Del instante


Circulamos en un orden del tiempo, pero ¿qué es ese orden del tiempo? Ya no es el presente variable, es el instante. El instante, es el presentimiento de que algo que es planteado como futuro, de manera reflejada, de hecho ya esta ahí. Ustedes viven un instante cuando, a la vez, ustedes plantean algo como porvenir, es decir eventual o probable o cierto, y que, de otra manera, ustedes descubren que ya está ahí. En otras palabras, el instante está más acá del futuro, es la inminencia del futuro, la sustitución de la inminencia por el porvenir. Al mismo tiempo que el futuro da lugar a la inminencia, que de hecho es distinta al futuro, es el ya ahí del futuro, y en el mismo movimiento un retroceso infinito del pasado. Son las dos fases del instante. Un más allá del pasado, descuartiza el pasado. Lo que ha pasado ayer, les parecen siglos. Un más allá del pasado, un más acá del futuro, la contaminación de los dos, es como si el tiempo estuviese entre dos tiempos. Una cuña que lo hace salir de sus goznes. A nivel de ese tiempo ya no se hablará de la intensidad, no se hablará de la inmensidad del pasado y del futuro; se hablará, al contrario, de una especie de disyunción entre un inmemorial y un inminente. Ese sería el orden del tiempo con el instante como correlato.

Cartografías del deseo


Propiamente, la cultura de masas produce individuos: individuos normalizados, articulados unos con otros según sistemas jerárquicos, sistemas de valores, sistemas de sumisión; no se trata de sistemas de sumisión visibles y explícitos, como en la etología animal, o como en las sociedades arcaicas o precapitalistas, sino de sistemas de sumisión mucho más disimulados. Y no diría que esos sistemas son «interiorizados» o «internalizados», de acuerdo con la expresión que estuvo muy en boga en cierta época, y que implica una idea de subjetividad como algo dispuesto para ser llenado. Al contrario, lo que hay es simplemente producción de subjetividad. No sólo producción de la subjetividad individuada —subjetividad de los individuos— sino una producción de subjetividad social que se puede encontrar en todos los niveles de la producción y del consumo. Más aún, producción de subjetividad inconsciente. Desde mi punto de vista, esa gran fábrica, esa poderosa máquina capitalística produce incluso aquello que sucede con nosotros cuando soñamos, cuando devaneamos, cuando fantaseamos, cuando nos enamoramos, etc. En todo caso, pretende garantizar una función hegemónica en todos esos campos. A esa máquina de producción de subjetividad opondría la idea de que es posible desarrollar modos de subjetivación singulares, aquello que podríamos llamar «procesos de singularización»: una manera de rechazar todos esos modos de codificación preestablecidos, todos esos modos de manipulación y de control a distancia, rechazarlos para construir modos de sensibilidad, modos de relación con el otro, modos de producción, modos de creatividad que produzcan una subjetividad singular. Una singularización existencial que coincida con un deseo, con un determinado gusto por vivir, con una voluntad de construir el mundo en el cual nos encontramos, con la instauración de dispositivos para cambiar los tipos de sociedad, los tipos de valores que no son nuestros. Hay así algunas palabras- trampa (como la palabra «cultura»), nociones-tabique que nos impiden pensar la realidad de los procesos en cuestión.


Mesa redonda promovida por la Folha de São Paulo el 3 de septiembre de 1982, con la participación de Félix Guattari, Laymert G. dos Santos, José Miguel Wisnik, Modesto Carone y Arlindo Machado.

Lógica de la sensación






Francis Bacon:Tres estudios de Isabel Raws

Devenir estoico




Se diría que la antigua profundidad se ha desplegado, se ha convertido en anchura. El devenir ilimitado se sostiene enteramente ahora en esta anchura recobrada. Profundo ha dejado de ser un cumplido. Sólo los animales son profundos; y aún no los más nobles, que son los animales planos. Los acontecimientos son como los cristales, no ocurren no crecen sino por los bordes, sobre los bordes.
Los acontecimientos conciernen tanto más a los cuerpos, en la medida en que recorren su extensión sin profundidad.


Más tarde, las personas "mayores" son atrapadas por el fondo, caen y ya no comprenden, porque son demasiado profundas.


La historia nos enseña que las buenas rutas no tienen fundación y la geografía, que la tierra no es fértil sino en una delgada capa.

