Correspondencia



He leído varias veces su carta, donde dice usted que, al haberse esfumado nuestro trabajo común, ya no sabe bien ni lo que fue para usted, ni dónde se sitúa. Me doy cuenta. Creo que usted es un prodigioso inventor de conceptos “salvajes”. Eso que tanto me encantaba de los empiristas ingleses, lo tenía usted… De todos modos, creo de verdad que vamos a trabajar juntos.




Gilles Deleuze, carta a Félix Guattari, archivos IMEC. Principios de la década de 1980.


Luego realizarían su última obra común, publicada en 1991. ¿Qué es la filosofía?


Biografía cruzada. F. Dosse

Metáfora Paterna


Félix en La Borde


Tenis

Gilles (izquierda) y Georges Deleuze, 1935 (fondo Fanny Deleuze)
Fuente: Biografía cruzada (F. Dosse)

Spinoza filosofía práctica


Spinoza filosofía práctica, es el último ajuste de cuentas de Deleuze con Spinoza. En esta obra Deleuze recopila algunos textos publicados en 1970, es decir, posteriores a Spinoza y el problema de la expresión, entre los cuales se encuentra su indice de los conceptos claves de la Etica; todo el libro gira en torno a una ampliación de este abecedario. Deleuze añade fundamentalmente a este análisis dos conceptos más: lo bueno y lo malo, y las nociones comunes, de modo que sus antiguos textos sobre la vida de Spinoza y sobre la diferencia de la Etica con una Moral adquieren al situarse en un contexto diferente un sentido y una función nuevas.
¿Por qué comienza Deleuze abordando a Spinoza desde los acontecimientos que determinan su vida? Primero porque se trata de una vida que consiste en transformar la carencia en producción, en productividad, en potencia, y segundo, porque contrariamente a lo que pudiera dejar pensar el titulo de su obra, a Deleuze no le interesa interpretar una vez más la filosofía práctica de Spinoza. Lo que Deleuze rastrea es la definición de una práctica de la filosofía, una definición del acto mismo de filosofar y no sólo de su enunciacion.
El primer capítulo «Vida de Spinoza», es por parte de Deleuze un método deliberado de romper con el academicismo tradicional. Esta biografía no pretende reconstituir las raíces de una filosofía, sino que señala en qué consiste la práctica del more geométrico. ¿cómo se utiliza?, ¿cómo funciona?, ¿cómo se ha puesto en marcha?, ¿en qué puede convertirse? Deleuze se interroga sobre el devenir spinozista o el devenir afilosófico del filósofo’ y no sobre el ser de Spinoza, Deleuze se interroga sobre los «encuentros» de Spinoza.


M. Allendesalazar

Biografía cruzada



Vía inmanencia me entero de este nuevo libro.

GILLES DELEUZE Y FÉLIX GUATTARI
Biografía cruzada
François Dosse
Precio: $ 120,00

Colección: Filosofía
ISBN: 9789505578252
Formato: 15,5 x 23 cm., 692 pp.
Primera edición: 2009
Última edición: 2009


Gilles Deleuze y Félix Guattari fueron figuras centrales de la vida intelectual francesa en la segunda mitad del siglo XX; sus vidas y su obra común constituyen un emblema de ese momento de efervescencia política e intelectual, anterior y posterior a Mayo de 1968. Ambos se encuentran en 1969 e inician un trabajo conjunto, una amistad cómplice, una aventura intelectual sin precedentes. Desde El anti-Edipo a ¿Qué es la filosofía?, pasando por Mil mesetas, produjeron una obra excepcional, escrita a cuatro manos, en un estilo vivo y vehemente, con una enorme diversidad de referencias e invención conceptual, puesta al servicio de un combate común contra el psicoanálisis y el capitalismo.En esta biografía cruzada, François Dosse busca despejar el enigma que todavía suscita la obra de ambos pensadores: "¿Quién escribió? ¿El uno o el otro? ¿El uno y el otro? ¿Cómo pudo desplegarse una construcción intelectual común de 1969 a 1991, más allá de dos sensibilidades tan diferentes y de dos estilos tan contrapuestos? ¿Cómo pudieron estar tan juntos sin renunciar nunca a una distancia manifestada en el recíproco tratamiento de 'usted'? ¿Cómo trazar esta aventura única por su fuerza propulsora y por su capacidad de hacer surgir una suerte de 'tercer hombre', fruto de la unión de ambos autores?"A través de una extensa investigación, de entrevistas y de la indagación en archivos inéditos, François Dosse muestra la lógica de un trabajo que reunió teoría y experimentación, creación de conceptos, pensamiento crítico y práctica social. Explora los misterios de una colaboración única, una aventura común en la cual Gilles Deleuze y Félix Guattari supieron preservar su identidad y hacer un recorrido singular que condujo a la creación de una obra original y provocadora.

