempre trabaja en 35 mm, con objetivos 21, 28, 35 y 90 mm, con película Tri-X 400 ISO y T-Max 400 ISO. Llegando a forzarlas en condiciones difíciles de luz 800 y 1600 ISO.


Diría que lo singular, es una inflexión, una singularidad es una inflexión. Es un punto de inflexión. Una singularidad está allí, donde pasa algo en una curva.

Del instante


Circulamos en un orden del tiempo, pero ¿qué es ese orden del tiempo? Ya no es el presente variable, es el instante. El instante, es el presentimiento de que algo que es planteado como futuro, de manera reflejada, de hecho ya esta ahí. Ustedes viven un instante cuando, a la vez, ustedes plantean algo como porvenir, es decir eventual o probable o cierto, y que, de otra manera, ustedes descubren que ya está ahí. En otras palabras, el instante está más acá del futuro, es la inminencia del futuro, la sustitución de la inminencia por el porvenir. Al mismo tiempo que el futuro da lugar a la inminencia, que de hecho es distinta al futuro, es el ya ahí del futuro, y en el mismo movimiento un retroceso infinito del pasado. Son las dos fases del instante. Un más allá del pasado, descuartiza el pasado. Lo que ha pasado ayer, les parecen siglos. Un más allá del pasado, un más acá del futuro, la contaminación de los dos, es como si el tiempo estuviese entre dos tiempos. Una cuña que lo hace salir de sus goznes. A nivel de ese tiempo ya no se hablará de la intensidad, no se hablará de la inmensidad del pasado y del futuro; se hablará, al contrario, de una especie de disyunción entre un inmemorial y un inminente. Ese sería el orden del tiempo con el instante como correlato.

Cartografías del deseo


Propiamente, la cultura de masas produce individuos: individuos normalizados, articulados unos con otros según sistemas jerárquicos, sistemas de valores, sistemas de sumisión; no se trata de sistemas de sumisión visibles y explícitos, como en la etología animal, o como en las sociedades arcaicas o precapitalistas, sino de sistemas de sumisión mucho más disimulados. Y no diría que esos sistemas son «interiorizados» o «internalizados», de acuerdo con la expresión que estuvo muy en boga en cierta época, y que implica una idea de subjetividad como algo dispuesto para ser llenado. Al contrario, lo que hay es simplemente producción de subjetividad. No sólo producción de la subjetividad individuada —subjetividad de los individuos— sino una producción de subjetividad social que se puede encontrar en todos los niveles de la producción y del consumo. Más aún, producción de subjetividad inconsciente. Desde mi punto de vista, esa gran fábrica, esa poderosa máquina capitalística produce incluso aquello que sucede con nosotros cuando soñamos, cuando devaneamos, cuando fantaseamos, cuando nos enamoramos, etc. En todo caso, pretende garantizar una función hegemónica en todos esos campos. A esa máquina de producción de subjetividad opondría la idea de que es posible desarrollar modos de subjetivación singulares, aquello que podríamos llamar «procesos de singularización»: una manera de rechazar todos esos modos de codificación preestablecidos, todos esos modos de manipulación y de control a distancia, rechazarlos para construir modos de sensibilidad, modos de relación con el otro, modos de producción, modos de creatividad que produzcan una subjetividad singular. Una singularización existencial que coincida con un deseo, con un determinado gusto por vivir, con una voluntad de construir el mundo en el cual nos encontramos, con la instauración de dispositivos para cambiar los tipos de sociedad, los tipos de valores que no son nuestros. Hay así algunas palabras- trampa (como la palabra «cultura»), nociones-tabique que nos impiden pensar la realidad de los procesos en cuestión.


Mesa redonda promovida por la Folha de São Paulo el 3 de septiembre de 1982, con la participación de Félix Guattari, Laymert G. dos Santos, José Miguel Wisnik, Modesto Carone y Arlindo Machado.

