Multiplicidades



La diagonal se libera, se rompe o serpentea. La línea ya no hace contorno, y pasa entre las cosas, entre los puntos. Pertenece a un espacio liso. Traza un plan que ya no tiene más dimensiones que lo que lo recorre; la multiplicidad que constituye ya no está subordinada a lo Uno, sino que adquiere consistencia en sí misma. Son multiplicidades de masas o de manadas, no de clases; multiplicidades anómalas y nómadas, y ya no normales o legales; multiplicidades de devenir, o de transformaciones, y ya no de elementos y numerables y relaciones ordenadas; conjuntos difusos, y ya no exactos, etc. Desde el punto de vista del pathos, la psicosis y sobre todo la esquizofrenia expresan esas multiplicidades. Desde el punto de vista de la pragmática, la brujería las maneja. Desde el punto de vista de la teoría, el estatuto de las multiplicidades es correlativo del de los espacios e inversamente: pues los espacios lisos del tipo desierto, estepa o mar, no carecen de pueblo o están despoblados, están poblados por las multiplicidades de segunda especie (las matemáticas y la música han ido muy lejos en la elaboración de esta teoría de las multiplicidades).

Revolución molecular


El inconsciente freudo-lacaniano está individualizado, es personológico y familiarista; pone en juego imagos y componentes imaginarios; se dirige hacia el pasado y se apoya en una psicogénesis, destacando la infancia, no puede revelarse más que por la transferencia y la interpretación y es, finalmente, significante. Con este inconsciente no podemos hacer nada; no tenemos nada que ver con él. Necesitamos un inconsciente que nos permita comprender no solamente lo que sucede a nivel de individuos aislados, sino colectivamente; no sólo a nivel de grupos de individuos, sino también de grupos de órganos, de grupos de funciones, de procesos materiales, ecológicos, fisiológicos, etnológicos, económicos y políticos de cualquier naturaleza. En otras palabras, este inconsciente no está hecho sólo de palabras, sino de cadenas de significantes que ponen en juego elementos de espacio, elementos de percepción, elementos biológicos; cadenas semióticas y económicas que las intervenciones de los medios de comunicación masiva ponen en juego. El inconsciente, me espetarán, responderán ustedes, es todo lo que dicen: es imaginario, espacial, económico. Pero diciendo esto, lo reducen a la categoría de lo significante de tipo lacaniano y requieren de esa categoría que explique el funcionamiento del inconsciente. Poco importa, entonces, asociarlo con esto, a partir del momento en que socialmente se reduce a significante de una subjetividad individualizada. La fórmula clave del lacanismo está en decir que un significante representa a un sujeto para otro significante; el inconsciente está, por lo tanto, ligado a una especie de material transemiótico que es el significante y que es inseparable del sujeto. A todo eso, contestaré que no tenemos necesidad de especialistas de este tipo de inconsciente, funcionarios a los que se les remunera muy bien y que, en Francia al menos, ya no pagan impuestos. No necesitamos personas que pretenden ser neutras y se benefician con los problemas del inconsciente. Los verdaderos problemas del inconsciente no son neutros ni benefactores. No existe ni un solo problema del inconsciente que no implique una problemática micropolítica a nivel de la familia, de la empresa, de la escuela, del barrio o grupo social en el que se halla inmerso. Esta micropolítica plantea problemas políticos fundamentales.
Para concluir diré, simplemente, que el modelo de inconsciente que necesitamos no puede ser reducido ni a imágenes, ni a familias, ni a lenguaje, ni a una técnica de lectura ni de interpretación a través de la transferencia. El inconsciente real de hoy está hecho también de problemas económicos, monetarios, de espacio; problemas del cuerpo, biológicos; de problemas de represión social. Es un inconsciente heterogéneo al que sólo puede tomársele colectivamente. Está delante de nosotros, al alcance de la mano; no detrás, en los arquetipos, en la estructura, en los complejos, cuya llave la tendrían sólo los especialistas. Félix Guattari

Hacer un cuerpo


El verdadero teatro siempre me pareció el ejercicio de un acto peligroso y terrible, en donde se eliminan tanto la idea del teatro y del espectáculo como las de toda ciencia, toda religión y todo arte. El acto del que hablo está dirigido a la transformación orgánica y física verdadera del cuerpo humano. ¿Por qué?
Porque el teatro no es esa escena en donde se desarrolla virtual y simbólicamente un mito sino ese crisol de fuego y carne verdadera en donde anatómicamente, por aplastamiento de huesos, de miembros y de sílabas, se rehacen los cuerpos, y se presenta físicamente y al natural el acto mítico de hacer un cuerpo.
A. Artaud

Del humor y Carroll


El humor es atonal, absolutamente imperceptible, hace huir algo. Es un arte de acontecimientos puros. Hace tartamudear una lengua.
Nunca se trata de juegos de palabras, sino de acontecimientos de lenguaje, un lenguaje minoritario que se ha vuelto capaz de crear
acontecimientos de lenguaje. No hay ni un solo juego de palabras en L. Carroll.