Lea un fragmento
Prólogo. "Nosotros dos" o el entre dos (187 kb)

13/12/1983, del concepto y el afecto


Un concepto es cero, pero cero, cero, cero, si no cambia la naturaleza de sus afectos. Primero y segundo, si no les aporta nuevos perceptos... ¿Qué quiere decir eso? Sientan que es muy nietzscheano... entonces un concepto, suponemos, es algo inteligible, es una inteligibilidad... digo: cualquier concepto debe estar referido a un afecto, y a cualquier concepto hay que preguntarle: ¿cuáles nuevos afectos me aporta? Pero eso no sería nada aún, ustedes verán, hace falta, simplemente él no lo dice, ustedes tienen un concepto, bueno, él no dice los nuevos afectos que aporta. Eso es de ustedes... los conceptos, son de diferente tipo, pueden ser científicos, pueden ser filosóficos. Bueno, no entro en la cuestión de cual es la diferencia... pero de todas maneras, aun cuando sean conceptos científicos... no sabemos en que eso cambia nuestros afectos, hasta tanto no comprendamos el sentido del concepto. Yo diría ¿qué es eso? Si retomamos la pregunta del sentido, ¿qué quiere decir el sentido, el sentido de una proposición? Para encontrar el sentido de una proposición, a mi modo de ver, es necesario de entrada volver a un concepto... o hay que designar el concepto del cual ella depende, y enseguida, hay que descubrir dos cosas: ¿a qué afectos está ligado ese concepto? y ¿qué es lo que ese concepto me hace percibir? Sub-entendiendo que yo no percibía antes de esa manera. En otras palabras, cualquier concepto es inseparable de un afecto y de un percepto... o de muchos. Quiero decir: lo que usted está en derecho de exigirle a la filosofía, si le interesa la filosofía, es que, cuando usted se propone, o lo que usted esta en derecho de exigirle a la ciencia, igualmente, es darle, inspirarle a usted nuevos afectos, pues de todas maneras lo hará, aún si usted no lo sabe, entonces mejor saberlo... y hacerlo percibir nuevas cosas, inspirarle nuevos afectos.

Frases para armar un botiquín: Conexiones



El problema colectivo consiste en recuperar, restaurar el máximo de conexiones, pues la disyunciones y las conexiones son la física de las relaciones, el cosmos.

Por una filosofía pop


La interesante columna de La cadencia del filósofo.

Por Luis Diego Fernández.


La filosofía de Gilles Deleuze al no ser representativa deviene cartográfica y fuertemente anti-jerárquica. En este sentido, es un antídoto contra el fascismo, los microfascismos cotidianos heredados en derechas e izquierdas. No permite ser pensada por viejas categorías políticas. Es una cosmovisión que se conecta con lo múltiple para permitir emerger una visión de vida afirmativa, donde los estilos libres nacen con alegría.
Para leer la nota completa: aquí
Del genial blog Amigo LDF LOUNGE