Lógica de la sensación






Francis Bacon:Tres estudios de Isabel Raws

Devenir estoico




Se diría que la antigua profundidad se ha desplegado, se ha convertido en anchura. El devenir ilimitado se sostiene enteramente ahora en esta anchura recobrada. Profundo ha dejado de ser un cumplido. Sólo los animales son profundos; y aún no los más nobles, que son los animales planos. Los acontecimientos son como los cristales, no ocurren no crecen sino por los bordes, sobre los bordes.
Los acontecimientos conciernen tanto más a los cuerpos, en la medida en que recorren su extensión sin profundidad.


Más tarde, las personas "mayores" son atrapadas por el fondo, caen y ya no comprenden, porque son demasiado profundas.


La historia nos enseña que las buenas rutas no tienen fundación y la geografía, que la tierra no es fértil sino en una delgada capa.

Devenires


Heráclito ha negado la dualidad de los mundos, «ha negado el propio ser». Más aún: ha hecho del devenir una afirmación. Y hay que reflexionar durante largo tiempo para llegar a comprender lo que significa hacer del devenir una afirmación. Sin duda quiere decir en primer lugar: sólo existe el devenir. Sin duda consiste en amar el devenir. Pero se afirma también el ser del devenir, se dice que el devenir afirma el ser o que el ser se afirma en el devenir. Heráclito tiene dos pensamientos, que funcionan como cifras: uno según el cual el ser no es, todo consiste en devenir, otro según el cual el ser es el ser del devenir en tanto que tal. Un pensamiento laborioso que afirma el devenir, un pensamiento contemplativo que afirma el ser del devenir. Ambos pensamientos no son separables. Devenir-loco que no se detiene jamás. El puro devenir, lo ilimitado, es la materia del simulacro en tanto que esquiva la acción de la Idea, en tanto que impugna a la vez el modelo y la copia. Las cosas medidas están bajo las Ideas; pero bajo las cosas mismas, ¿no hay también este elemento loco que subsiste, que subviene, fuera del orden impuesto por las Ideas y recibido por las cosas? El devenir-loco, el devenir-ilimitado ya no es un fondo que gruñe, sube a la superficie de las cosas y se vuelve impasible. Ya no se trata de simulacros que se sustraen al fondo y se insinúan por doquier, sino de efectos que se manifiestan y juegan en su lugar. Efectos en el sentido causal, pero también «efectos» sonoros, ópticos o de lenguaje; o menos aún, o mucho más, en tanto ya no tiene nada de corporal y son ahora toda la idea... Lo que se sustraía a la Idea ha subido a la superficie, límite incorporal, y representa ahora toda la idealidad posible, destituida ahora de su eficacia causal y espiritual. Los estoicos han descubierto los efectos de superficie. Los simulacros dejan de ser estos rebeldes subterráneos, hacen valer sus efectos. Lo más oculto se ha vuelto lo más manifiesto. El acontecimiento es coextensivo al devenir, y el devenir mismo, coextensivo al lenguaje.

De lo Intenso en Bloque

Cosas y palabras se dispersan en todos los sentidos o por el contrario se sueldan en bloques.





Un devenir–niño que no es yo, sino cosmos, explosión del mundo: una infancia que no es la mía, que no es un recuerdo, sino un bloque, un fragmento anónimo infinito, un devenir siempre contemporáneo.





Bloque: No se trata de complejos infantiles, sino de la cristalización de sistemas de intensidades que atraviesan los estadios psicogenéticos y son susceptibles de operar a través de los sistemas perceptivos, cognitivos y afectivos más dispares.

Devenir


Expresión relativa a la economía del deseo. Los flujos de deseo proceden mediante afectos y devenires, con independencia del hecho de que puedan o no ser rebajados a personas, imágenes, identificaciones. De esta suerte, un individuo, antropológicamente etiquetado como masculino, puede estar atravesado por devenires múltiples y aparentemente contradictorios: un devenir femenino que coexiste con un devenir niño, un devenir animal, un devenir invisible, etc. Una lengua dominante (una lengua que opera en un espacio nacional) puede verse localmente arrastrada por un devenir minoritario. Será calificada entonces de lengua menor.
Ejemplo: el dialecto alemán de Praga utilizado por Kafka. Un encuentro quizás sea lo mismo que un devenir o que unas bodas. Encontramos personas, movimientos, identidades, ideas, acontecimientos.