Lewis Carroll         1832-1898
Charles Lutwidge Dodgson era el nombre verdadero del autor de las "Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas" (Alice's Adventures in Wonderland), y de "A través del Espejo" (Through the Looking Glass). Nacido en Daresbury, Inglaterra

Alice se publicó en 1864, y A través del espejo, en 1871. Ambas fueron ilustradas por el famoso dibujante inglés John Tenniel. Estos libros han sido posteriormente ilustrados por otros muchos artistas, pero los magníficos dibujos de Tenniel continúan siendo los favoritos. 

Otras publicaciones de Lewis Carroll son: La caza del Snark(The Hunting of the Snark) (1876) y el cuento Silvia y Bruno 1889 y 1893.



Proposición XXII


Ética demostrada según el orden geométrico
Baruch Spinoza

Tercera parte: Del origen y naturaleza de los afectos.


Proposición XXII


Si imaginamos que alguien afecta de alegría a la cosa que amamos, seremos afectados de amor hacia él. Si, por contra, imaginamos que la afecta de tristeza, seremos afectados de odio contra él. 

Demostración: Quien afecta de alegría o tristeza a la cosa que amamos, nos afecta también de alegría o tristeza, si imaginamos la cosa amada afectada de esa alegría o tristeza (por la Proposición anterior). Ahora bien: se supone que esa alegría o tristeza se da en nosotros acompañada por la idea de una causa exterior; por consiguiente (por el Escolio de la Proposición 13 de esta Parte), si imaginamos que alguien afecta de alegría o tristeza a la cosa que amamos, seremos afectados de amor u odio hacia él.

Escolio: La Proposición 21 nos explica qué es la conmiseración; podemos definirla como una tristeza surgida del daño de otro. Pero no sé con qué nombre debe llamarse la alegría que surge del bien de otro. Llamaremos aprobación al amor dada aquel que ha hecho bien a otro, y, por contra, indignación, al odio hacia aquel que ha hecho mala otro. Debe notarse, en fin, que sentimos conmiseración no sólo hacia la cosa que hemos amado (como hemos mostrado en la Proposición 21), sino también hacia aquella sobre la que no hemos proyectado con anterioridad afecto alguno, con tal que la juzguemos semejante a nosotros (como mostraré más adelante). Y, de esta suerte, aprobamos también al que ha hecho bien a un semejante, y nos indignamos contra el que le ha inferido un daño.

Hecceidad

La hecceidad es un modo de individuación, diferente a una persona o sujeto. Individuación como relación compleja de partes intensivas, de velocidades y de lentitudes. 
Una cuestión de intensidades, de potencia, de poder, de líneas intensivas. Cuando hablo de poder, me refiero a poder hacer, todo lo contrario al poder de someter.

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Gilles y Félix

Mil mesetas

Bibliografía de Gilles Deleuze en castellano

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DELEUZE, Gilles, Nietzsche y la filosofia (Barcelona: Editorial Anagrama, 1971) tr. Carmen Artal.
DELEUZE, Gilles, La filosofía Crítica de Kant tr. Francisco Monge, en Deleuze, Spinoza, Kant, Nietzsche (Barcelona: Editorial Labor, 1974).
DELEUZE, Gilles, El Bergsonismo (Madrid: Ediciones Catédra, 1987) tr. Luis Ferrero Carracedo.
DELEUZE, Gilles, Presentacion de Sacher-Masoch (Madrid: Taurus, 1973) tr. A.M. García Martínez.
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DELEUZE, Gilles, Foucault (Barcelona: Paidós Studio, 1987) tr. José Vázquez Pérez. Prefacio de Miguel Morey.
DELEUZE, Gilles, El Pliegue: Leibniz y el barroco (Barcelona: Paidós, 1989) tr. José Vázquez Pérez y Umbelena Larraceleta.
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DELEUZE, Gilles, Critica y Clínica (Barcelona: Editorial Anagrama, 1996) tr. Thomas Kauf.
DELEUZE, Gilles, La isla desierta y otros textos (1953-1974) pre-textos 2005
DELEUZE, Gilles, Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995) pre-textos 2007