Leyendo el Nietzsche de Gilles: Desarrollo de la mala conciencia


Desarrollo de la mala conciencia: el sacerdote cristiano

Interiorización de la fuerza, después interiorización del propio dolor: el paso del primer al segundo momento de la mala conciencia no es más automático de lo que era el encadenamiento de los dos aspectos del resentimiento. Una vez más se requiere la intervención del sacerdote. Esta segunda encarnación del sacerdote es la encarnación cristiana. «En las manos del sacerdote, ese verdadero artista del sentimiento de culpa, es donde este sentimiento ha empezado a tomar forma». El sacerdote cristiano es quien hace salir a la mala conciencia de su estado bruto o animal, quien preside la interiorización del dolor. Él, sacerdote-médico, es quien cura el dolor infectando la herida. Él, sacerdote-artista, es quien lleva la mala conciencia a su forma superior: el dolor, consecuencia de un pecado. Pero, ¿cómo lo hace? «Si se quisiera resumir en una breve fórmula el valor de la existencia del sacerdote, habría que decir: el sacerdote es el hombre que cambia la dirección del resentimiento». Recuérdese que el hombre del resentimiento, esencialmente doloroso, busca una causa de su sufrimiento. Acusa, acusa a todo lo que es activo en la vida. Ya aquí, el sacerdote surge bajo una primera forma: preside la acusación, la organiza. Ves estos hombres que se llaman buenos, yo te digo: son malos. El poder del resentimiento es pues totalmente dirigido sobre el otro, contra los otros. Pero el resentimiento es una materia explosiva; hace que las fuerzas activas se conviertan en reactivas. En este caso el resentimiento debe adaptarse a estas nuevas condiciones; debe cambiar de dirección. Ahora el hombre reactivo tendrá que encontrar la causa de su sufrimiento en sí mismo. La mala conciencia le sugiere que debe buscar esta causa «en sí mismo, en una falta cometida tiempo atrás, que debe interpretar como un castigo». Y el sacerdote aparece por segunda vez para presidir este cambio de dirección: «Ciertamente, ovejita, alguien debe ser la causa de que tú sufras; pero tú mismo eres la causa de todo esto, tú mismo eres causa de ti mismo». El sacerdote inventa la noción de pecado: «El pecado sigue siendo el principal acontecimiento de la historia del alma enferma; representa para nosotros el juego de manos más nefasto de la interpretación religiosa». La palabra culpa remite a la falta que he cometido, a mi propia culpa, a mi culpabilidad. He aquí como se interioriza el dolor; consecuencia de un pecado, su único sentido es un sentido íntimo. La relación entre el cristianismo y el judaísmo debe ser valorada desde un doble punto de vista. Por una parte el cristianismo es la consecuencia del judaísmo. Prosigue y termina su empresa. Todo el poder del resentimiento va a parar al Dios de la pobre gente, de los enfermos y de los pecadores. En unas célebres páginas Nietzsche insiste en el carácter odioso de san Pablo, en la bajeza del Nuevo Testamento. Incluso la muerte de Cristo es un desvío que conduce a los valores judíos: por esta muerte se instaura una pseudo-oposición entre el amor y el odio, se convierte este amor en más seductor, como si fuera independiente del odio, opuesto al odio, víctima del odio. Se oculta la verdad que Poncio Pilatos supo descubrir: el cristianismo es la consecuencia del judaísmo, en él halla todas sus premisas, es únicamente la conclusión de dichas premisas. Pero también es cierto que, desde otro punto de vista, el cristianismo aporta una nota novedosa. No se contenta con acabar el resentimiento, lo cambia de dirección. Impone esta nueva invención, la mala conciencia. Y tampoco aquí hay que creer que la nueva dirección del resentimiento hacia la mala conciencia se oponga a la primera dirección. Una vez más, se trata sólo de una tentación, de una seducción suplementarias. El resentimiento decía: «Es culpa tuya», la mala conciencia dice: «Es culpa mía». Pero precisamente el resentimiento no se apacigua hasta que su contagio no se ha extendido lo suficiente. Su objetivo es convertir la vida en reactiva, hacer enfermar a los que gozan de buena salud. No le basta acusar, el acusado debe sentirse culpable. Y es en la mala conciencia donde el resentimiento presenta un ejemplo y alcanza el punto álgido de su poder contagioso: al cambiar de dirección. Es culpa mía, es culpa mía, hasta que el mundo entero repite desolado este refrán, hasta que todo lo que es activo en la vida desarrolla este mismo sentimiento de culpabilidad. Y no hay otras condiciones para el poder del sacerdote: por naturaleza, el sacerdote es el que se hace señor de los que sufren. En todo esto volvemos a hallar la ambición de Nietzsche: allí donde los dialécticos ven antítesis u oposiciones, demostrar que hay diferencias más sutiles que descubrir: ¡no la conciencia infeliz hegeliana, que es sólo un síntoma, sino la mala conciencia! La definición del primer aspecto de la mala conciencia era: multiplicación del dolor por interiorización de la fuerza. La definición del segundo aspecto es: interiorización del dolor por cambio de dirección del resentimiento. Hemos insistido sobre el modo en que la mala conciencia releva al resentimiento. No sólo cada una de estas variedades tiene dos momentos, topológico y tipológico, sino que el paso de un momento al otro hace intervenir al personaje del sacerdote. Y el sacerdote actúa siempre por ficción. Hemos analizado la ficción sobre la que reposa la inversión de las valores en el resentimiento. Pero queda por resolver un problema: ¿en qué ficción reposa la interiorización del dolor, el cambio de dirección del resentimiento a la mala conciencia? Este problema es tan complejo que, según Nietzsche, pone en juego el conjunto de fenómenos que se llama cultura.

Lectura anterior: El problema del dolor
Próxima lectura: La cultura considerada desde el punto de vista prehistórico

Chez Deleuze


Pequeño poemaudiovisual deleuziano
Un grupo de niños pasa por la calle. Una luz entra y sale del tercer piso del edificio donde vivió el filósofo Gilles Deleuze. Y el comienzo de una pieza de piano para niños de Robert Schumann. Ejercicio de composición: Plano secuencia y célula musical. Realizado entre octubre y noviembre del 2009 para Spinoza producciones.
Gonzalo Aloras

De la infancia y la falta




En Spinoza, la razón, la fuerza o la libertad no son separables de un devenir, de una formación, de una cultura. Nadie nace libre, nadie nace razonable . Y nadie puede hacer por nosotros la lenta experiencia de lo que conviene con nuestra naturaleza, el esfuerzo lento por descubrir nuestras dichas.
La infancia, dice a menudo Spinoza, es un estado de impotencia y esclavitud, un estado insensato en el que dependemos a un grado máximo de las causas exteriores, y en el que tenemos necesariamente más tristezas que dichas, jamás estaremos tan separados de nuestra potencia de actuar.
El primer hombre, Adán, es la infancia de la humanidad. Es por ello que Spinoza se opone con tanta fuerza a la tradición cristiana, después racionalista, que nos presenta antes de la falta un Adán razonable, libre y perfecto. Al contrario, debe imaginarse a Adán como un niño: triste, débil, esclavo, ignorante, entregado al azar de los encuentros.
«Debe reconocerse que no se hallaba en poder del primer hombre usar rectamente la razón, sino que estuvo, como nosotros lo estamos, sometidos a las pasiones».
Es decir: No es la falta la que explica la debilidad, es nuestra debilidad primera la que explica el mito de la falta.