Rémy Chauvin

El devenir es una evolución a-paralela de dos seres que no tienen nada que ver el uno con el otro.






















Rémy Chauvin (1913 - 2009) fue un entomólogo francés, especializado en la conducta animal, de prestigio internacional, profesor honorario emérito de la Sorbona y autor de más de 250 artículos científicos, así como numerosas obras de síntesis y de divulgación en éste y otros campos.

El cerebro es la pantalla, pensar el cine con Deleuze

Curso dictado por LDF, ver programa acá


De la escritura y la salud


No se escribe con las propias neurosis. La neurosis, la psicosis no son fragmentos de vida, sino estados en los que se cae cuando el proceso está interrumpido, impedido, cerrado. La enfermedad no es proceso, sino detención del proceso, como en el «caso de Nietzsche». Igualmente, el escritor como tal no está enfermo, sino que más bien es médico, médico de sí mismo y del mundo. El mundo es el conjunto de síntomas con los que la enfermedad se confunde con el hombre. La literatura se presenta entonces como una iniciativa de salud: no forzosamente el escritor cuenta con una salud de hierro (se produciría en este caso la misma ambigüedad que con el atletismo), pero goza de una irresistible salud pequeñita producto de lo que ha visto y oído de las cosas demasiado grandes para él, demasiado fuertes para él, irrespirables, cuya sucesión le agota, y que le otorgan no obstante unos devenires que una salud de hierro y dominante haría imposibles. De lo que ha visto y oído, el escritor regresa con los ojos llorosos y los tímpanos perforados. ¿Qué salud bastaría para liberar la vida allá donde esté encarcelada por y en el hombre, por y en los organismos y los géneros? Pues la salud pequeñita de Spinoza, hasta donde llegara, dando fe hasta el final de una nueva visión a la cual se va abriendo al pasar.


Lawrence


Ni el propio devenir–animal está a salvo de una reducción edípica, del tipo «mi gato, mi perro». Como dice Lawrence, «si soy una jirafa, y los ingleses corrientes que escriben sobre mí son perritos cariñosos y bien enseñados, a eso se reduce todo, los animales son diferentes... ustedes detestan instintivamente al animal que yo soy».

Y

La historia de la filosofía está recargada del problema del Ser, del Es. Se discute sobre el juicio de atribución (el cielo es azul) y el juicio de existencia (Dios es) que a su vez supone el otro. En realidad se trata del verbo ser y de la cuestión del primer principio. No basta con crear una lógica de relaciones. Hay que ir mas lejos, hacer que el encuentro con las relaciones penetre y corrompa todo, mine el ser, lo haga bascular. Sustituir el es por el Y.



A. y B.


El Y ni siquiera es una relación o una conjunción particular, es lo que sustenta todas las relaciones, el camino de todas ellas, lo que hace que las relaciones se escapen de sus términos y del conjunto de ellos y de todo lo que podría determinarse como ser, un todo. El Y como extra-ser, inter-ser. Aún así las relaciones podrían establecerse entre sus términos, o entre dos conjuntos, de uno a otro, pero el Y da otra dirección a las relaciones y hace que los términos y los conjuntos huyan siguiendo la línea de fuga que activamente él mismo ha creado. Se trata de una multiplicidad que solo está en el Y, que no tiene la misma naturaleza que los elementos, los conjuntos e incluso sus relaciones.