Devenires


Heráclito ha negado la dualidad de los mundos, «ha negado el propio ser». Más aún: ha hecho del devenir una afirmación. Y hay que reflexionar durante largo tiempo para llegar a comprender lo que significa hacer del devenir una afirmación. Sin duda quiere decir en primer lugar: sólo existe el devenir. Sin duda consiste en amar el devenir. Pero se afirma también el ser del devenir, se dice que el devenir afirma el ser o que el ser se afirma en el devenir. Heráclito tiene dos pensamientos, que funcionan como cifras: uno según el cual el ser no es, todo consiste en devenir, otro según el cual el ser es el ser del devenir en tanto que tal. Un pensamiento laborioso que afirma el devenir, un pensamiento contemplativo que afirma el ser del devenir. Ambos pensamientos no son separables. Devenir-loco que no se detiene jamás. El puro devenir, lo ilimitado, es la materia del simulacro en tanto que esquiva la acción de la Idea, en tanto que impugna a la vez el modelo y la copia. Las cosas medidas están bajo las Ideas; pero bajo las cosas mismas, ¿no hay también este elemento loco que subsiste, que subviene, fuera del orden impuesto por las Ideas y recibido por las cosas? El devenir-loco, el devenir-ilimitado ya no es un fondo que gruñe, sube a la superficie de las cosas y se vuelve impasible. Ya no se trata de simulacros que se sustraen al fondo y se insinúan por doquier, sino de efectos que se manifiestan y juegan en su lugar. Efectos en el sentido causal, pero también «efectos» sonoros, ópticos o de lenguaje; o menos aún, o mucho más, en tanto ya no tiene nada de corporal y son ahora toda la idea... Lo que se sustraía a la Idea ha subido a la superficie, límite incorporal, y representa ahora toda la idealidad posible, destituida ahora de su eficacia causal y espiritual. Los estoicos han descubierto los efectos de superficie. Los simulacros dejan de ser estos rebeldes subterráneos, hacen valer sus efectos. Lo más oculto se ha vuelto lo más manifiesto. El acontecimiento es coextensivo al devenir, y el devenir mismo, coextensivo al lenguaje.

De lo Intenso en Bloque

Cosas y palabras se dispersan en todos los sentidos o por el contrario se sueldan en bloques.





Un devenir–niño que no es yo, sino cosmos, explosión del mundo: una infancia que no es la mía, que no es un recuerdo, sino un bloque, un fragmento anónimo infinito, un devenir siempre contemporáneo.





Bloque: No se trata de complejos infantiles, sino de la cristalización de sistemas de intensidades que atraviesan los estadios psicogenéticos y son susceptibles de operar a través de los sistemas perceptivos, cognitivos y afectivos más dispares.

Devenir


Expresión relativa a la economía del deseo. Los flujos de deseo proceden mediante afectos y devenires, con independencia del hecho de que puedan o no ser rebajados a personas, imágenes, identificaciones. De esta suerte, un individuo, antropológicamente etiquetado como masculino, puede estar atravesado por devenires múltiples y aparentemente contradictorios: un devenir femenino que coexiste con un devenir niño, un devenir animal, un devenir invisible, etc. Una lengua dominante (una lengua que opera en un espacio nacional) puede verse localmente arrastrada por un devenir minoritario. Será calificada entonces de lengua menor.
Ejemplo: el dialecto alemán de Praga utilizado por Kafka. Un encuentro quizás sea lo mismo que un devenir o que unas bodas. Encontramos personas, movimientos, identidades, ideas, acontecimientos.

Rémy Chauvin

El devenir es una evolución a-paralela de dos seres que no tienen nada que ver el uno con el otro.






















Rémy Chauvin (1913 - 2009) fue un entomólogo francés, especializado en la conducta animal, de prestigio internacional, profesor honorario emérito de la Sorbona y autor de más de 250 artículos científicos, así como numerosas obras de síntesis y de divulgación en éste y otros campos.

El cerebro es la pantalla, pensar el cine con Deleuze

Curso dictado por LDF, ver programa acá


De la escritura y la salud


No se escribe con las propias neurosis. La neurosis, la psicosis no son fragmentos de vida, sino estados en los que se cae cuando el proceso está interrumpido, impedido, cerrado. La enfermedad no es proceso, sino detención del proceso, como en el «caso de Nietzsche». Igualmente, el escritor como tal no está enfermo, sino que más bien es médico, médico de sí mismo y del mundo. El mundo es el conjunto de síntomas con los que la enfermedad se confunde con el hombre. La literatura se presenta entonces como una iniciativa de salud: no forzosamente el escritor cuenta con una salud de hierro (se produciría en este caso la misma ambigüedad que con el atletismo), pero goza de una irresistible salud pequeñita producto de lo que ha visto y oído de las cosas demasiado grandes para él, demasiado fuertes para él, irrespirables, cuya sucesión le agota, y que le otorgan no obstante unos devenires que una salud de hierro y dominante haría imposibles. De lo que ha visto y oído, el escritor regresa con los ojos llorosos y los tímpanos perforados. ¿Qué salud bastaría para liberar la vida allá donde esté encarcelada por y en el hombre, por y en los organismos y los géneros? Pues la salud pequeñita de Spinoza, hasta donde llegara, dando fe hasta el final de una nueva visión a la cual se va abriendo al pasar.