La literatura y la salud


No se escribe con las propias neurosis. La neurosis, la psicosis no son fragmentos de vida, sino estados en los que se cae cuando el proceso está interrumpido, impedido, cerrado. La enfermedad no es proceso, sino detención del proceso, como en el «caso de Nietzsche». Igualmente, el escritor como tal no está enfermo, sino que más bien es médico, médico de sí mismo y del mundo. El mundo es el conjunto de síntomas con los que la enfermedad se confunde con el hombre. La literatura se presenta entonces como una iniciativa de salud: no forzosamente el escritor cuenta con una salud de hierro (se produciría en este caso la misma ambigüedad que con el atletismo), pero goza de una irresistible salud pequeñita producto de lo que ha visto y oído de las cosas demasiado grandes para él, demasiado fuertes para él, irrespirables, cuya sucesión le agota, y que le otorgan no obstante unos devenires que una salud de hierro y dominante haría imposibles. De lo que ha visto y oído, el escritor regresa con los ojos llorosos y los tímpanos perforados. ¿Qué salud bastaría para liberar la vida allá donde esté encarcelada por y en el hombre, por y en los organismos y los géneros? Pues la salud pequeñita de Spinoza, hasta donde llegara, dando fe hasta el final de una nueva visión a la cual se va abriendo al pasar.

Witold Gombrowicz, de Varsovia a San Telmo.


Witold Gombrowicz - De Varsovia a San Telmo
por elortiba

Juan Carlos Gómez, devenir Gombrowiczidas


Para aquellos que agenciamos en nuestra máxima potencia leyendo a Gombrowicz, es imprescindible acercarse a los textos de Juan Carlos Gómez.
Gracias Juan Carlos por tu increíble trabajo.

Enlace a la página de Juan Carlos Gómez:





TURCO EN LA NEBLINA
A pesar de mi ostensible intención de hacerme conocer en el mundo entero formando un club de gombrowiczidas, cuyos miembros están desparramados por toda la tierra, he notado últimamente que algunas personas están más desorientadas que turco en la neblina.Con el único propósito de reducir el campo del desconocimiento va a continuación mi curriculum vitae en todo lo que concierne a Gombrowicz, un recurso muy usado para conseguir trabajo.Juan Carlos Gómez, doctor en Ciencias de la Administración, nació en Buenos Aires en 1934. Se hizo amigo de Gombrowicz en 1956, a los veintiún años, jugando al ajedrez en el café Rex, cuando cursaba la carrera de Ciencias Físico-Matamáticas. Las cartas que Gombrowicz le escribió desde Europa cuando se fue de la Argentina fueron publicadas por Emecé en 1999. Fue protagonista principal, junto a otros tres discípulos, de la película de Alberto Fischerman, "Gombrowicz o la seducción", que se estrenó en 1986 y que fue premiada en el festival de Rotterdam ese mismo año.Es colaborador permanente de la revista literaria polaca "Twórczosc". En el 2004, el año del centenario de Gombrowicz, publicaron tres ensayos suyos: "Nueva guía de Gombrowicz", "No veremo en Bueno Saires" y "Milonga para Gombrowicz". En el año 2005, otro ensayo, "Las cartas", y es de próxima aparición en el año 2008, un conjunto de los "Gombrowiczidas" con los que los bombardeo a diestra y siniestra.En el año 2004 la editorial argentina "Interzona" publicó, "Gombrowicz, este hombre me causa problemas", y en el año 2006 la revista literaria argentina Prometheus publicó "Gombrowicz, y todo lo demás". Fue el curador de "El enigma de Gombrowicz", las jornadas sobre Gombrowicz del Centro Cultural Borges en el año 2004, y de "Gombrowicz, y los argentinos", las jornadas del MALBA en el año 2005.