Mar del Plata 2011


Canal encuentro



El abecedario de Deleuze

Los sábados a las 14:00



Sinopsis: El 'Abecedario' es el afamado documental sobre Gilles Deleuze realizado por Pierre-André Boutang. Fue difundido póstumamente, a petición del mismo pensador, y está constituido por ocho horas de entrevistas en conversación con Claire Parnet que datan de 1988-1989. La entrevista realizada por Pierre-André Boutang para ediciones Montparnasse toma el formato de Abecedario. Parnet va presentando palabras cuya inicial sigue el alfabeto y Deleuze desarrolla con ellas su pensamiento.


Capítulos:

Sábado 05/02: Letra G (de izquierda - gauche)

Sábado 12/02: Letra H (de historia de la filosofía)

Sábado 19/02: Letra I

Sábado 26/02: Letra J


Repeticiones (durante febrero 2011):

Lunes: 13:30

Miércoles: 06:30
Info de facebook a través de Gonzalo Aloras

Del sentido


En el seno de todo estado de cosas, hay que localizar un punto de fuga del sentido, a través de la impaciencia ante el hecho de que el otro no adopte mi punto de vista, a través de la mala voluntad de la realidad a la hora de plegarse a mis deseos. Dicha adversidad, no sólo tengo que aceptarla, sino que he de amarla en cuanto tal; tengo que buscarla, dialogar con ella, sondearla,
profundizar en ella. Me hará salir de mi narcisismo, de mi ceguera burocrática, me devolverá un sentido de la finitud que toda la subjetividad infantilizante producida por los medios de comunicación de masas se empeña en ocultarme.


Félix Guattari

De la paradoja y el sentido


El buen sentido desempeña un papel capital en la determinación de significación pero no desempeña ninguno en la donación de sentido; y ello porque el buen sentido viene siempre segundo, porque la distribución sedentaria que opera supone otra distribución, como el problema de los cercados supone un espacio primero libre, abierto, ilimitado, ladera de colina o collado. ¿Basta entonces con decir que la paradoja sigue la dirección opuesta a la del buen sentido, y va de lo menos diferenciado a lo más diferenciado, por un capricho que sólo sería un entretenimiento del espíritu? Tomando ejemplos célebres, es cierto que si la temperatura fuera diferenciándose, o si la viscosidad se hiciera acelerante ya no se podría «prever». Pero ¿por qué? No porque las cosas ocurrieran en el otro sentido, el otro sentido seguiría siendo un sentido único. Ahora bien, el buen sentido no se contenta con determinar la dirección particular del sentido único: determina primeramente el principio de un sentido único en general, mostrando que este principio, una vez dado, nos fuerza a escoger una dirección antes que la otra. De ahí que la potencia de la paradoja no consista en absoluto en seguir la otra dirección, sino en mostrar que el sentido toma siempre los dos sentidos a la vez, las dos direcciones a la vez. Lo contrario del buen sentido no es el otro sentido; el otro sentido es solamente el pasatiempo del espíritu, su iniciativa divertida. Pero la paradoja como pasión descubre que no se pueden separar las dos direcciones, que no se puede instaurar un sentido único, ni un sentido único para la seriedad del pensamiento, para el trabajo, ni un sentido inverso para los entretenimientos ni los juegos menores. Si la viscosidad se hiciera acelerante arrancaría los móviles de su reposo, pero en un sentido imprevisible. ¿En qué sentido, en qué sentido?, pregunta Alicia. La pregunta no tiene respuesta, porque lo propio del sentido es no tener dirección, no tener «buen sentido», sino siempre los dos a la vez, en un pasado-futuro infinitamente subdividido y estirado. El físico Boltzmann explicaba que la flecha del tiempo, yendo del pasado al futuro, sólo valía en mundos o sistemas individuales, y respecto de un presente determinado en tales sistemas: «para el Universo entero las dos direcciones del tiempo son pues imposibles de distinguir, así como en el espacio no hay ni arriba ni abajo» (es decir, ni altura ni profundidad). Volvemos a encontrar la oposición entre el Aión y el Cronos. Cronos es el presente que sólo existe, y que hace del pasado y del futuro sus dos dimensiones dirigidas, de modo que se va siempre del pasado al futuro, pero a medida que los presentes se suceden en los mundos o en -los sistemas parciales. Aión es el pasado-futuro en una subdivisión infinita del momento abstracto, que se descompone sin cesar en los dos sentidos a la vez, esquivando siempre cualquier presente. Porque no puede asignarse ningún presente en el universo en tanto que sistema de todos los sistemas o conjunto anormal. A la línea orientada del presente, que «regulariza» en un sistema individual cada punto singular que recibe, se opone la línea del Aión, que salta de una singularidad preindividual a otra y las recoge a todas unas en otras, recoge todos los sistemas según las figuras de la distribución nómada donde cada acontecimiento es ya pasado y todavía futuro, más y menos a la vez, siempre víspera y día siguiente en la subdivisión que los pone juntos en comunicación.
Pintura: H. Michaux