Lawrence


Ni el propio devenir–animal está a salvo de una reducción edípica, del tipo «mi gato, mi perro». Como dice Lawrence, «si soy una jirafa, y los ingleses corrientes que escriben sobre mí son perritos cariñosos y bien enseñados, a eso se reduce todo, los animales son diferentes... ustedes detestan instintivamente al animal que yo soy».

Y

La historia de la filosofía está recargada del problema del Ser, del Es. Se discute sobre el juicio de atribución (el cielo es azul) y el juicio de existencia (Dios es) que a su vez supone el otro. En realidad se trata del verbo ser y de la cuestión del primer principio. No basta con crear una lógica de relaciones. Hay que ir mas lejos, hacer que el encuentro con las relaciones penetre y corrompa todo, mine el ser, lo haga bascular. Sustituir el es por el Y.



A. y B.


El Y ni siquiera es una relación o una conjunción particular, es lo que sustenta todas las relaciones, el camino de todas ellas, lo que hace que las relaciones se escapen de sus términos y del conjunto de ellos y de todo lo que podría determinarse como ser, un todo. El Y como extra-ser, inter-ser. Aún así las relaciones podrían establecerse entre sus términos, o entre dos conjuntos, de uno a otro, pero el Y da otra dirección a las relaciones y hace que los términos y los conjuntos huyan siguiendo la línea de fuga que activamente él mismo ha creado. Se trata de una multiplicidad que solo está en el Y, que no tiene la misma naturaleza que los elementos, los conjuntos e incluso sus relaciones.

Mar del Plata 2011


Canal encuentro



El abecedario de Deleuze

Los sábados a las 14:00



Sinopsis: El 'Abecedario' es el afamado documental sobre Gilles Deleuze realizado por Pierre-André Boutang. Fue difundido póstumamente, a petición del mismo pensador, y está constituido por ocho horas de entrevistas en conversación con Claire Parnet que datan de 1988-1989. La entrevista realizada por Pierre-André Boutang para ediciones Montparnasse toma el formato de Abecedario. Parnet va presentando palabras cuya inicial sigue el alfabeto y Deleuze desarrolla con ellas su pensamiento.


Capítulos:

Sábado 05/02: Letra G (de izquierda - gauche)

Sábado 12/02: Letra H (de historia de la filosofía)

Sábado 19/02: Letra I

Sábado 26/02: Letra J


Repeticiones (durante febrero 2011):

Lunes: 13:30

Miércoles: 06:30
Info de facebook a través de Gonzalo Aloras

Del sentido


En el seno de todo estado de cosas, hay que localizar un punto de fuga del sentido, a través de la impaciencia ante el hecho de que el otro no adopte mi punto de vista, a través de la mala voluntad de la realidad a la hora de plegarse a mis deseos. Dicha adversidad, no sólo tengo que aceptarla, sino que he de amarla en cuanto tal; tengo que buscarla, dialogar con ella, sondearla,
profundizar en ella. Me hará salir de mi narcisismo, de mi ceguera burocrática, me devolverá un sentido de la finitud que toda la subjetividad infantilizante producida por los medios de comunicación de masas se empeña en ocultarme.