EL CLUB DE GOMBROWICZIDAS
El origen del vocablo gombrowiczidas tiene sus bemoles, tantos que me vi obligado a recurrir a los griegos. Dos hermanos griegos de los tiempos mitológicos que se llevaban bastante mal tuvieron muchos hijos; Dánao cincuenta hijas y Egipto cincuenta hijos. Como ambos se tenían temor, Egipto, para hacer las paces, mandó al reino de Argos a sus cincuenta hijos para que se casaran con sus cincuenta primas, pero Dánao era un hombre vengativo, así que le dio instrucciones a sus hijas para que mataran a sus esposos con una daga la noche de bodas.Las danaides, después de muertas, fueron culpadas en el Averno por el asesinato de sus esposos y condenadas a llenar con agua un tonel que no tenía fondo, una condena que ha sido utilizada como símbolo del conflicto que se manifiesta entre la obligación de obedecer los deseos del padre y la prohibición de cometer conyugicidio.Tanto es así que Zeus había absuelto en vida a las danaides, y sólo condenado por desobediencia a la única hermana que no había matado a su esposo, pero en el Averno las cosas cambiaron, absolvieron a la desobediente y condenaron a las asesinas.Gombrowiczidas es un vocablo que tiene una forma parecida a la de conyugicidas, pero en cambio de señalar el asesinato de los cónyuges, designa el asesinato de Gombrowicz. Como saben, fui obligado a elegir este vocablo cuando la Vaca Sagrada me dijo que las personas a las que yo les hacía conocer las cartas que nos había escrito Gombrowicz eran hijos ilegítimos.Los gombrowiczidas vendrían a ser entonces los que asesinan a Gombrowicz, y son condenados por este magnicidio a leer las historias verdaderas que yo escribo arrojadas a un barril sin fondo, así como hacía Plutón en los infiernos obligando a las danaides a arrojar agua en un recipiente infinito.Es claro que Gombrowicz no es el padre de los gombrowiczidas, ¿pero quién es pues el padre? Siguiendo la lógica estricta de la historia de las danaides pareciera que el padre de los gombrowiczidas debiera ser yo. Pero si yo soy el padre de los gombrowiczidas entonces quiero matar a Gombrowicz, soy el padre de los asesinos, como Dánao lo era de las danaides, una actitud que merece la condena de llenar una biblioteca con historias escritas que no pueden ser leídas por su abundancia excesiva.Gombrowicz escribe en los diarios cosas extrañas, tanto sobre el productor, es decir, sobre el hombre de letras, como sobre el producto, es decir, los libros.Al bibliotecario de Royaumont le pregunta si el gobierno estaba tomando medidas para afrontar la llegada inminente del desbordamiento total, cuando las bibliotecas hagan estallar las ciudades, cuando haya que entregarle no sólo los edificios, sino barrios enteros, cuando los libros y las obras de arte acumulados inunden los campos y los bosques desbordándose de las ciudades llenas hasta reventar; no había que olvidar que, al mismo tiempo que la cantidad se convierte en calidad, la calidad también se transforma en cantidad.Esta preocupación que le manifiesta al bibliotecario de Royaumont, le venía de tiempo atrás, antes de empezar a escribir los diarios, era una verdadera preocupación de Gombrowicz.En un pasaje de "Transatlántico" se refiere a la amenaza de este desbordamiento total.Pinturas, esculturas, tapices, alfombras, cristales… se depreciaban rápidamente por su abundancia excesiva, y la biblioteca llena de libros y de manuscritos amontonados en el suelo, una montaña que llegaba hasta el techo sobre la que estaban sentados ocho lectores flaquísimos dedicados a leer todo. Obras preciosas escritas por los máximos genios, se mordían y devaluaban porque había demasiadas y nadie podía leerlas debido a su excesiva cantidad. Lo peor es que los libros se mordían como si fuesen perros hasta darse muerte.No es tan fácil saber a qué atenerse sobre los hombres de letras y los libros leyendo a Gombrowicz pues, al parecer, tal como presenta las cosas, daría la impresión de que tienen valor y de que no tienen valor al mismo tiempo; con el tiempo trataremos de poner esta paradoja en términos más compresibles, aunque el asesinato de los autores y de las obras estará siempre rodándonos las cabezas en este club de gombrowiczidas desparramados por todo el mundo.

enlace: Witold Gombrowicz

Del acontecimiento







La importancia de los Estoicos, reside en que han sabido marcar una línea de demarcación que no pasa por lo sensible y lo inteligible, por el alma y el cuerpo sino por donde a nadie se le había ocurrido: entre la profundidad física y la superficie metafísica. Entre las cosas y los acontecimientos. Una nueva forma de destituir el ES. El acontecimiento siempre es producido por cuerpos que chocan entre sí, se cortan o se penetran, la carne y la espada: el efecto no es del orden de los cuerpos: batalla imposible, incorporal, impenetrable que vigila su cumplimiento y domina su efectuación. Uno siempre se ha preguntado, ¿dónde está la batalla?, ¿dónde el acontecimiento? Todo acontecimiento es una llovizna. Si los infinitivos “morir”, “amar”, “moverse”, “sonreír”, etc., son acontecimiento, es porque hay algo de ellos que su cumplimiento no logra realizar, un devenir que no cesa de alcanzarnos a la vez y precedernos, como una tercera persona del infinitivo, una cuarta persona del singular. El amor está en el fondo de los cuerpos pero también está sobre esa superficie incorporal que lo hace surgir.

Frases para armar un botiquín: Oírse


“ Y por debajo de la información, habría algo así como el silencio, o el tartamudeo, o el grito, algo que fluye bajo las redundancias y las informaciones, que hace fluir el lenguaje,
y que, de algún modo, puede llegar a oírse.”