Frases para armar un botiquín: Líneas melódicas



Hay que considerar el arte, la ciencia y la filosofía como líneas melódicas ajenas unas a otras, pero que no dejan de interferirse.
Las interferencias ni siquiera son intercambios: todo tiene lugar mediante regalo y captura.

De las paradojas




No nos libramos de las paradojas al decir que son más dignas de Lewis Carroll que de los Principia mathematica. Lo que es bueno para Carroll es bueno para la lógica. No nos libramos de ellas al decir que el barbero del regimiento no existe, como tampoco el conjunto anormal. Porque, por el contrario, insisten en lenguaje, y todo el problema consiste en saber si el lenguaje mismo podría funcionar sin hacer insistir semejantes entidades. Tampoco debe decirse que las paradojas dan una falsa imagen del pensamiento, inverosímil e inútilmente complicada. Habría que ser demasiado «simple» para creer que el pensamiento es un acto simple, claro a sí mismo, que no pone en juego todas las potencias del inconsciente, y del sinsentido en el inconsciente. Las paradojas sólo son pasatiempos cuando se las considera iniciativas del pensamiento; pero no cuando se las considera como «la Pasión del pensamiento» que descubre lo que sólo puede ser pensado, lo que sólo puede ser hablado, que es también lo inefable y lo impensable, Vacío mental, Aión. Finalmente, no debe invocarse el carácter contradictorio de las entidades insufladas, no se dirá que el barbero no puede pertenecer al regimiento, etc. La fuerza de las paradojas reside en esto, en que no son contradictorias, sino que nos hacen asistir a la génesis de la contradicción. El principio de contradicción se aplica a lo real y a lo posible, pero no a lo imposible de quien deriva, es decir, a las paradojas o, más bien, a lo que representan las paradojas.

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Bloques rizomáticos


Gilles y Félix


Mil mesetas

Bibliografía de Gilles Deleuze en castellano

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DELEUZE, Gilles, "Filosofía y memoria" tr. Libia Moez y Gerardo Ramírez en El vampiro pasivo 7-8, p.12.
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DELEUZE, Gilles, Spinoza: Filosofía práctica (Barcelona: Tusquets, 1984) tr. Antonio Escohotado.
DELEUZE, Gilles, La imagen-movimiento: Estudios sobre cine 1 (Barcelona: Paidós, 1984) tr. Irene Agoff.
DELEUZE, Gilles, La imagen-tiempo: Estudios sobre cine 2 (Barcelona: Paidós, 1986) tr. Irene Agoff.
DELEUZE, Gilles, Foucault (Barcelona: Paidós Studio, 1987) tr. José Vázquez Pérez. Prefacio de Miguel Morey.
DELEUZE, Gilles, El Pliegue: Leibniz y el barroco (Barcelona: Paidós, 1989) tr. José Vázquez Pérez y Umbelena Larraceleta.
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DELEUZE, Gilles, La isla desierta y otros textos (1953-1974) pre-textos 2005
DELEUZE, Gilles, Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995) pre-textos 2007