Félix Guattari

De la paradoja y el sentido


El buen sentido desempeña un papel capital en la determinación de significación pero no desempeña ninguno en la donación de sentido; y ello porque el buen sentido viene siempre segundo, porque la distribución sedentaria que opera supone otra distribución, como el problema de los cercados supone un espacio primero libre, abierto, ilimitado, ladera de colina o collado. ¿Basta entonces con decir que la paradoja sigue la dirección opuesta a la del buen sentido, y va de lo menos diferenciado a lo más diferenciado, por un capricho que sólo sería un entretenimiento del espíritu? Tomando ejemplos célebres, es cierto que si la temperatura fuera diferenciándose, o si la viscosidad se hiciera acelerante ya no se podría «prever». Pero ¿por qué? No porque las cosas ocurrieran en el otro sentido, el otro sentido seguiría siendo un sentido único. Ahora bien, el buen sentido no se contenta con determinar la dirección particular del sentido único: determina primeramente el principio de un sentido único en general, mostrando que este principio, una vez dado, nos fuerza a escoger una dirección antes que la otra. De ahí que la potencia de la paradoja no consista en absoluto en seguir la otra dirección, sino en mostrar que el sentido toma siempre los dos sentidos a la vez, las dos direcciones a la vez. Lo contrario del buen sentido no es el otro sentido; el otro sentido es solamente el pasatiempo del espíritu, su iniciativa divertida. Pero la paradoja como pasión descubre que no se pueden separar las dos direcciones, que no se puede instaurar un sentido único, ni un sentido único para la seriedad del pensamiento, para el trabajo, ni un sentido inverso para los entretenimientos ni los juegos menores. Si la viscosidad se hiciera acelerante arrancaría los móviles de su reposo, pero en un sentido imprevisible. ¿En qué sentido, en qué sentido?, pregunta Alicia. La pregunta no tiene respuesta, porque lo propio del sentido es no tener dirección, no tener «buen sentido», sino siempre los dos a la vez, en un pasado-futuro infinitamente subdividido y estirado. El físico Boltzmann explicaba que la flecha del tiempo, yendo del pasado al futuro, sólo valía en mundos o sistemas individuales, y respecto de un presente determinado en tales sistemas: «para el Universo entero las dos direcciones del tiempo son pues imposibles de distinguir, así como en el espacio no hay ni arriba ni abajo» (es decir, ni altura ni profundidad). Volvemos a encontrar la oposición entre el Aión y el Cronos. Cronos es el presente que sólo existe, y que hace del pasado y del futuro sus dos dimensiones dirigidas, de modo que se va siempre del pasado al futuro, pero a medida que los presentes se suceden en los mundos o en -los sistemas parciales. Aión es el pasado-futuro en una subdivisión infinita del momento abstracto, que se descompone sin cesar en los dos sentidos a la vez, esquivando siempre cualquier presente. Porque no puede asignarse ningún presente en el universo en tanto que sistema de todos los sistemas o conjunto anormal. A la línea orientada del presente, que «regulariza» en un sistema individual cada punto singular que recibe, se opone la línea del Aión, que salta de una singularidad preindividual a otra y las recoge a todas unas en otras, recoge todos los sistemas según las figuras de la distribución nómada donde cada acontecimiento es ya pasado y todavía futuro, más y menos a la vez, siempre víspera y día siguiente en la subdivisión que los pone juntos en comunicación.
Pintura: H. Michaux

Frases para armar un botiquín: Líneas melódicas



Hay que considerar el arte, la ciencia y la filosofía como líneas melódicas ajenas unas a otras, pero que no dejan de interferirse.
Las interferencias ni siquiera son intercambios: todo tiene lugar mediante regalo y captura.

De las paradojas




No nos libramos de las paradojas al decir que son más dignas de Lewis Carroll que de los Principia mathematica. Lo que es bueno para Carroll es bueno para la lógica. No nos libramos de ellas al decir que el barbero del regimiento no existe, como tampoco el conjunto anormal. Porque, por el contrario, insisten en lenguaje, y todo el problema consiste en saber si el lenguaje mismo podría funcionar sin hacer insistir semejantes entidades. Tampoco debe decirse que las paradojas dan una falsa imagen del pensamiento, inverosímil e inútilmente complicada. Habría que ser demasiado «simple» para creer que el pensamiento es un acto simple, claro a sí mismo, que no pone en juego todas las potencias del inconsciente, y del sinsentido en el inconsciente. Las paradojas sólo son pasatiempos cuando se las considera iniciativas del pensamiento; pero no cuando se las considera como «la Pasión del pensamiento» que descubre lo que sólo puede ser pensado, lo que sólo puede ser hablado, que es también lo inefable y lo impensable, Vacío mental, Aión. Finalmente, no debe invocarse el carácter contradictorio de las entidades insufladas, no se dirá que el barbero no puede pertenecer al regimiento, etc. La fuerza de las paradojas reside en esto, en que no son contradictorias, sino que nos hacen asistir a la génesis de la contradicción. El principio de contradicción se aplica a lo real y a lo posible, pero no a lo imposible de quien deriva, es decir, a las paradojas o, más bien, a lo que representan las paradojas.

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Gilles y Félix

Mil mesetas

Bibliografía de Gilles Deleuze en castellano

DELEUZE, Gilles, Empirismo y Subjectividad (Madrid: Gedisa, 1981) tr. Hugo Acevedo. Prefacio de Oscar Masotta.
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DELEUZE, Gilles, El Bergsonismo (Madrid: Ediciones Catédra, 1987) tr. Luis Ferrero Carracedo.
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DELEUZE, Gilles, Foucault (Barcelona: Paidós Studio, 1987) tr. José Vázquez Pérez. Prefacio de Miguel Morey.
DELEUZE, Gilles, El Pliegue: Leibniz y el barroco (Barcelona: Paidós, 1989) tr. José Vázquez Pérez y Umbelena Larraceleta.
DELEUZE, Gilles, Pericles y Verdi (Valencia: Pre-Textos, 1989) tr. Umbelena Larraceleta y José Vázquez Pérez.
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DELEUZE, Gilles, La isla desierta y otros textos (1953-1974) pre-textos 2005
DELEUZE, Gilles, Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995) pre-textos 2007