Del Cuerpo sin órganos




Poco a poco nos vamos dando cuenta de que el Cs0 no es en modo alguno lo contrario de los órganos. Sus enemigos no son los órganos. El enemigo es el organismo. El Cs0 no se opone a los órganos, sino a esa organización de los órganos que llamamos organismo. Es cierto que Artaud libra una batalla contra los órganos, pero al mismo tiempo está contra el organismo, su enemigo es el organismo: El cuerpo es el cuerpo. Está solo. Y no tiene necesidad de órganos. El cuerpo nunca es un organismo. Los organismos son los enemigos del cuerpo. El Cs0 no se opone a los órganos, sino que, con sus "órganos verdaderos" que deben ser compuestos y situados, se opone al organismo, a la organización orgánica de los órganos. El juicio de Dios, el sistema del juicio de Dios, el sistema teológico es precisamente la operación de Aquél que hace un organismo, una organización de órganos que llamamos organismo, porque no puede soportar el CsO, porque lo persigue, porque lo destripa para adelantarse y hacer que prevalezca el organismo. El organismo ya es eso: el juicio de Dios del que se aprovechan los médicos y del que obtienen su poder. El organismo no es en modo alguno el cuerpo, el CsO, sino un estrato en el CsO, es decir, un fenómeno de acumulación, de coagulación, de sedimentación que le impone formas, funciones, uniones, organizaciones dominantes y jerarquizadas, transcendencias organizadas para extraer de él un trabajo útil. Los estratos son ataduras, pinzas. "Atadme si queréis". Constantemente estamos estratificados. Pero, ¿quién es ese nosotros que no es yo, puesto que tanto el sujeto como el organismo pertenecen a un estrato, y dependen de él? Nosotros respondemos ahora: es el CsO, él es la realidad glaciar en la que se van a formar esos aluviones, sedimentaciones, coagulaciones, plegamientos y proyecciones que componen un organismo -y una significación y un sujeto-. Sobre él pesa y se ejerce el juicio de Dios, él es el que lo sufre. En él los órganos entran en esas relaciones de composición que llamamos organismo. El Cs0 grita: ¡me han hecho un organismo! ¡me han plegado indebidamente! ¡me han robado mi cuerpo! El juicio de Dios lo arranca de su inmanencia y le hace un organismo, una significación, un sujeto. Él es el estratificado. Como consecuencia, oscila entre dos polos: las superficies de estratificación, sobre las que se pliega, y se somete al juicio, el plan de consistencia, en el que se despliega y se abre a la experimentación. Y si el Cs0 es un límite, si nunca se acaba de acceder a él, es porque detrás de un estrato siempre hay otro estrato, un estrato encajado en otro estrato. Pues se necesitan muchos estratos, y no sólo organismo, para hacer el juicio de Dios. Combate perpetuo y violento entre el plan de consistencia, que libera el CsO, atraviesa y deshace todos los estratos, y las superficies de estratificación que lo bloquean o lo repliegan.

Dialógica.com.ar: Entrevista con el filósofo brasileño Luiz BL Orlandi


Entrevista con el filósofo brasileño Luiz BL Orlandi sobre la filosofía deleuzeana*.

Por Fernanda Bellei.

Traducción del portugués: Damian Kraus


Deleuze afirma que "no hay obra que no deje una salida a la vida, que no señale un camino entre los adoquines"1.

¿Cómo podemos interpretar esta afirmación?
¿No implicaría una actitud de corrección de la vida?

Deleuze dice eso no recurriendo pura y exclusivamente a la relación entre las obras y ciertos engranajes de la vida empírica; pero sucede que las obras tienen un poder de crear en la propia vida empírica los entretiempos que la elevan a dimensiones siquiera soñadas.


¿De qué manera distingue Deleuze voluntad de poder y voluntad de potencia?


Esa distinción es muy importante, pues la voluntad de potencia implica una forma superior de entrega a la obra que se está haciendo, e indaga al respecto de aquello que efectivamente quiere en nosotros; en otras palabras: cuando digo que quiero una cosa, o digo “tengo esto”, eso es todavía un proyecto de la conciencia, al paso que la voluntad de potencia se refiere a algo que en mí quiere, y de este algo no tengo plena conciencia. Es algo que remite a fuerzas que no controlo. Ahora bien, la voluntad de poder está en el nivel de una conciencia que pone su voluntad psicológica subjetiva por encima de otras cosas, o si no, tiene conciencia de una cierta correlación de fuerzas y quiere imponerse en esa correlación de fuerzas sin una intención, sin algo intenso en ella que lleve a constituir un estado superior a mi voluntad psicológica.


¿Qué hay en el pensamiento de Deleuze que atrae tantas atenciones en el mundo contemporáneo?


Existen dos niveles que deben considerarse. Están aquéllos que transforman el pensamiento filosófico en ‘megaopiniones’, en juegos variados de intereses incluso mezquinos, individualistas y narcisistas, y están aquéllos que hacen de la obra de un filósofo, en este caso, la de Deleuze, un arduo trabajo de atención conceptual. Y, por otra parte, existe algo importante que es el contacto de la no filosofía con el pensamiento filosófico, que es un contacto extraño y sumamente importante. Al igual que nosotros mismos encontramos en la música, por ejemplo, una atracción intensa y no somos músicos, este tipo de atracción es importante para la vida de cada uno, así como muchos sienten la atracción por un pensamiento nuevo. Aunque no haya en mí, por ejemplo, un dominio de la música, soy sin embargo tomado por ella y esto produce en mi vida entretiempos importantes, y así también existe todo un interés por Deleuze que no es un fingimiento intelectual, sino efectivamente vital, ya que se encuentra allí un pensamiento auténticamente volcado a una dramaturgia conceptual que no es extraña a las dramaturgias vividas.


¿Cómo piensa el mundo Deleuze partiendo de la lógica del cambio, del devenir?


Es difícil encontrar una visión del mundo en Deleuze. El mundo es para él un cruzamiento, es un huevo. Ahora bien, en el mundo existen estructuras duras, hay sistemas fuertes, un capital financiero dominante... Pero existen pulsaciones, existe una variabilidad permanente. Es esa complejidad la que impide que uno le imponga a ésta misma una visión de mundo ya sea o catastrófica o conservadora, sea cual fuere. Para Deleuze el mundo es una indagación permanente que ha de llevarse a cabo a cada encuentro. Pese a todo, hay que tener fe para que eso sea posible. Esa creencia deleuzeana es uno de los puntos más difíciles de develar, pues no es una creencia que hace las veces de caudatario de las creencias religiosas, es una creencia que nos lleva a preguntarnos por las propias razones e incluso que sea posible creer en el mundo, teniendo siempre la misma conciencia que él tenía cuando desarrolló los análisis referentes a la obra de Akira Kurosawa: el mundo es una problemática de la que vale la pena encargarse.


¿Cómo une Deleuze los afectos y la razón en su filosofía?


Llevemos el vocablo razón hacia la idea de pensar. Pues bien, los afectos nos obligan a pensar. Ése es el gran aporte de Deleuze a la filosofía: el sujeto no es tenido como origen voluntario del acto de pensar. Pensar es algo que se le impone al pensador, y éste es un pensador paciente de aquello que lo fuerza a crear. Por eso existe la idea de un recomienzo permanente en busca de la innovación y de que uno debe retomar este acto creativo, pero siempre sabiendo, siempre teniéndose la experiencia de que es como si fuera el chicotazo inicial de una problemática que te toma.


Durante la conferencia, usted dijo: “no podemos dejar que la palabra creación sea un monopolio de Dios”. ¿Cuál era el pensamiento deleuzeano sobre el teísmo?


Deleuze captura, prolonga y ‘vivifica’ una filosofía de la inmanencia absoluta, entonces no hay por qué recurrir a un Dios trascendente en él. La palabra creación se ubica en este juego difícil porque se la conectó a una iniciativa de vida. Ahora bien, esa potencialidad creativa ya existe, y por eso nos compete a nosotros hacer el esfuerzo de recomenzar lo nuevo, a sabiendas de que eso nuevo no es un monopolio del sujeto.



¿Cuál es la singularidad de la ética en Deleuze?


Eso es importante. Retrocedamos un poco y pensemos que la ética es, en última instancia, al menos desde el punto de vista de una de las dimensiones constitutivas del individuo, un cuidado permanente con su esencia singular. Necesito hacer un esfuerzo permanente para que los encuentros eleven mi potencia de vivir a punto tal que yo pueda transformar las pasiones, pues vivo en el mundo de las pasiones, de los encuentros casuales, y al menos crear las condiciones para que viva pasiones alegres, porque éstas me dan una señal de que mi singularidad, mi esencia singular o, por decirlo alguna manera, que mi grado de potencia se engrane con el aumento de mi poder de ser afectado. Cuanto más alegres sean estos encuentros, más tendré oportunidad de activar una pasión hacia una actividad. Así recupero aquello que es importante, que es la potencia de actuar y no solamente de ser paciente. Esta potencia de actuar se propaga como potencia de pensar, como potencia de sentir y de engranarme con virtualizaciones que me lleven a componer en esos encuentros un tercer individuo que sea más potente que yo mismo.


1 (Nota del traductor) DELEUZE, G. Pourparlers (1972-1990), París: Minuit 1990; Conversaciones (1972-1990), traducción al castellano de José Luis Pardo, Valencia: Pre-Textos, 1995, p. 202.

* Realizada luego de la clausura del Café Filosófico - Ética em Deleuze. Campinas: CPFL Cultura, 29 de agosto de 2008, conclusión del módulo Deleuze: uma filosofia aberta aos encontros.

Repetición e inconciente


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El ojo piensa




Se ha podido decir de Mondrian que era un pintor del espesor; y a Seurat, cuando define la pintura como «el arte de ahuecar una superficie», le basta con basarse en las rugosidades de la hoja de papel Canson. Se trata de una pintura que ya no tiene fondo, porque «lo que hay debajo» emerge: la superficie es ahuecable o el plano de composición adquiere espesor en la medida en que los materiales suben, independientemente de una profundidad o perspectiva, independientemente de las sombras y hasta del orden cromático del color (el coloreador arbitrario). Ya no se recubre, se hace subir, acumular, apilar, atravesar, levantar, doblar. Es una promoción del suelo, y la escultura puede volverse plana, puesto que el plano se estratifica. Ya no se pinta «encima», sino «debajo». El arte informal, con Dubuffet, ha llevado muy lejos estas nuevas potencias de textura, esta elevación del suelo; y también el expresionismo abstracto, el arte minimalista, procediendo por empapamientos, fibras, hojaldres, o empleando tarlatana o tul, de tal modo que el pintor pueda pintar por detrás de su cuadro, en un estado de ceguera. Con Hantai, los plegados ocultan a la visión del pintor lo que muestran a los ojos del espectador una vez desplegados. De todos modos y en todos sus estados, la pintura es pensamiento: la visión es mediante el pensamiento, y el ojo piensa, más aún de lo que escucha.

Baruch by Friedrich


Estoy asombrado, realmente maravillado. Tengo un predecesor ¡y que uno!

Casi no conocía nada de Spinoza: el que yo lo buscara precisamente ahora fue un acto del instinto. No sólo que su tendencia general es igual a la mía, de convertir el conocimiento en el más poderoso de los impulsos. Me identifico con cinco puntos principales de su doctrina: éste, el más inaudito y más solitario de los pensadores es el más cercano a mí precisamente en esas cosas: niega el libre albedrío, las finalidades, el orden cósmico-ético, lo no egoísta, lo malo.

Mi soledad es ahora al menos una soledad a dúo.
Nietzsche
Carta a Franz Oberveck, del 30 de julio de 1881.

El filósofo, médico de la civilización.


Un devenir-democrático que no se confunde con lo que son los Estados de derecho, o incluso un devenir-griego que no se confunde con lo que fueron los griegos. Diagnosticar los devenires en cada presente que pasa es lo que Nietzsche asignaba al filósofo en tanto que médico, «médico de la civilización» o inventor de nuevos modos de existencia inmanente. La filosofía eterna, pero también la historia de la filosofía, abre paso a un devenir-filosófico. Qué devenires nos atraviesan hoy, que se sumen de nuevo en la historia pero que no proceden de ella, o más bien que sólo proceden para salirse de ella? Lo Internal, lo Intempestivo, lo Actual, he aquí tres ejemplos de conceptos en filosofía; conceptos ejemplares… Y si hay uno que llama Actual a lo que otro llamaba Inactual, sólo es en función de una cifra del concepto, en función de sus proximidades y componentes cuyos leves desplazamientos pueden acarrear, como decía Péguy, la modificación de un problema (lo Temporalmente-eterno en Péguy, la Eternidad del devenir según Nietzsche, el Afuera-interior con Foucault).

Red Filosófica del Uruguay

Un espacio de reflexión filosófico uruguayo y latinoamericano
PRESENTACIÓN
Esta red tiene el objetivo de integrar a los intelectuales uruguayos que estén dispuestos a confluir en la proyección histórica y universal de la reflexión filosófica del pais, sin dejar de lado el relacionamiento con la gran nación latinoamericana . El pensador, el filósofo aislado, no alcanza la trascendencia necesaria como para que su pensamiento tenga relevancia nacional y universal. Por eso existe la necesidad de que, desde lo inorgánico de esfuerzos desperdigados la intelectualidad uruguaya alcance el caracter de una auténtica comunidad de pensamiento.

BLOG DE ARCHIVO http://filosofiaenuruguay.blogspot.com/

AUTORES DE LA RED(Lista de los integrantes que tienen publicaciones en la Red)

URUGUAYJuan Royes, Raúl Alvárez (Rulfo), María Noel Lapoujade, Andrea Marta Díaz Genis, Leandro Vieira, Roberto Genta Dorado, Luis Eduardo Coli Martínez, Enrique Francklin Echegoyen, Gerardo Bleier, Nelson Pilosof, Dardo Gustavo Bardier Coitinho, Rafael Capurro, Andrés Núñez Leites, Mateo Dieste, Luis Mazas, Laura I. Obrer, Ricardo Viscardi, Sirio López Velasco, Guillermo Uría, Mauricio Langón Cuñarro, Haroldo Stenger, Agustín Courtoisie, Pablo Romero García, Horacio Bernardo, Fernando Gutierrez Almeira, José Luis Gulpio, Laura Alonso, Carina Infantozzi, Nancy Chenlo, Claudia Gabriela Vázquez Reinaldo, Artigas Daniel Ruiz Piriz, Elaine Castro, Paola Natasha Tissera De León, Marcelo Falcón Vignoli, Gerardo Andrés Delmonte La Cruz, Rafael Gibelli, Bernardo Borkenstain, Liber Ubal.OTRAS NACIONESNorma Lía López Lopera (Colombia), Jaime Rodrigo Villanueva Donoso (Chile), Orlando A. Morales Carillo (Costa Rica), Wilbert Tapia (España), Omar Darío Heffes (Argentina), Alberto Esquivel (Nicaragua), Adriana González (Costa Rica), José Luis Ramírez (España), Félix Gómez Román (Chile), Vilma Soto Bermúdez (7mares) (Venezuela), Sebastián Aguilera Quiroz (Chile), Alfonso Játiva Gómez (Panamá), Laura Blejer (Argentina), Carlos Freytag (Argentina), Juan Leonardo Cardona del Río (Chile), Juan Diego Castrillón Cordovéz (Colombia), Sergio Prince Cruzat (Chile), Fernando Reberendo (Argentina), Jorge Aguirre Sala (México), Pedro Subirats Camaraza (Puerto Rico), Walter Omar Kohan (Brasil), Jethro Masís (de Costa Rica), Alicia Barco (de Perú), José Héctor Contreras (Argentina), Horacio Potel (Argentina), Analía Lardone (Argentina), Alicia Poderti (Argentina), Rita Gardellini (Argentina), David Rodriguez Rodriguez (Cuba), Edgar Salazar Cano (Perú), Arturo Ruiz (Chile), Cándido Maimot Laffita (Cuba), Víctor Montero Cam (Perú).

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DELEUZE, Gilles, La isla desierta y otros textos (1953-1974) pre-textos 2005
DELEUZE, Gilles, Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995) pre-textos 2007